La negociación, los negocios y la negocieta


La negociación en política siempre ocupa un lugar central. A veces ese lugar es bastante iluminado y otras veces es oscuro como la boca de algunos de sus participantes. Pero más allá de estas disquisiciones, que a veces caen en un cierto infantilismo irreal al negar toda forma de discusión y búsqueda de convergencia entre lo que unos quieren y lo que otros están dispuestos a flexiblizar o entregar; lo innegable es que el ámbito democrático más natural para llevar adelante esta tarea es el parlamento.

Lo que es triste es ver que muchas veces la negociación política es trocada por un simple negocio económico donde participan lobbys, financistas y prestanombres en pie de igualdad con quienes fueron votados por el pueblo. La década infame ostenta un interesante muestrario de este tipo de venalidades y sin dudas durante los 90 pudimos ver como el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales y los concejos deliberantes se constituían o en escribanías del poder o en el origen de cuantiosas fortunas.

Es evidente que esas prácticas dejaron sus marcas entre nosotros y por eso hay quienes ya han naturalizado ciertos gestos que bajo ningún concepto encajan en el marco de un desarrollo deseable de la labor parlamentaria. Algo de eso vimos anoche, cuando Oscar Aguad ofreció en un programa televisivo (Desde el Llano - TN) acompañar con los votos del radicalismo al proyecto de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, a cambio de no tocar al Grupo Clarín por 10 años.

Ese solo gesto, tan burdo y tan funcional con el falso maniqueismo que quiere imponer el multimedio, diluye cualquier ejercicio de oposición que la UCR pueda ensayar, por que con él queda claro cuál es el trasfondo de la cuestión; pero además -y lo que es peor- expone con sinceridad brutal que la lógica de la banelco y del servilismo hacia los poderosos continúa tan viva como antes del 2001.

Aguad suele regalarnos definiciones como estas no solo porque está convencido de ellas sino porque pertenece a esos radicales que no temen dejar traslucir su matriz de derecha (aunque no le gusta que se lo echen en cara). El no entra en el juego zonzo de De la Rúa y Cleto de hacerse el serio solamente para tapar su falta de ideas. Aguad se rie, te relaja, bromea, putea cuando es necesario y te clava los tapones de punta sin niguna vergüenza y por cadena nacional; porque sabe que lo suyo es representar al voto gorila, al intolerante, al facho y... al poder concentrado.

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