Después de una larga agonía parece que finalmente el intendente de Córdoba, Daniel Giacomino ha conseguido recomponer, al menos parcialmente, su influencia en el Concejo Deliberante. Esto lo ha realizado en base de una serie de alianzas que muestran el camino político elegido y que seguramente REorientarán la gestión en un REnovado "RElanzamiento" de la misma... actividad declamativa con que se amaga cada 6 meses.
Lo concreto es que ahora Giaco ha conformado con varios concejales una variopinta Armada Brancaleone donde convergen radicales, PJ, Riutortistas y por supuesto giacoministas; de esta forma han quedado en minoría tanto el bloque del juecista Frente Cívico como el progresista vinculado al viceintendente Carlos Vicente.
El estreno de la nueva alianza se dio en la reciente y escandalosa sesión que culminó con la sanción -entre otras cosas- del tope salarial para los empleados municipales. Esta ordenanza obliga al municipio a contemplar solo hasta el 50% de su presupuesto para atender sueldos, lo cual no solo es inaplicable en el momento actual -ya que implicaría imposibles recortes salariales- sino que además es una movida pour la gallerie, destinada a dejar bien en claro que la intendencia ha leído el resultado del 28J con los anteojos del stablishment y se mueve decididamente a la diestra del televisor.
Por supuesto que como no podía ser de otra forma en Córdoba, esta ordenanza fue ampliamente resistida por los trabajadores municipales quienes terminaron generando un momento de mucha tensión y violencia dentro del ámbito legislativo. Pero el mal rato fue subsanado como también ya es costumbre en nuestra provincia: a las apuradas, rodeados de policías y cerca de la medianoche. Un ejemplo brillante del modus operandi de la derecha cordobesa en toda la línea.
Es que, como indica el sentido común de todos los que leen los diarios, escuchan la radio o ven la tele, es evidente que el grueso de los problemas socio-políticos de nuestra sufrida patria tienen su origen en los trabajadores y en sus privilegiados convenios colectivos que los llevan a ser la mosca blanca en la sopa de la sociedad al cobrar más o menos dignamente. Sobre esa realidad alguien decidido como Daniel Giacomino debía obrar con la prontitud de un rayo (de un rayo vengador se entiende) y cumplir con el designio de todo funcionario decente: operar firmemente, ir con el bisutí al hueso y hacer que los laburantes paguen los costos de un ajuste i-ne-vi-ta-ble.
Es una pena que el intendente no promueva otras ordenanzas más urgentes como por ejemplo alguna que sancione la sub-ejecución de partidas, o que evite que ñoquis varios estén designados en oficinas a las que nunca van, o que agilice el pago a provedores, (¿por qué ciertos pagos de más de $3000 deben pasar por la firma de Giacomino?) o que impida la creación de cargos políticos fantasmas para darle un sueldo a gente destinada a "mantenimiento", o que meta sumarios administrativos a los funcionarios que cajonean por meses aportes nacionales de millones de pesos en función de alguna interna, o que se garantice la provisión de elementos básicos a Parques y Paseos.
Lo increible del asunto es que quien debiera representar en Córdoba un proyecto nacional y popular quedó a la derecha hasta del juecismo, trepado al carro ideológico del neoliberalismo y pegado a una banda de sujetos que permanentemente se han pronunciado en contra de los ideales que Giacomino dice sostener.
Y en esta cinchada republicana y patronal lo vimos a Giaco, firme al pie del cañón, con su semblante de estadista y con una variedad de tics tan marcados que se parecía el viejo Álvaro Alsogaray (y no me refiero solamente a los tics nerviosos).
Lo concreto es que ahora Giaco ha conformado con varios concejales una variopinta Armada Brancaleone donde convergen radicales, PJ, Riutortistas y por supuesto giacoministas; de esta forma han quedado en minoría tanto el bloque del juecista Frente Cívico como el progresista vinculado al viceintendente Carlos Vicente.
El estreno de la nueva alianza se dio en la reciente y escandalosa sesión que culminó con la sanción -entre otras cosas- del tope salarial para los empleados municipales. Esta ordenanza obliga al municipio a contemplar solo hasta el 50% de su presupuesto para atender sueldos, lo cual no solo es inaplicable en el momento actual -ya que implicaría imposibles recortes salariales- sino que además es una movida pour la gallerie, destinada a dejar bien en claro que la intendencia ha leído el resultado del 28J con los anteojos del stablishment y se mueve decididamente a la diestra del televisor.
