La semana pasada murió en Bahía Blanca, Diana Julio de Massot, quien fuera durante décadas directora del diario bonaerense La Nueva Provincia. A partir del momento de su deceso una larga lista de obituarios, de distintos medios, pusieron esmero para hacer un raconto de la vida de la señora.
Algunos, como La Nación, fueron extremadamente benévolos con ella y en breves panegíricos de dos o tres párrafos solo le dedicaron una oración sintética para pintarla de cuerpo entero "De fuerte personalidad, Diana Julio tuvo una trayectoria importante en la vida nacional." Y esta caracterización fue repetida en tantas otras notas, que uno se pregunta qué quiseron decir con esto.
La respuesta probable es que cuando los redactores le mentan la "fuerte personalidad" desean hacer una referencia elíptica a su participación en los comandos civiles que actuaron fanáticamente en el golpe de la Revolución Fusiladora del año 55; o tal vez a aquel hecho tantas veces recordado en Bahía, cuando el 24 de marzo del 76 desfiló -junto a su hijo Vicente- alrededor de las rotativas de su diario, portando una bandera argentina y gritándole a sus empleados "¡A ver si se animan ahora hacer un paro!". Por aquellos años Diana sabía que tenía las espaldas cubiertas y que su relación aceitada con los genocidas era lo suficientemente buena como para a los pocos días del golpe 2 de sus empleados -Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola, cuyas fotos ilustran este post- delegados sindicales de Gráficos, fuesen secuestrados, torturados y finalmente desaparecidos.
Quizás por este firme alineamiento con la derecha, la trayectoria de la viuda de Massot tuvo sus momentos de gloria como cuando salvó a su empresa que estaba a punto de pedir la quiebra, transformándose en vocera de la Marina y del Almirante Massera, lo cual le permitió no solo hacerse de fondos frescos sino también comenzar a construir el embrión de un multimedio que crecería -cuando no- en los 90 y que contaría con diario, radios y TV por cable.
Sus ideas y su consecuencia con ellas la hizo acreedora de numerosos premios aquí y en exterior. Galardones de esos en los que claramente se ve asomar la mano del Departamento de Estado yanqui o la Iglesia católica y que normalmente sirven para festejar los logros de la prensa cipaya. Fueron este prestigio o su prontuario (elija el lector su opción), las cucardas que le sirvieron para participar activamente en la fundación de entidades muy importantes a la hora de fiscalizar el desarrollo del negocio mediático: ARPA (Asociación de Radiodiforas Privadas Argentinas), ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) y -por supuesto- la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa).
Pero quizás todos estos detalles sobre los que cada uno puede sacar sus propias conclusiones, nos puedan servir para otra cosa; porque es innegable que la vida y obra de Diana Julio de Massot no solo es la metáfora perfecta de una clase social, sino también el mejor ejemplo de cómo se construyeron ciertos monopolios mediáticos en nuestro país bajo el amparo de las leyes de la dictadura y de toda la impunidad subsecuente, que al decir de Yabrán, es el ingrediente principal del poder.



3 Comentan sin ponerse colorados:
Así es, amigos.
En su lápida dirá:
"Acá yace Diana Julio de Massot, algo más podrida que en vida"
Les dediqué un post, un tiempo atrás
http://laverguenzademifamilia.blogspot.com/2009/02/dime-con-quien-andas-biolcati.html
Gracias Luz, es muy interesante tu post
La Onu sobre la ley de medios "Chavista"
http://www.youtube.com/watch?v=6IL86z_Q-W8
Publicar un comentario en la entrada