Ayer pensaba en el fuego. En el fuego ese del que se supone soy heredero. En el fuego que hay que proteger para que no se apague, con el mismo esmero que hay que desplegar para evitar que te queme.
Ayer pensaba en todos los fuegos callejeros, esos de los tiempos fríos donde parecía que todo daba lo mismo, y lo único importante era hacer arder esa llama para que queme los silencios de puro porfiada.
Ayer pensaba en los incendios del tiempo y en la quemazón de tantas almas. Y, no se por qué, me acordé de aquellos otros, esos que tienen gargantas como estufas pero las manos siempre heladas.
Evidentemente ayer no fue mi mejor día.
Ayer pensaba en todos los fuegos callejeros, esos de los tiempos fríos donde parecía que todo daba lo mismo, y lo único importante era hacer arder esa llama para que queme los silencios de puro porfiada.
Ayer pensaba en los incendios del tiempo y en la quemazón de tantas almas. Y, no se por qué, me acordé de aquellos otros, esos que tienen gargantas como estufas pero las manos siempre heladas.
Evidentemente ayer no fue mi mejor día.



4 Comentan sin ponerse colorados:
Animo Tux!
Y mañana será mejor porque alguien se encargó de mantener ese fuego
Saludos!
Tux, le dejo este pequeño regalo, a modo de colaborar en preservar el fuego, el fueguito, el fogón... (hará falta)
Saludos.
Nix: Gracias, chas gracias.
Cosas Dichas: Fogonear, fogonear, fogonear, de eso se trata. Siempre.
Anahí: Gracias, indispensable.
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