Nuestros nombres nos identifican, tanto, que muchas veces no solo dicen ante los demás quienes somos sino que nuestro nombre en boca de los otros nos indica también quienes somos a los ojos de los demás.
Los esclavos que llegaban a las colonias al ser atrapados habían sido despojados de su libertad; pero además al ser vendidos, eran re-nombrados en un triple bautizo: social, religioso y cultural. Cambiaban sus apelativos africanos por otros que no solo buscaban facilitar la pronunciación sino que muchas veces referían al amo y -fundamentalmente- les indicaban un re-nacimiento forzado lejos de sus raíces, sus creencias, sus ritos y su pasado sin cadenas.
Evidentemente nombrar es muy poderoso, tanto que merece un mandamiento religioso "No usarás el nombre de dios en vano" y una recomendación para la práxis periodística "Siempre -o en la medida de lo posible- explicitarás tus fuentes".
Con estas cosas en mente no puedo dejar de pensar en la perversión de algunos publicistas que usan el nombre de trabajadores de Radio Mitre - Córdoba, para darle forma a su spot contra la nueva Ley de Medios Audiovisuales, en especial cuando entre todos los que se citan hay más de uno que está de acuerdo con la nueva legislación, trabajó por ella y aportó al debate por los 21 puntos de la Coalición. Córdoba todavía no es tan grande y sabemos que es así.
El recurso de utilizar a figuras queridas por la audiencia y amenazar con que "nos las volverás a escuchar" fue un tiro por la culata en Buenos Aires en el caso de Adolfo Castelo cuando su familia se quejó ante semejante manoseo; pero ¿quién dirá algo de aquellos que -como los esclavos de antaño- ven que su nombre propio es reformulado por el patrón y su apellido ya no es de ellos, ni su carrera, ni su ética sino que se han transformado en el estandarte para defender un negocio multimillonario y bastante ajeno a sus ajustados salarios?
No abro juicios sobre los empleados de Mitre que están en ese brete porque, como dicen por ahí "la necesidad tiene cara de hereje"; pero tampoco les tengo demasiada pena porque ellos han elegido libremente su lugar en el mundo y seguramente se molestarían que alguien se condoliese de su destino. Lo que si no puedo dejar de masticar con bronca, es la impotencia de ver a gente muy querida y con quienes compartimos gran parte de este camino por la nueva ley, atrapados entre sus convicciones y la opresiva falta de libertad que sus jefes les imponen.
Los esclavos que llegaban a las colonias al ser atrapados habían sido despojados de su libertad; pero además al ser vendidos, eran re-nombrados en un triple bautizo: social, religioso y cultural. Cambiaban sus apelativos africanos por otros que no solo buscaban facilitar la pronunciación sino que muchas veces referían al amo y -fundamentalmente- les indicaban un re-nacimiento forzado lejos de sus raíces, sus creencias, sus ritos y su pasado sin cadenas.
Evidentemente nombrar es muy poderoso, tanto que merece un mandamiento religioso "No usarás el nombre de dios en vano" y una recomendación para la práxis periodística "Siempre -o en la medida de lo posible- explicitarás tus fuentes".
Con estas cosas en mente no puedo dejar de pensar en la perversión de algunos publicistas que usan el nombre de trabajadores de Radio Mitre - Córdoba, para darle forma a su spot contra la nueva Ley de Medios Audiovisuales, en especial cuando entre todos los que se citan hay más de uno que está de acuerdo con la nueva legislación, trabajó por ella y aportó al debate por los 21 puntos de la Coalición. Córdoba todavía no es tan grande y sabemos que es así.
El recurso de utilizar a figuras queridas por la audiencia y amenazar con que "nos las volverás a escuchar" fue un tiro por la culata en Buenos Aires en el caso de Adolfo Castelo cuando su familia se quejó ante semejante manoseo; pero ¿quién dirá algo de aquellos que -como los esclavos de antaño- ven que su nombre propio es reformulado por el patrón y su apellido ya no es de ellos, ni su carrera, ni su ética sino que se han transformado en el estandarte para defender un negocio multimillonario y bastante ajeno a sus ajustados salarios?
No abro juicios sobre los empleados de Mitre que están en ese brete porque, como dicen por ahí "la necesidad tiene cara de hereje"; pero tampoco les tengo demasiada pena porque ellos han elegido libremente su lugar en el mundo y seguramente se molestarían que alguien se condoliese de su destino. Lo que si no puedo dejar de masticar con bronca, es la impotencia de ver a gente muy querida y con quienes compartimos gran parte de este camino por la nueva ley, atrapados entre sus convicciones y la opresiva falta de libertad que sus jefes les imponen.




0 Comentan sin ponerse colorados:
Publicar un comentario en la entrada