Después de publicar el post anterior sobre el tema de la represión policial en Córdoba y los niveles de impunidad con que se aplican los edictos en nuestra provincia, me quedé pensando que en realidad desde hace años asistimos a una tan larga cadena de abusos y actitudes en las fuerzas de seguridad provincial, que nos han insensibilizado como sociedad, aceptando lo inaceptable.
Personalmente pienso -y ya lo he dicho demasiadas veces- que el corazón del problema se encuentre en la resistencia que tuvieron los primeros gobiernos radicales en purgar los elementos heredados de la Dictadura, los cuales no solo continuaron ejerciendo su profesión como una tropa militarizada sino que además estuvieron libres de acentuar su ya marcada afición por la persecusión política y gremial.
Esta policia entonces es la misma que hasta hace unos años fogueaba a sus aspirantes disparándoles con munición de guerra y que solo dejó de usarla después de herir gravemente a un par de ellos. También es el cuerpo que en los 90 puso en la primera fila de la Guardia de Infantería que controlaba una marcha gremial a un oficial luciendo en su casco una tosca cruz svástica, en un claro acto de intimidación y provocación.
Pero no nos vayamos tan lejos, porque estos son los policías que hace menos de un año destriparon -literalmente- con un disparo de postas de goma a quemarropas a un adolescente que se negaba a bajar del techo de su propia casa.
También esta es la policía que custodiando a los miembros de la tenebrosa D2 no solo trata como oficiales en actividad a los torturadores detenidos y bajo proceso, sino que además hacía la vista gorda a sus periódicas e ilegales salidas.
Como si fuera poco, el arraigado desprecio por la justicia se extiende también a otras fuerzas, como por ejemplo el Servicio Penitenciario Provincial, cuyos efectivos de la cárcel de Bower se cuadran y saludan militarmente a asesinos juzgados y con condena firme como Menéndez y los suyos.
Todas estas cuestiones han sido ventiladas oportunamente por distintos medios de prensa, pero jamás se ha visto una firme actitud por parte de ninguno de los funcionarios políticos que deberían haber tomado cartas en el asunto. Por el contrario más de una vez se ha tratado de tapar estos hechos y las purgas dentro de la institución han tenido otros horizontes, mucho más funcionales al gobierno: impedir la agremiación policial y sancionar fuertemente a los que participan de reclamos salariales.
De hecho, tampoco es casual -supongo- que mientras las calles de Córdoba se llenan de manifestaciones gremiales, Schiaretti, ni lerdo ni perezoso, anuncia un "incentivo" salarial para la policia de $320 (no remunerativos y por única vez) a cobrarse a principios de diciembre.
Si. Cuanto más lo pienso más me doy cuenta que todo tiene que ver con todo.
Personalmente pienso -y ya lo he dicho demasiadas veces- que el corazón del problema se encuentre en la resistencia que tuvieron los primeros gobiernos radicales en purgar los elementos heredados de la Dictadura, los cuales no solo continuaron ejerciendo su profesión como una tropa militarizada sino que además estuvieron libres de acentuar su ya marcada afición por la persecusión política y gremial.
Esta policia entonces es la misma que hasta hace unos años fogueaba a sus aspirantes disparándoles con munición de guerra y que solo dejó de usarla después de herir gravemente a un par de ellos. También es el cuerpo que en los 90 puso en la primera fila de la Guardia de Infantería que controlaba una marcha gremial a un oficial luciendo en su casco una tosca cruz svástica, en un claro acto de intimidación y provocación.
Pero no nos vayamos tan lejos, porque estos son los policías que hace menos de un año destriparon -literalmente- con un disparo de postas de goma a quemarropas a un adolescente que se negaba a bajar del techo de su propia casa.
También esta es la policía que custodiando a los miembros de la tenebrosa D2 no solo trata como oficiales en actividad a los torturadores detenidos y bajo proceso, sino que además hacía la vista gorda a sus periódicas e ilegales salidas.
Como si fuera poco, el arraigado desprecio por la justicia se extiende también a otras fuerzas, como por ejemplo el Servicio Penitenciario Provincial, cuyos efectivos de la cárcel de Bower se cuadran y saludan militarmente a asesinos juzgados y con condena firme como Menéndez y los suyos.
Todas estas cuestiones han sido ventiladas oportunamente por distintos medios de prensa, pero jamás se ha visto una firme actitud por parte de ninguno de los funcionarios políticos que deberían haber tomado cartas en el asunto. Por el contrario más de una vez se ha tratado de tapar estos hechos y las purgas dentro de la institución han tenido otros horizontes, mucho más funcionales al gobierno: impedir la agremiación policial y sancionar fuertemente a los que participan de reclamos salariales.
De hecho, tampoco es casual -supongo- que mientras las calles de Córdoba se llenan de manifestaciones gremiales, Schiaretti, ni lerdo ni perezoso, anuncia un "incentivo" salarial para la policia de $320 (no remunerativos y por única vez) a cobrarse a principios de diciembre.
Si. Cuanto más lo pienso más me doy cuenta que todo tiene que ver con todo.




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