Una cuestión de sentido común

Es más que evidente que el concepto de sentido común no suele representar -aunque lo desee- una misma mirada sobre determinados aspectos de nuestra vida social y política, sino viene marcado con nuestra carga individual y colectiva de ideología, historia y prejuicios, lo que lleva a que haya casi tantos sentidos comunes como personas.

Eso no quita que el meneado sentido común suele ser el primer recurso que tenemos para interpretar lo que nos rodea y desgraciadamente también suele ser la lápida con que zanjamos cuestiones que se dan de cabeza con ciertas construcciones o razonamientos que sospechamos como firmes e inalterables.

Algo de eso ha venido ocurriendo por estos días con el recrudecimiento de expresiones que canalizan un malestar social profundo. Expresiones que van desde la reaparición de importantes movilizaciones piqueteras, al aumento de conflictos gremiales que tienen como origen problemas económicos tangibles y los coletazos de la crisis de representatividad que estalló en el 2001.

El crack global del capitalismo hace rato que llegó a estas playas, no con la profundidad que los agoreros del desastre querían pero si con una carga de inequidad e injusticia, que terminó como siempre, llevada sobre las espaldas de los que menos tienen. En ese marco era inevitable que el estado implementara políticas sociales profundas, una, por la que más luchamos, el subsidio universal por hijo, cumplirá en los tiempos por venir un positivo rol central. Otro, el plan de cooperativas para construir viviendas o realizar trabajos en los municipios ha encarado por el sinuoso camino que lo lleva a transformarse en una herramienta que reproduce algunos de los peores vicios de nuestra clase política.

Y allí entra a tallar el sentido común de algunos que, incapaces de aceptar que grandes franjas de nuestra sociedad han sufrido en carne propia los coletazos de la crisis, ven en las movilizaciones de las organizaciones sociales un síntoma de su burocratización. Mientras miles y miles de argentinos marchan y llevan sus reclamos hasta las puertas de los ministerios de acción social de todo el país, algunos analistas progresistas sentados cómodamente en una oficina y mientras pelean con el control remoto del aire acondicionado, dicen livianamente que este reclamo es fruto de la ambición de "algunos dirigentes piqueteros".

Lo que si es cierto es que las cooperativas tal como están planteadas, son manejadas discrecionalmente por el aparato político y desde allí se elige a dedo quien entra y quien no... partiendo de la base de que los movimientos sociales (sean cercanos o no al gobierno) no tienen cabida, porque han demostrado una y otra vez su capacidad de multiplicar los recursos que llegan hasta sus manos y penetrar mucho más profundo en la sociedad que cualquier puntero.

Si el problema fuera la burocratización -seamos honestos- a nadie se le movería un pelo, porque los burócratas son los realmente cooptables y los más fácilmente maleables. El problema es el poder y lo que se construye a través de él. Eso es lo que está en cuestión y creo que es mejor decirlo de frente antes que andar recogiendo y haciendo propios los discursos sobrantes de la derecha que tan hábilmente se han asentado en el "sentido común" de la clase media, aún la más progresista o nacional y popular.

Cuando alguno carga las tintas sobre una supuesta dirigencia social con problemas de caja personal para desacreditar el reclamo social usa la misma moneda ideológica que el diario La Nación, acuñada en la desvalorización de los humildes y de sus necesidades.

Algo muy similar es lo que se juega en el ámbito sindical, donde una y otra vez desde este lado de la vereda, los distintos emergentes del descontento de los laburantes son tratados como individuos que atentan contra la unidad del movimiento obrero, cuando lo que realmente está en discusión es la capacidad de representación que mantienen, o no, las estructuras gremiales que colaboraron con el desguace de los 90 y que hoy no están a la altura de las circunstancias. El conflicto de los subtes en Capital, de Kraft en Buenos Aires, o de FIAT en Córdoba tienen la misma raíz, sino no se explica por qué los mismos son motorizados por delegados de base a quienes los asiste largamente la simple justicia de sus reclamos.

No es casual que en nuestra provincia SMATA haya participado mano a mano de cada uno de los ajustes que las automotrices han necesitado para optimizar sus ganancias. No es fruto del azar que la misma dirigencia de Mecánicos que en enero de este año, cuando más de 1000 trabajadores quedaron fuera de las fábricas no se haya movilizado ni una sola vez, pero apenas las aguas bajaron y se calmó el reclamo interno se dedicaron a limpiar los cuerpos de delegados de FIAT expulsando a los más molestos para dejar bien en claro que Rattazzi es quien realmente sostiene al sindicato.

Creo que nadie que sueñe con una Argentina diferente puede estar en contra de la unidad del movimiento obrero, de la multiplicación de las fuentes de trabajo o el desarrollo de más y mejores planes sociales; pero la cuestión central siguen siendo los "cómo" y los "para qué"; porque si estas cosas son solo banderas declamativas funcionales a la cristalización del statuo quo social y político no solo que no le sirven al pueblo sino que serán cuestionados sistemáticamente por éste, sin importar la habilidad de los sofistas destacados a hacernos creer que todo está bien.

1 Comentan sin ponerse colorados:

AntiKK(Antikingkong) dijo...

El sentido común de la derecha esta muy arraigado en la sociedad, tiene muy buena publicidad.-

Ejemplo claro, las empresas del estado, el sentido común derechoso, dice que esas empresas son para déficit, no dan ganancias, pero el sentido real de esas empresas del estado es brindar servicio a donde los privados no quieren invertir por esas cosa del mercado, pero las ventas de estas empresas sabemos que no fue por un tema de que son deficitarias o no, sino es un tema mas complejo, pero salieron con ese "sentido común de mercado" para poder hacer los negociados libremente.-

Otra cosa, el problema es que se esta en contra de todo solo porque lo hace el gobierno K, siempre hay algo, siempre le buscan el pelo al huevo, al igual de los sindicatos y otros movimientos sociales, en este caso el sentido común derechoso dice que son todos vagos, así habla el dueño de una multinacional donde los trabajadores son un número que pueden engrosarlo o mermarlo según como quiere su bolsillo, pero mucha gente se expresa como si fuera ese dueño de multinacional.-

PD: esto no significa que no haya algunos aprovechadores, corruptos o ñoqui, los hay en todos lados, el sistema en general esta muy sucio de hace mucho tiempo, ese es el famoso "salvase quien pueda".-