Hace apenas unas horas el presidente de Brasil, Lula Da Silva, anunció en Montevideo que el senado de su país votará a favor de la incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercosur a partir de este mismo miércoles. De esta forma se cae una de las más duras barreras que había encontrado la iniciativa y después de casi dos años de idas y vueltas se realiza un avance substancial en la integración regional que ahora solo espera que el congreso paraguayo se expida en el mismo sentido.El hecho es destacable porque implica que en poco tiempo se abrirían las puertas para incorporar al Mercosur a una de las potencias petroleras mundiales y se daría una señal muy clara hacia afuera de la región de que el camino elegido desde ya hace unos años por las distintas administraciones de los países integrantes del bloque está transformando a esta herramienta comercial en un espacio autónomo para proyectar políticas comunes de desarrollo.
No caben dudas por otra parte que este enorme paso debe ser acompañado de discusiones cada vez más profundas sobre las distintas asimetrías que una y otra vez amenazan con romper una siempre tensa y trabajosa armonía, pero es bueno tener en cuenta que han sido justamente esos chisporroteos y las negociaciones ulteriores las que en más de una oportunidad sirvieron para templar la determinación de continuar avanzando en un camino inédito pero profundamente arraigado en nuestras historias nacionales.
Por otra parte el anuncio de Lula no va a ser visto desde los EE.UU. con mucho agrado porque al sur del sur se consolida un modelo distinto al propuesto desde el corazón del imperio; modelo que es respaldado por economías que supieron soportar la crisis global dejando de lado el grueso de la políticas económicas ortodoxas, abjurando del FMI, reforzando sus democracias y encima apoyado en un potencial humano y de recursos naturales difícil de equiparar.
Los desafíos que se vienen seguramente serán muy complejos y si bien la discusión sobre los términos de intercambio estarán el centro de las miradas, hoy es muy claro que lo determinante caminará por el campo de lo político. Las bases yanquis en Colombia, el golpe en Honduras, la resistencia de las oligarquías locales y de los intereses económico-financieros transnacionales que reciclan permanentemente paradigmas cada vez más sofisticados de neocolonialismo, adquirirán mayor peso a la hora de tratar de embarrar la cancha. Por eso se hace imprescindible informar a nuestros pueblos sobre la profundidad de los alcances de la integración y como esta repercutirá tarde o temprano en más y mejores empleos para todos, salud, educación, independencia y soberanía popular.



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