Ayer, cuando en el recinto de la cámara de Diputados de la Nación se discutía el proyecto de Ley de ADN, uno de los argumentos más convincentes fue el elaborado por la diputada nacional de Libres del Sur, Victoria Donda, hija recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo. De hecho al finalizar el debate Agustín Rossi, jefe de la bancada del FPV, simplemente dijo que después de escuchar a Victoria solo cabía dejar de lado los discursos y apoyar unánimente la ley en tratamiento.Lógicamente muchos medios evitaron poner en sus páginas algo más que no fuera una nueva repetición del guión de los apropiadores, por eso nos pareció importante compartir con ustedes la intervención completa.
Señor presidente: es para mí uno de los días más especiales de esta Cámara desde que entré al Congreso de la Nación y soñaba con estar sentada en este recinto discutiendo esta norma.
Tengo el orgullo de hablar en nombre de mi bloque. No voy a detenerme en argumentos técnicos o jurídicos porque hay legisladores que pueden hacerlo con mucha más solvencia que yo, como es el caso del señor diputado García Méndez.
En primer lugar, quiero recordar que estamos hablando de un delito que se cometió desde un Estado terrorista y que llevó adelante un plan sistemático de desaparición forzada de personas y apropiación de niños. Existieron listas a través de las cuales nos entregaban como cachorros a otras familias. Un grupo de hombres y mujeres que se apropió ilegítimamente del Estado creyó que había personas mejores que nuestras familias biológicas para criarnos.
Ese Estado terrorista dejó más de quinientos niños apropiados. Digo “más de quinientos niños” porque ese es el número de denuncias que tienen las Abuelas de Plaza de Mayo. Que en el día de ayer hayamos encontrado a Martín Amarilla, que no estaba denunciado, muestra que las condiciones de detención de nuestras compañeras desaparecidas muchas veces hicieron imposible que sus familias supieran si estaban o no embarazadas, con lo cual esa sospecha de que seguramente hay muchas denuncias que no se hicieron, se confirma y tiene la cara de Martín.
Quiero recordar a mis compañeros y compañeras legisladores que el delito de desaparición forzada de personas y de supresión de identidad se continúa cometiendo. No es que un día nos robaron la identidad, nos dieron otra y se acabó. Fue un delito que pasó hace tanto tiempo que parece parte del pasado. Les pido que miren a esos hermanos que hoy están sentados en las galerías y piensen realmente si ellos son parte del pasado.
Ninguno de nosotros somos parte del pasado, como no lo son nuestras Abuelas, esas mujeres para las que no tenemos más que palabras de agradecimiento; gracias por habernos buscado, porque gracias a ellas yo y noventa y siete nietos más podemos decirles nuestros nombres.
Escuché hablar a algunos legisladores y legisladoras del derecho a la intimidad. Lo cierto es que cuando ellos hablaban de ello, pensé que la primera vez que me violaron ese derecho –en realidad, ese delito se siguió cometiendo- fue cuando me arrancaron de la teta de mi mamá. Fue cuando a Tatiana la arrancaron de la mano de Mirta Britos. Fue el primer momento en que nos violaron el derecho a la intimidad.
¿O alguno de ustedes conoce un momento más íntimo que es el del abrazo de una madre con un hijo o hija?
Hablaron de la voluntad y de la libertad. Si hay alguien que conozca una persona secuestrada que goce de voluntad y libertad para elegir hacer cesar ese delito o no, ¡que me lo diga porque yo no lo conozco! (Aplausos en las bancas y en las galerías.)
La verdad es que hubiera dado cualquier cosa para que la ley existiera ese 28 de junio de 2003, cuando Vero, Tatiana y algunas abuelas se acercaron y me dijeron que existían posibilidades de que yo fuera hija de desaparecidos.
Tardé ocho meses en decidir hacer el ADN. Incluso, algunos de los chicos hacían apuestas de si lo hacía o no. La verdad que es una situación muy difícil, para nada agradable.
Entonces nadie me va a venir a contar que yo tenía voluntad. No tenía voluntad.
Cuando discutí con muchos y muchas de ustedes este proyecto de ley, en mi cabeza tenía una carita: la de Santiago, que tiene 3 años. Hace tiempo que no lo veo. La última vez fue en un acto en Paraná. Santiago es el hijo de Verónica Castelli. Ese chico, con 3 años, les pidió a quienes fueron a ver una obra por la identidad que quería conocer a su tía. Su tía Milagros apareció hace muy poco, y Santiago, con sus 3 años, conoce a su tía gracias a las Abuelas.
También pensaba en Sebastián, de 15 años, en Santiago de 10 años, en Gonzalo de 17 años, que son los hijos de Victoria Montenegro. Me acordaba de ellos y en la suerte que tuvieron porque Victoria Montenegro no quería hacerse el examen de ADN. Tuvieron suerte, porque un juez pidió el allanamiento de donde vivía Victoria –la llamamos Victoria, porque sabemos que realmente es Victoria- y por ello se enteraron de que Hilda Torres es su verdadera abuela, y Roque Montenegro su verdadero abuelo. No tenían muchos más años que ellos cuando los secuestraron: Hilda tenía 18, y Roque 20 años.
