Quizás sea porque no es negocio o por que no da audiencia. Tal vez sea porque en alguna reunión decidieron que no era importante o que no había que darle importancia; pero lo cierto es que las coberturas del actual juicio a Menéndez (tan histórico y trascendente como el anterior) ha recibido una pobre cobertura del tandem Radio Mitre / Canal 12.
Hace unos meses, por ejemplo, los movileros locales de la radio y de la tele del Grupo Clarín estaban permanentemente en el lugar, realizando entrevistas y reflejando minuto a minuto lo que sucedía, pero ahora es muy raro verlos por ahí. El diario La Voz si bien mantiene en su versión on line un enlace permanente con las últimas noticias desde Tribunales Federales, tiene un nivel y un volumen menor al que vimos en otras oportunidades. Todo esto ha despertado un creciente malestar entre miembros de distintos organismos de derechos humanos.
Si a esto le sumamos que por desición judicial -como ya dijimos en otro post- el juicio es recibido por la sociedad solo en resúmenes y crónicas, sin la posibilidad de acceder en directo o en diferido (por medios electrónicos) a los testimonios, hace que el jugamiento del genocida y sus socios se planteé casi como ocurriese a miles de kilómetros de aquí o como si sus víctimas no hubieran sido cordobeses y cordobesas de carne y hueso.
Evidentemente toda esta situación tiene varios niveles distintos de análisis. Primero es inevitable decir que muchas de las cosas que manifiestan los testigos tienen no solo un valor histórico sino que además refieren hacia el presente en varios sentidos. Por ejemplo, las declaraciones de testigos que indican que durante el Proceso se realizaban reuniones habituales entre Menéndez, Angeloz y Primatesta, no solo hablan de la convivencia entre los jerárcas de la dictadura, la Iglesia y el radicalismo cordobés, sino que en cierta forma explican el poder y la impunidad que supo lucir en muchas ocasiones el general genocida durante primera década de la democracia.
Por otra parte el juzgamiento que hoy se lleva adelante incluye a los jefes de la inteligencia policial, la D2, quienes se mantuvieron en actividad durante las gestiones de la UCR al punto que estuvieron directamente ligados a las órdenes del actual diputado nacional Oscar Aguad, quien aprovechó las "habilidades" de Yanicelli y su banda para disciplinar el descontento social que desató el ajuste llevado adelante por Ramón Mestre (padre).
Pero seamos justos, el poder de los Yanicelli llega hasta nuestros días, al punto que reciben el extraño privilegio de estar alojados en la Guardia de Infanteria donde tienen un régimen muy laxo y son tratados por sus "carceleros" como oficiales en actividad.
Otro ángulo para ver lo que se mueve alrededor del juicio es lo que decíamos al principio sobre la ausencia de los medios de Clarín, ya que se sospecha que la actitud está ligada directamente a la disputa que el Grupo mantiene con el gobierno nacional y que la desición editorial es quitarle cobertura a las noticias vinculadas a los Derechos Humanos (en relación con la pasada Dictadura), ya que esto es una bandera central de la gestión kirchnerista.
Finalmente un tercer frente de análisis es el que hace referencia a por qué la Justicia Federal mantiene como norma inapelable la no retransmisión (completa o parcial) de los juicios contra los genocidas y toruradores. Esta disposición fue tomada durante el gobierno de Alfonsín por razones claramente políticas, ya que en ese momento había mucho temor sobre cómo reaccionaría la gente (el pueblo decíamos en aquellos días) al enterarse por boca de las víctimas de la tortura o de familiares de desaparecidos, la brutal inhumanidad del genocidio. Ese criterio sigue vivo, porque los jueces entienden que las heridas continúan abiertas y que la carga terrible de los testimonios aún son demasiado estremos como para ser digeribles por la sociedad. Quizás este enfoque tenga algo de cierto, pero tiene una gran contra, ya que nos impide a todos los argentinos comprender en profundidad hasta donde fue capaz de llegar el aparato represivo montado por la Dictadura. Y en ese marco de medias verdades es lógico que ciertas ausencias sin aviso no tengan que justificarse demasiado.
