Seguramente Nicolás pensó que la muerte era una salida, se
sentó un rato en la cama, pensó en aquello que no tenía solución y lentamente
agarró la sábana que sería su último contacto.
Siempre analizar causas en éstos casos resulta inútil, superficial
porque no podremos revertir el desenlace, fatal como obliga la crónica.
¿Será la falopa?, ¿Algún amor?, ¿Qué vida habrá sobrellevado
Nicolás para considerar más liviana la salida que eligió? Miles de pibes y
pibas andan por la calle con similares cavilaciones en sus cabezas, algunos
delinquen, otros se cuelgan, otros ambas cosas, otros se matan y muchos
sobreviven. Y cuando empezamos a verlo así, buscando similitudes de pibes que
andan porque sí, o sin saber porque, o aún sabiéndolo sin esperanzas de
mejorar. Cuando lo vemos así seguro que tendríamos que empezar a pensar en
la sociedad que estamos construyendo, sin caer en golpes bajos o en
conclusiones simples, pero sin lugar a dudas estamos muy mal para lamentar la muerte
de un pibe de 16 años y no mirar al costado donde otros miles apenas
sobreviven.
La dramática decisión de Nicolás, (si es que fue así, y no
se trata de un asesinato) tiene que hacernos reflexionar sobre la situación de
estos pibes desamparados de todo, hasta de futuro, y en muchos casos hasta de
ideales.
Como bien dice la legisladora Montero, “Mientras el Complejo Esperanza siga siendo un depósito de jóvenes que
preferimos olvidar, en lugar de un espacio socio educativo del que estemos
orgullosos de sostener como política de Estado, seguiremos asistiendo a muertes
que nos notifican del fracaso".
Fracaso, fracaso de presente, fracaso de pasado, fracaso de
futuro (si no se toman decisiones políticas acertadas). Estos chicos necesitan
mucho más que el fracaso que le proponen funcionarios que no los tienen en
cuenta. Educación que los escuche, que atienda sus intereses, sus esperanzas y
ayude a sobre llevar sus frustraciones, organización para llevar adelante sus
reclamos, y un camino de esperanza que se materialice en elementos concretos
que materialice sus expectativas, sino seguiremos con una sociedad divida y la policía
parando en las esquinas a pibes estereotipados de chorros por no tener futuro. ¿Es
su responsabilidad o del conjunto de los mortales que andamos por éstas calles?