Mucho conflicto, pero de política nada, nadita


Hace rato que Córdoba se encuentra entre la espada y la pared. El quiebre de las finanzas públicas y la exigencia de prácticamente todos los trabajadores del estado provincial de mejorar sus salarios y de reforzar la inversión en sectores como la energía, la salud y la educación, han transformado a la provincia en un caldero que se cocina a fuego cada vez más intenso.

De esta forma, las protestas se suceden sin solución de continuidad -aunque bastante contenidas gremialmente hasta ahora- en las calles de la capital y en las de varias ciudades del interior, lo cual ha provocado que desde el gobierno se recurriese en las últimas semanas al expediente de la conciliación obligatoria, como herramienta última para tratar de calmar los ánimos y garantizar los servicios básicos.

Lo llamativo es que mientras esta situación se desarrolla, la misma solo tiene una expresión social (por medio de los gremios estatales) y no encuentran un sector político que los canalice, porque a quienes les correspondería esta misión han defeccionado notoriamente. Luis, Juez, por ejemplo, ha elegido un muy bajo perfil en función de construir una imagen menos beligerante y más confiable (o seria), por lo que ha abandonado la habitual andanada de cuestionamientos que le dedicaba a Schiaretti, a quien hoy ve más como un socio potencial que como a alguien con proyecto político diferente. El radicalismo mientras tanto está sumido en su mágico mundo de internas y cuando sale de él se muestra absolutamente inocuo a la hora de criticar la gestión del actual gobernador, con quien comparte muchísimas visiones estructurales.

Por el mismo rumbo camina también una parte importante de la centroizquierda progresista que alguna vez estuvo en el Frente Nuevo y hoy desgaja sus preferencias o expectativas entre diferentes actores locales y nacionales. Pero mientras se espera que algunos dejen de deshojar la margarita y otros tomen el toro por las astas, el tiempo pasa, el conflicto crece, se habla mucho, pero de política se dice poco y nada; lo cual crea una situación bastante compleja y sin perspectivas de solución favorable. ¿Por qué? Porque la salidas son siempre políticas, y si las mismas quedan una y otra vez en manos de los mismos -en este caso Schiaretti- lo único que se logra es acentuar una situación de inequidad.

Sin una oposición que claramente le marque la cancha al inquilino de la Casa de las Tejas, se seguirán aplicando las recetas que ya conocemos y que privilegian al capital (agrícola o industrial) en desmedro de los sectores populares. La aplicación de esta fórmula perversa implica que el ajuste es la única salida y lo pagan siempre los mismos a costa de sueldos o jubilaciones recortados y subsidios impositivos para los socios del poder.

Sin política, o mejor dicho: sin una política articulada desde el espacio nacional y popular, los esquemas instalados por más de tres décadas de neoliberalismo en Córdoba seguirán funcionando sin que nadie las cuestione, transformando nuestra realidad cotidiana en una sucesión de cuellos de botella y conflictos. Así, mientras las calles se calientan con la bronca justificada de los trabajadores, en la radio o en la tele se discute si es importante o no el cambio de horario estival como si fuese una determinación fundamental en el futuro cordobés, y se tapa el desmadre de las finanzas públicas locales.

Sin una agenda claramente opuesta a la que marca la Fundación Mediterranea, toda la vida política local será infantilmente delimitada, mediatizada y jibarizada a una antinomia entre lo K y lo anti-K, lo cual es totalmente funcional al statu-quo que Angeloz / Mestre / De la Sota y Schiaretti supieron mantener.

Desgraciadamente no se avizora en el corto plazo una articulación que le pueda dar un rumbo diferente a la situación en la que está embarcada la provincia; pero tengo la impresión personal de que es hora de ponerse los pantalones largos y asumir que quedarse viendo el panorama actual sin actuar, nos pone más en el rol de cómplices de los costos humanos reales que el actual proyecto conlleva, que como simples testigos inocentes.

4 Comentan sin ponerse colorados:

qwert dijo...

URRIBARRI SE COMPRO UN CAMPITO DE 18 PALOS VERDES, EL SECRETARIO DE CRISTINA SE HIZO UNA CASA DE 3OO LUCAS VERDES, LOS SINDICALISTAS CURRAN CON LOS REMEDIOS...
SON TODOOOOSSS CHORROOOOS!!!!
CUANDO LO VAN A ADMITIR???

Tux dijo...

qwert: ¡¡NO SE!! ¡¡NO SE!! ¡¡TRAIGANMÉ LA PASTILLA QUE ME QUIERO MORIRRRRRR!! ¡¡AGHHHH!! ¡¡AGHH!!

corto dijo...

la mediterranea abandonó a schiaretti a su suerte. reconoció el martes en comercio y justicia que la deuda es de 14 mil millones. su candidato es aguad, aunque no desprecian a juez.
esta bueno el palnteo del post, la clava en el ángulo. no hay política. esa es la verdad. pero, vamos al principio, qué mierda pasa con cordoba???? creo que la defunsión de la sociedad civil, cuya cabeza fue pisada con saña por menendez y los civiles que lo acompañaron, no se recupera. también es cierto que ysa no podemos hablar más de la dictadura como (único?) responsable de nuestra actual coyuntura. debemos hacernos cargo que como sociedad no podemos generar nada consistente. Estallará todo como dice el adn paradojal??? hay dirigentes con la generocidad suficiente para armar un polo crítico al status quo?? o seguiremos gritando en la noche??
ufff. abrazo

Tux dijo...

Corto: Si bien la Funadación Mediterranea enterró a Schiaretti con su diagnóstico, también es bueno recordar que de esta forma se tiró tierra encima porque justamente ellos eran los principales sostenedores de la mentira de la deuda de Córdoba.

Por otra parte coincido con Ud. en tema de la falta de cuadros políticos y en la influencia que la represión tuvo en este sentido; pero ya es tiempo que nuevas generaciones tomen el lugar que les corresponde en Córdoba y asuman los desafíos de construir una alternativa que le ponga un freno a los tipos que nos gobiernan. Hacen falta caciques pero son mucho más necesarios ahora los indios, los militantes.

Pienso también que la generosidad será un tema importante, a lo que le agregaría la idea de que debe existir un proyecto político y no solo roscas donde uno u otro ceden en el marco de carreras o visiones personales.

Ojalá que se pueda cambiar al rumabo.