Estos movimientos fueron alentados desde Buenos Aires en vistas de que Giacomino es uno de los pocos dirigentes políticos cordobeses con predicamento ejecutivo y alto perfil que se declara abiertamente kirchnerista y a través de él se busca no solo un canal de llegada hacia los cordobeses de la capital, sino también nuclear los sectores políticos K no pejotistas que han quedado debilitados y dispersos, en vistas de presentar una lista para las próximas elecciones.
Evientemente han quedado para la prehistoria las jornadas en que Giaco hacía frente común con Luis Juez denunciando el fraude que le permitió al actual gobernador llegar a la Casa de las Tejas y ahora en cambio hasta ha renovado los abrazos con el Pichi Campana a quien tildara de traidor en los lejanos días en en que el ex basquetbolista aspiraba con romper el Frente Cívico y presentarse como candidato K de la mano de Ricardo Jaime.
En estas semanas, con varios millones de pesos prometidos por la Provincia y por la Nación, el intendente de Córdoba se apresta a enfrentar un doble desafío. Por un lado tiene una pulseada muy fuerte con el SUOEM (el Sindicato de Municipales) que pide un aumento salarial que el ejecutivo no otorgará facilmente. Y por otra parte se encuentra ante el desafío de llevar a cabo una obra pública intensa cuyo norte está puesto en octubre.
Para alcanzar sus metas ha purgado el municipio de funcionarios juecistas y los ha reemplazado por diferentes personas de los más variados orígenes pero donde prevalecen varios sin experiencia de gestión y también viejos conocidos, especialmente radicales de las administraciones de Mestre y Martí, quienes vienen precedidos de una supuesta fama de "ejecutividad" y que son los principales promotores de enfrentar y domesticar definitivamente al SUOEM, organización a la que ven como el enemigo principal ya que ni Ramón Mestre (p) ni Rubén Martí consiguieron en su momento doblarle el brazo al sindicato.
Estas incorporaciones en puestos claves, han desencadenado otra crisis este fin de semana, ya que Libres del Sur, que tenía varios funcionarios en distintas áreas, ha decidido renunciar y tomar distancia de la actual gestión. Esto debilita a Giacomino porque marca la molestia cada vez más notoria, incluso de varios de sus allegados más cercanos, frente a las relaciones cuasi carnales entre el intendente y el gobernador, que incluyen una serie de sobreactuaciones cuyo fin pareciera no ser otro que tratar de potabilizar la imagen del PJ y retornar lo más rápidamente posible al sistema bipartidista que nos entregara próceres de la calaña de Angeloz o De la Sota.
En ese marco uno de los objetivos declarados de los acuerdos entre el gobernador y el intendente es llegar a los barrios más humildes con planes comunes, pero más allá de las buenas intenciones declaradas, ambos actores necesitan reforzar su inserción social ya que ninguno de los dos tiene algún tipo de aparato -que no sea el del estado- para desembarcar allí. Giacomino ya no cuenta con el apoyo del Partido Nuevo y Schiaretti ha tenido problemas para sumar a muchos de los punteros capitalinos del PJ (alineados con De la Sota) o recuperar a los que todavía responden a la concejal Olga Riutort (que recordemos sacó más votos que el propio candidato oficial del justicialismo). Esta movida entonces es también estratégica porque sería muy voluntarista pensar en enfrentar al juecismo de manera efectiva con una buena campaña mediática pero sin gente por abajo.
En el frente institucional, los interrogantes que se abren son grandes, porque es imposible cumplir con un ambicioso plan de obras en algo más de 7 meses sin contar con el apoyo de los trabajadores municipales quienes son finalmente los que lubrican u obstruyen las distintas etapas burocráticas de cualquier proyecto de obras o pago a proveedores y prestadores. Además la experiencia indica que -más allá de la euforia del círculo íntimo de Giacomino- entre la promesa de fondos frescos, su llegada efectiva y su implementación suele existir tanto tiempo y tantos vericuetos de oficina (nacionales y provinciales), que no se puede confiar exclusivamente en los mismos para poner a funcionar una gestión que se equivocaría fiero si decide que su principal "obra" sea en esta etapa entrar en una confrontación gremial sin fin.
Pero para comprender mejor esto no estaría mal aclarar algunos datos, a saber:
1- El SUOEM está alineado con el juecismo y se piensa que es la llave que puede detonar la administración giacomista.
2- Varios de los funcionarios de pasado radical y elegidos por Giacomino para puestos claves, son empleados de planta históricamente enfrentados al gremio y desgraciadamente a veces pareciera que ese encono es más fuerte que la voluntad política de dinamizar la gestión.
3- La filosofía de Giaco no es precisamente la del diálogo con los laburantes y hay una fuerte presión mediática que alterna el clásico gorilismo anti sindical con constantes requerimientos para que la Municipalidad atienda con mayor rapidez los problemas de la ciudad. Y el intendente está tan metido en resolver este falso dilema que pareciera tener más relevancia mostrar que se le van a descontar los días de paro a los trabajadores que remarcar con doble subrayado el haber puesto a funcionar una empresa estatal de recolección de basura de forma bastante eficiente.
Si esta lógica perversa sigue consolidándose en los hechos, el actual intendente puede enfrentarse a la paradoja de contar con un importante volumen de plata pero no poder volcarla de forma rápida y ejecutiva sobre la ciudad.
Como dice el dicho: Dios le daría el pan y él no contaría con los dientes.


