Por supuesto que como no podía ser de otra forma en Córdoba, esta ordenanza fue ampliamente resistida por los trabajadores municipales quienes terminaron generando un momento de mucha tensión y violencia dentro del ámbito legislativo. Pero el mal rato fue subsanado como también ya es costumbre en nuestra provincia: a las apuradas, rodeados de policías y cerca de la medianoche. Un ejemplo brillante del modus operandi de la derecha cordobesa en toda la línea.
Es que, como indica el sentido común de todos los que leen los diarios, escuchan la radio o ven la tele, es evidente que el grueso de los problemas socio-políticos de nuestra sufrida patria tienen su origen en los trabajadores y en sus privilegiados convenios colectivos que los llevan a ser la mosca blanca en la sopa de la sociedad al cobrar más o menos dignamente. Sobre esa realidad alguien decidido como Daniel Giacomino debía obrar con la prontitud de un rayo (de un rayo vengador se entiende) y cumplir con el designio de todo funcionario decente: operar firmemente, ir con el bisutí al hueso y hacer que los laburantes paguen los costos de un ajuste i-ne-vi-ta-ble.
Es una pena que el intendente no promueva otras ordenanzas más urgentes como por ejemplo alguna que sancione la sub-ejecución de partidas, o que evite que ñoquis varios estén designados en oficinas a las que nunca van, o que agilice el pago a provedores, (¿por qué ciertos pagos de más de $3000 deben pasar por la firma de Giacomino?) o que impida la creación de cargos políticos fantasmas para darle un sueldo a gente destinada a "mantenimiento", o que meta sumarios administrativos a los funcionarios que cajonean por meses aportes nacionales de millones de pesos en función de alguna interna, o que se garantice la provisión de elementos básicos a Parques y Paseos.
Lo increible del asunto es que quien debiera representar en Córdoba un proyecto nacional y popular quedó a la derecha hasta del juecismo, trepado al carro ideológico del neoliberalismo y pegado a una banda de sujetos que permanentemente se han pronunciado en contra de los ideales que Giacomino dice sostener.
Y en esta cinchada republicana y patronal lo vimos a Giaco, firme al pie del cañón, con su semblante de estadista y con una variedad de tics tan marcados que se parecía el viejo Álvaro Alsogaray (y no me refiero solamente a los tics nerviosos).




3 Comentan sin ponerse colorados:
Leo, la mayoría del CD y Giacomino, otra cosa que se me viene a la cabeza el aumento del cospel.-
Como se puede pensar en ajuste, esto se parece a otras épocas; el lagartoshow ofuscado, se quejo de que los sueldos de los trabajadores son el 50% del presupuesto, como si husiese trabajo en cualquier lado(que no sean callcenter) y que si se terceriza las obras el valor seria una ganga, parece un chiste de mal gusto si es que no fuera cierto.-
Anti: Además hay otras cosas para tener en cuenta. Por ejemplo, el tipo que llevó esta propuesta en la campaña fue García Díaz y no llegó ni al 2% de los votos. O sea que tampoco es una medida tan popular como se la pretende mostrar. En todo caso es una movida mediática muy bien llevada.
Otra cosa, siempre comparan a Córdoba con Rosario, pero no dicen ni media palabra de Capital Federal porque Macri -con los parámetros de nuestros comunicadores- quedaría hecho pelota. Por ejemplo: Córdoba hoy gasta casi el 65% de su presupesto en salarios, Capital gasta el 90% en salarios y encima hace menos de un mes regularizó la situación laboral de 17.000 contratados. Una locura.
Tux y amigos: me parece que lo que queda cada vez más claro es que los aspirantes al "proyecto nacional y popular" son cada vez menos.
Esto junto al hecho de que los mismos Kirchner, en vez de alejarse estos neogorilas, mantienen una relación.
Creo que un tema a debatir es cuanto efectivamente se puede contar con estos partidos a la hora de pensar un proyecto emancipador
Publicar un comentario en la entrada