Hace unos días atrás afirmábamos con total desparpajo e ingenuidad que las aguas entre la Nación y la Provincia de Córdoba se habían calmado al menos por el tiempo que duraran los calores estivales. Lejos estábamos de darnos cuenta lo equivocado de nuestro augurio porque la situación de Córdoba es tan desesperada que los millones de pesos recibidos en estas últimas semanas representaron un paliativo tan pequeño que fueron absorbidos al instante por una voraz esponja de necesidades urgentes.
Por eso Schiaretti salió ayer a agitar de nuevo el fantasma de los bonos, a los que con el sarcasmo de los liberales convencidos han bautizado como "Leales" y que ya contarían -según el diario La Nación y otros medios- hasta con presupuesto de impresión.
Así la soga volvió a tensarse y la amenaza de reinstalar los pagos provinciales con papel pintado es la (cuasi)moneda de moda entre los despachos oficiales de uno y otro lado. Schiaretti, con su experiencia como economista, sabe que éste momento en que el gobierno nacional despliega distintas estrategias destinadas a preparar el terreno para retornar al los mercados de crédito internacionales, la amenaza de inundar a Córdoba con bonos opera como un cuchillo en las costillas de Boudou, quien por un lado debe mantener su mejor cara de poker pero por otro aceptar que la mano no le es del todo favorable y pagar silenciosamente la apuesta del gobernador.
Pero este es solo uno de los hilos del nudo que ata a los protagonistas institucionales de toda esta historia porque -como ya dijimos y a riesgo de ser reiterativos- Schiaretti juega con fuego sabiendo que gana puntos cada vez que cascotea a La Rosada y se muestra como víctima, pero por otro lado no puede abusar de este recurso sin que le corten el chorro o pague el costo de aparecer como demasiado débil; tampoco puede ser sincero y adjudicar el desmadre económico a su antecesor (De la Sota) sin afectar el delicado equilibrio de alianzas locales que sostiene a su administración... o admitir que en el fondo la "pesada herencia del pasado" es la mejor definición para caracterizarse a si mismo.
A esta hora, promesas de pago mediante, la piola parece laxa otra vez, pero en la memoria quedan las justificaciones que esgrimió el gobernador para renovar su amenaza, diciendo por ejemplo que a los "cordobeses no se les puede pedir más sacrificios" como si pagar con bonos no significase continuar perjudicando a la gente que menos tiene para sostener un modelo de gestión que está más chau que hola.
Ya sabemos, porque lo hemos vivido con Mestre y De la Sota que en estas situaciones los que más sufren son justamente los trabajadores del estado, los jubilados provinciales, los pequeños comerciantes y toda la gente que de una manera u otra está vinculada a la provincia. Ya vimos en el pasado a los usureros ganar fortunas y a las grandes cadenas de supermercados hacer su negocio con los intereses. Ya supimos ver a gente vinculada al ejecutivo traficando bonos de series paralelas para afianzar sus fortunas o robar para la corona.
Todo eso ya lo pasamos, lo comprendimos y lo repudiamos porque más allá de que efectivamente el gobierno nacional no ha respondido ni en tiempo ni en forma a los compromisos asumidos con Córdoba, también es cierto que el festival de corrupción neoliberal que vivimos desde hace años en nuestra provincia ha privilegiado a unos pocos y ha saqueado al erario público, privándolo de ingresos genuinos.
Ahora que la bola de nieve se hace cada vez más grande, lo preocupante es que no se ven en el horizonte cercano las alternativas políticas que pongan en pie un proyecto superador que sea capaz de detener el alud o por lo menos fogonear la esperanza de que existe alguna posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas.
Por eso Schiaretti salió ayer a agitar de nuevo el fantasma de los bonos, a los que con el sarcasmo de los liberales convencidos han bautizado como "Leales" y que ya contarían -según el diario La Nación y otros medios- hasta con presupuesto de impresión.
Así la soga volvió a tensarse y la amenaza de reinstalar los pagos provinciales con papel pintado es la (cuasi)moneda de moda entre los despachos oficiales de uno y otro lado. Schiaretti, con su experiencia como economista, sabe que éste momento en que el gobierno nacional despliega distintas estrategias destinadas a preparar el terreno para retornar al los mercados de crédito internacionales, la amenaza de inundar a Córdoba con bonos opera como un cuchillo en las costillas de Boudou, quien por un lado debe mantener su mejor cara de poker pero por otro aceptar que la mano no le es del todo favorable y pagar silenciosamente la apuesta del gobernador.
Pero este es solo uno de los hilos del nudo que ata a los protagonistas institucionales de toda esta historia porque -como ya dijimos y a riesgo de ser reiterativos- Schiaretti juega con fuego sabiendo que gana puntos cada vez que cascotea a La Rosada y se muestra como víctima, pero por otro lado no puede abusar de este recurso sin que le corten el chorro o pague el costo de aparecer como demasiado débil; tampoco puede ser sincero y adjudicar el desmadre económico a su antecesor (De la Sota) sin afectar el delicado equilibrio de alianzas locales que sostiene a su administración... o admitir que en el fondo la "pesada herencia del pasado" es la mejor definición para caracterizarse a si mismo.
A esta hora, promesas de pago mediante, la piola parece laxa otra vez, pero en la memoria quedan las justificaciones que esgrimió el gobernador para renovar su amenaza, diciendo por ejemplo que a los "cordobeses no se les puede pedir más sacrificios" como si pagar con bonos no significase continuar perjudicando a la gente que menos tiene para sostener un modelo de gestión que está más chau que hola.
Ya sabemos, porque lo hemos vivido con Mestre y De la Sota que en estas situaciones los que más sufren son justamente los trabajadores del estado, los jubilados provinciales, los pequeños comerciantes y toda la gente que de una manera u otra está vinculada a la provincia. Ya vimos en el pasado a los usureros ganar fortunas y a las grandes cadenas de supermercados hacer su negocio con los intereses. Ya supimos ver a gente vinculada al ejecutivo traficando bonos de series paralelas para afianzar sus fortunas o robar para la corona.
Todo eso ya lo pasamos, lo comprendimos y lo repudiamos porque más allá de que efectivamente el gobierno nacional no ha respondido ni en tiempo ni en forma a los compromisos asumidos con Córdoba, también es cierto que el festival de corrupción neoliberal que vivimos desde hace años en nuestra provincia ha privilegiado a unos pocos y ha saqueado al erario público, privándolo de ingresos genuinos.
Ahora que la bola de nieve se hace cada vez más grande, lo preocupante es que no se ven en el horizonte cercano las alternativas políticas que pongan en pie un proyecto superador que sea capaz de detener el alud o por lo menos fogonear la esperanza de que existe alguna posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas.




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