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19 noviembre 2007

Chiquita: Banana Venenosa bis

Hace un tiempo pusimos en este blog un post sobre la empresa multinacional Chiquita Brands, dedicada a la producción de bananas, con plantaciones en Colombia y casa central en los Estados Unidos.

Chiquita ha sido repetidamente sancionada judicialmente por haber bancado a tropas paramilitares colombianas y ahora ha sido demandada por 114 familiares de personas asesinadas por las Autodefensas Unidas de Colombia (A.U.C.).

La multinacional ha expuesto en su defensa que fue extorsionada por esta banda y que debió pagar abultadas sumas de dinero a fin de garantizar la continuidad de sus operaciones y la seguridad de sus trabajadores. La larga justificación institucional pueden leerla aquí. A partir de una interesante campaña publicitaria y de cierta desinformación, muchas personas honestas han tomado esta versión como la real, sobre todo cuando sabemos lo complicada de la situación política y social colombiana.

Pero también, en nombre de la verdad y la justicia, es necesario dejar asentados ciertos datos que muchos dejan de lado y que en realidad nos pueden ayudar a evaluar mejor las diferentes versiones.

En primer término recordemos que Chiquita Brands Inc. (también conocida como Banadex S.A.) es la continuidad de aquella vieja empresa llamada United Fruit, archiconocida por financiar diversos golpes de estado en varios países de la región. Basta nombrar dos hechos emblemáticos que identificaron su perversidad con el solo fin de garantizar importantes ganancias a sus accionistas:
- En 1928, por orden de United Fruit, el ejército colombiano fusiló en la plaza de Ciénaga Magdalena a más de 3000 trabajadores de la empresa, que reclamaban mejores condiciones de trabajo.
- En 1954, la bananera apoyó materialmente el golpe contra Jacobo Arbenz, el presidente guatelmalteco que se había atrevido a confiscar tierras improductivas de la United. Sus aviones e instalaciones fueron utilizadas por la CIA durante la organización del derrocamiento y luego en la represión a civiles.

Como si esto fuera poco la "renovada" Chiquita Brands, fue multada en octubre de 2001 en su país de origen al comprobarse la entrega de sobornos a funcionarios aduaneros colombianos para "facilitar" la circulación de sus embarques. Pero para que quede claro que sus aportes no se reducían a lo monetario, se ha comprobado que la empresa transportó 3000 fusiles AK 47 y 5.000.000 de proyectiles para los paramilitares.

Con estos datos en la mano se hace muy difícil creer en el argumento de la extorsión y se vuelve claro que lo que hay aquí es una práctica empresaria de larga data. Debe ser por eso que la justicia norteamericana ha sancionado a Chiquita -luego que esta firma se declarara culpable de financiar a las A.U.C.- con una multa de 25 millones de dólares.

El Departamento de Justicia Norteamericano dio a conocer el fallo en marzo de 2007 y de allí sacamos estos párrafos:

"Como cualquier empresa delictiva, una organización terrorista requiere una corriente de financiación para mantener sus operaciones. Durante varios años, el grupo terrorista de las AUC encontró una en los pagos que exigieron a Chiquita Brands International. Gracias a la cooperación de Chiquita y este enjuiciamiento, la corriente de financiación se ha secado y las empresas han sido avisadas de que no pueden realizar pagos a terroristas para protección", dijo el Secretario de Justicia Auxiliar Wainstein.

"La financiación de una organización terrorista no puede tratarse como un costo comercial", dijo el Fiscal Federal Taylor. "Las empresas estadounidenses deben observar que los pagos a terroristas pertenecen a una categoría totalmente distinta. Son delitos. Como los ajustes que las empresas estadounidenses hicieron con respecto a la aprobación de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero hace décadas, como buenos ciudadanos empresariales, encontrarán maneras de cumplir con las exigencias de la ley, sin dejar de ser competitivas".

Para quienes piensen que esto de la bananera es un hecho anecdótico y alejado de nuestra realidad baste con recordar el caso Skanska. Allí queda claro que las multinacionales -sean del origen que sean- suelen aprovechar todas las "ventajas comparativas" que encuentran a su paso y en ese marco la corrupción (o el conflicto armado en el caso colombiano) se toma como una eventualidad a la cual se le puede sacar el jugo.

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