Para cada uno de los que hoy están sentados y sentadas en las galerías, como para muchos de los que estamos en este recinto, esta norma va a ser muy importante. Le dará una herramienta al Estado para perseguir este delito que se continúa cometiendo.
También será importante para nosotros, como Poder Legislativo, porque la Justicia está llevando adelante estos procesos. De hecho, de los últimos trece nietos encontrados, nueve lo fueron por estos allanamientos y aplicación del método de análisis de ADN. Absolutamente ninguno de esos nueve nietos y nietas que se negaron a realizarse el ADN impugnó el allanamiento. ¿Saben por qué? Porque te sacás una mochila de plomo de encima. ¿Saben la tortura que significa no saber quién es uno? (Aplausos en las bancas y en las galerías.)
¿Conocen la tortura que significa estar esperando que se muera la gente que uno quiere como sus padres para conocer realmente quién es el padre de uno? ¿Saben la tortura que significa pensar que mientras uno espera que se mueran sus padres se va a morir la abuela o el abuelo, y uno no va a saber quiénes fueron sus padres, porque no se lo van a poder contar?
Tal vez algunos de ustedes lo sepan y tal vez muchos de ustedes no, pero para eso estamos nosotros, que somos noventa y ocho que se los podemos contar. Alguien me dijo cuando yo asumí en este Congreso que yo estaba sentada en una banca en este recinto para darle voz a los que no tenían voz acá. Creí que lo más apropiado era leer un pedazo de una carta que escribimos muchos y muchas, que dice lo siguiente.
“Nosotros hoy somos libres porque podemos elegir qué hacer con esta historia, ya que haber recuperado nuestra identidad no nos convirtió nuevamente en cautivos de alguien, sino todo lo contrario: nuestras familias respetan nuestros derechos y cada uno genera el vínculo que quiere con ellas.
“Somos libres porque recuperamos lo que nos robaron, porque pusimos las cosas en su lugar y así pudimos entender nuestro ADN, ese que nadie pudo cambiar. Si en algún momento de nuestras vidas nos ocultaron cuál era nuestro origen, hoy lo sabemos y podemos hablar en primera persona de eso.
“El derecho a la identidad es un derecho humano y como tal irrenunciable. Es tan importante como el derecho a la vida, a la libertad y a la integridad física. Nadie debe decidir si quiere o no ejercer ese derecho, porque es el Estado el responsable de garantizarlo y preservarlo.
“Hoy este Congreso tiene la responsabilidad y la obligación de reparar el daño que nos causó el terrorismo de Estado.”
Esta carta la firman Matías Reggiardo Tolosa, José Sabino Abdala, Paula Alessandrini, Tatiana Sfiligoy, Horacio Pietragalla, Belén Gentile, Gustavo Godoy Ferreira, Felipe Gatica, Victoria Ruiz Dameri, Laura Acosta Vargas, Jorgelina Paula Molina Planas, Victoria Donda Pérez, Claudia Poblete Hlaczik, Manuel Gonçalves Granada, Pedro Luis Nadal García, Carlos D’Elía, Gabriel Cevasco, Hilda Victoria Montenegro, Eugenia Sampallo Barragán, Leonardo Fossati, Jimena Vicario, Alejandro Pedro Sandoval Fontana, Sebastián Casado Tasca, Victoria Julièn Grisonas, Marcos Suárez Vedoya, Sabrina Valenzuela Negro, Andrés la Blunda, Juan Cabnadié, Enrique Nacif, Lorena Battistiol, Ramiro Nicolás Menna, Eduardo de Pedro, Cristina Bettanin, Ramón Aiub, Verónica Castelli, Virginia Ogando, Marcos Solsona, Iván Fina, María Julia Bearzi, Miguel Santucho, Gisela Busaniche, Flavia Battistiol, Juliana García, Gastón Gonçalves, Gabriel Corvalán, Benjamín Ávila, Mariana Corvalán, Martín Fresneda, Adriana Elisa Metz, Marianela Galli, Josefina Nacif, Mario Luis Frías, Ana Lina Klotzman, Antonio Belaustegui, Mariano Bearzi, Julia Dalila Delgado Bessio, Fernando Sandoval, Tupac Vladimir Puggioni, Nicolás Placci y Federico Nacif.
Ellos son nietos restituidos por las Abuelas de Plaza de Mayo, a quienes podemos nombrar porque ellas los encontraron, porque ellas llevaron adelante el trabajo del Estado y de los hermanos que buscan a sus hermanos. Y por esos hermanos hoy les pido que votemos este proyecto de ley.



4 Comentan sin ponerse colorados:
Vale. Gracias.
Qué bueno que lo publicaste. Muchas gracias.
Anahía y Casta Diva: Publicarlo era un deber frente a cerco informativo.
no lo había leído en los diarios, también te doy las gracias por publicarlo
Victoria.
Publicar un comentario en la entrada