Hace unos meses, por ejemplo, los movileros locales de la radio y de la tele del Grupo Clarín estaban permanentemente en el lugar, realizando entrevistas y reflejando minuto a minuto lo que sucedía, pero ahora es muy raro verlos por ahí. El diario La Voz si bien mantiene en su versión on line un enlace permanente con las últimas noticias desde Tribunales Federales, tiene un nivel y un volumen menor al que vimos en otras oportunidades. Todo esto ha despertado un creciente malestar entre miembros de distintos organismos de derechos humanos.
Si a esto le sumamos que por desición judicial -como ya dijimos en otro post- el juicio es recibido por la sociedad solo en resúmenes y crónicas, sin la posibilidad de acceder en directo o en diferido (por medios electrónicos) a los testimonios, hace que el jugamiento del genocida y sus socios se planteé casi como ocurriese a miles de kilómetros de aquí o como si sus víctimas no hubieran sido cordobeses y cordobesas de carne y hueso.
Evidentemente toda esta situación tiene varios niveles distintos de análisis. Primero es inevitable decir que muchas de las cosas que manifiestan los testigos tienen no solo un valor histórico sino que además refieren hacia el presente en varios sentidos. Por ejemplo, las declaraciones de testigos que indican que durante el Proceso se realizaban reuniones habituales entre Menéndez, Angeloz y Primatesta, no solo hablan de la convivencia entre los jerárcas de la dictadura, la Iglesia y el radicalismo cordobés, sino que en cierta forma explican el poder y la impunidad que supo lucir en muchas ocasiones el general genocida durante primera década de la democracia.
Por otra parte el juzgamiento que hoy se lleva adelante incluye a los jefes de la inteligencia policial, la D2, quienes se mantuvieron en actividad durante las gestiones de la UCR al punto que estuvieron directamente ligados a las órdenes del actual diputado nacional Oscar Aguad, quien aprovechó las "habilidades" de Yanicelli y su banda para disciplinar el descontento social que desató el ajuste llevado adelante por Ramón Mestre (padre).
Pero seamos justos, el poder de los Yanicelli llega hasta nuestros días, al punto que reciben el extraño privilegio de estar alojados en la Guardia de Infanteria donde tienen un régimen muy laxo y son tratados por sus "carceleros" como oficiales en actividad.
Otro ángulo para ver lo que se mueve alrededor del juicio es lo que decíamos al principio sobre la ausencia de los medios de Clarín, ya que se sospecha que la actitud está ligada directamente a la disputa que el Grupo mantiene con el gobierno nacional y que la desición editorial es quitarle cobertura a las noticias vinculadas a los Derechos Humanos (en relación con la pasada Dictadura), ya que esto es una bandera central de la gestión kirchnerista.
Finalmente un tercer frente de análisis es el que hace referencia a por qué la Justicia Federal mantiene como norma inapelable la no retransmisión (completa o parcial) de los juicios contra los genocidas y toruradores. Esta disposición fue tomada durante el gobierno de Alfonsín por razones claramente políticas, ya que en ese momento había mucho temor sobre cómo reaccionaría la gente (el pueblo decíamos en aquellos días) al enterarse por boca de las víctimas de la tortura o de familiares de desaparecidos, la brutal inhumanidad del genocidio. Ese criterio sigue vivo, porque los jueces entienden que las heridas continúan abiertas y que la carga terrible de los testimonios aún son demasiado estremos como para ser digeribles por la sociedad. Quizás este enfoque tenga algo de cierto, pero tiene una gran contra, ya que nos impide a todos los argentinos comprender en profundidad hasta donde fue capaz de llegar el aparato represivo montado por la Dictadura. Y en ese marco de medias verdades es lógico que ciertas ausencias sin aviso no tengan que justificarse demasiado.



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