Cómo es el decir y el hacer en Obamaland


Unos dirán que se trata de una prueba de que los demócratas son peores que los republicanos a la hora de relacionarse con Latinoamérica; otros argumentarán sobre las políticas permanentes de los EE.UU. para la región y sobre las cuales Obama nada puede hacer porque estuvieron antes de su presidencia y seguramente estarán después. Pero más allá de estas posturas lo cierto es que las bases norteamericanas se han comenzado a desparramar como hongos en nuestro continente.

Primero fue Colombia, donde se trasladará parte del aparato desmantelado en Manta (Ecuador) y se multiplicará la capacidad instalada anterior en cuarteles, aeropuertos y muelles de las propias fuerzas armadas colombianas. Luego se sumó Perú, donde Alan García, en un despliegue cipayo asombroso, ofreció a su país para que los Marines tengan también un lugarcito donde desplegar su juguetes de muerte. Y ahora le toca a Panamá donde el gobierno derechista de Ricardo Martinelli se apresta a firmar hacia fin de mes el retorno de tropas yanquis a su país y su reinstalación como en los mejores tiempos del despliegue neocolonial.

¡Ah! ¿y el chupadero de Guatánamo? Bien, gracias. Esa base se queda allí para recordarnos a todos que la gran democracia del norte necesita también de un buen campo de tortura.

Decir y hacer lo que se dice, evidentemente, no es el fuerte del presidente yanqui.

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