El poder político de las malas palabras

En estos días las llamadas "malas palabras" han tomado por asalto los noticieros, los diarios y han llegado hasta muy serios programas políticos donde la irrupción de las mismas rompen con el cartón de decorados y conductores.

No caben dudas que a algunos la puteada les sale porque carecen de otra forma más efectiva para expresarse, el caso de Reutemann, por ejemplo; pero en otros la cosa no es tan sencilla ni visceral, sino que es el fruto de una decisión pensada, meditada y elaborada por un equipo de marketing. En esta línea se inscribe el exabrupto de De Narvaez cuya carrera política hasta ahora es evidentemente guiada por un grupo de asesores de imagen.

Pero por supuesto esta idea de usar "malas palabras" en el discurso político no es nueva y tiene una larga tradición mundial, por eso recordé algo que leí hace mucho tiempo y que siempre me gustó, es del libro "La Montaña es algo más que una inmensa estepa verde" de Omar Cabezas y que ya utilicé alguna vez para homenajear a la experiencia sandinista. En los párrafos que transcribo Cabezas describe con gran sentido del humor cómo los sandinistas descubrieron el poder político de una buena puteada.

"Nos costaba establecer comunicación con la gente.
Es que no habían lazos orgánicos, no habían lazos todavía ideológicos ni políticos, sino que nuestra palabra era para ellos una mezcla de peligro con expectación; de extrañeza con temor. Por eso te decía que tuvimos que desarrollar una gran persuasión. Yo hice para entonces un descubrimiento -digo un descubrimiento personal, político-, no estoy hablando de haber descubierto el agua caliente: descubrí que el lenguaje identifica. Descubrí por mi propia cuenta que el lenguaje comunica.

Yo iba repasando los rostros de todas las personas que estaban a nuestro alrededor; miraba a los obreros con gorras que no decían ni que sí ni que no; mujeres gordas con delantales que no se reían pero que tampoco decían que no, eran rostros en alguna medida impenetrables, impersonales. En más de alguna ocasión sentíamos la sensación de que no estábamos haciendo nada, que la gente no nos entendía, que no les importaba. Y vos querés meter a yerga, a la fuerza, en el cerebro de la gente lo que estás diciendo, pero no es posible. Entonces era un nudo esa incomunicación al comienzo. Y por encima de eso, si llegaba la Guardia y los jodía a ellos, o nos jodía a nosotros, o nos jodía a todos... Entonces yo recuerdo que una vez, hablando, yo dije malas palabras y entonces, je je je, la gente se sonrió cuando yo dije malas palabras y se quedaron viendo entre ellos mismos; se comunicaron, entre ellos sí había comunicación, se reían, pero se reían en torno a algo que yo había dicho. Entonces me di cuenta que me había comunicado. Y este es un elemento muy importante, por cuanto yo empecé a descubrir que una mala palabra o una palabra soez bien dicha tiene un contenido político bien explosivo y bien penetrante. Y no es lo mismo ir a hablar de la coyuntura histórica a un barrio, que decirles que los ricos con los reales que explotan se van a putear a Europa, ¿te das cuenta? Entonces como que el pueblo se empieza a identificar con eso, con ese planteamiento. Se empieza a identificar con esa mala palabra. El pueblo empieza a encontrarse, porque ayudamos al pueblo a que repare en su situación.

Esta guerra, pues, no solamente costó un montón de tiros, un montón de fuego, un montón de hijos, sino que se vertieron millones de malas palabras. Malas palabras que sintetizan rabia, odio, esperanza, firmeza. Millones de millones de malas palabras encarnándose: el hijueputa tenía un significado político."

3 Comentan sin ponerse colorados:

Anahí dijo...

Ayer me acordé del Negro Fontanarrosa, y sus palabras en el congreso del idioma, al escuchar a Chaderton en la OEA (¿lo ecuchó?) llamar "mequetrefe" a Goriletti.
Junto con el post anterior y este, podríamos hacer un "aciértele al hijo´e puta" (o al mequetrefe en lenguaje diplomático) y nos ganamos unos mangos cobrando entrada, ¿qué opina, Tux?
Saludos.
pd: incluso la imagen con las caripelas nos sirve perfecto, che.

Tux dijo...

Anahí: Sería un gran negocio, pero nos van a a acusar de violentos o de ser parte de la Tupac Amaru.

Anahí dijo...

No nó, cuando vean que se trata de un "negocio" de tómbola, ahí nos dejan tranquis. ;-)
El problema son los zurditos... siempre los zurditos... (mal parafranseando a Neruda). Y si encima son negritos... mm...