Redes sociales

22 febrero 2010

Fabricando un mostro


Desde hace varias semanas el destino de Sebastián García Díaz, secretario de Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico de Córdoba, pende de un hilo y esto es noticia casi diariamente. Es que después de haber presentado un informe sobre el avance del narcotráfico, el aumento en el consumo de estupefacientes y de haber denunciado la favelización de la provincia, funcionarios lenguaraces (fuentes oficiosas les decían antes), entreviendo un claro cuestionamiento al ejecutivo, dejaron trascender que Sebastián tenía los días contados en su cargo.

A partir de ese momento su aparición en los matutinos y programas radiales locales se multiplicó hasta el cansancio, presentándose como víctima y casi - casi como un eficiente servidor público cuya tarea molestó en alguna insondable medida el poder de los narcos.

Pero ¿cuáles son los méritos reales de García Díaz? Desde este blog varias veces lo tuvimos como protagonista de algunos posts, pero no justamente a partir de acciones efectivas sino como muestra de las enormes carencias que sufren sectores importantes de la administración pública.

No es malo recordar que la llegada del referente del partido Primero la Gente estuvo encuadrada en un acuerdo político destinado a sumarle votos por derecha a los candidatos de Unión Por Córdoba (PJ) y que desde el vamos se encontró con una repartición (si se le puede dar ese nombre) carente de presupuesto, casi sin empleados, sin oficinas ni muebles, ni computadoras ni fax. De hecho esta inopia presupuestaria se mantuvo durante 6 (seis) meses hasta que La Voz del Interior publicó una nota haciendo referencia a esta situación.

En el medio García Díaz se movió mediáticamente presentando iniciativas que no fueron muy bien recibidas a nivel popular, como por ejemplo aquella idea de crear redes de adolescentes que denunciaran a sus compañeros y/o amigos adictos, etc. En ese camino chocó varias veces con el Jefe de Policía quien tardó varias semanas en recibirlo y últimamente terminó enfrentándose a algún fiscal que desestimó sus denuncias por "carentes de pruebas".

Ahora, cuando todo parecía que su destino era desaparecer de la escena política bajo un manto piadoso de silencio encontró, gracias a la torpeza de alguno de sus contratantes, la posibilidad de ponerse una medalla jugando el rol de víctima y tomando impulso para potenciar alguna futura candidatura. Y a esta carta la juega con mucha habilidad una y otra vez frente a cada entrevistador que enfrenta, incluso reforzándola con frases como "el problema no es el mensajero sino el mensaje...". De esta forma, conciente o inconcientemente, varios periodistas le dan una mano a Sebas y de paso juegan como difusores de una operación cuyo destino final es cualquiera menos la lucha efectiva contra las adicciones.

De golpe -y si maneja bien el barco- la derecha provincial que hace años había perdido sus referentes naturales fagocitados por el menemismo delasotista, tendrá a alguien que mostrar para soñar con mejorar sus últimas performances electorales. Seguramente esta tarea no será sencilla en especial porque Sebastián tienen menos carisma que un adoquín y encima se había presentado como un representante local del macrismo, referencia política hoy bastante golpeada y -literalmente- con el agua al cuello.

Dejando de lado estas consideraciones, personalmente creo que toda esta desgraciada comedia desnudó desde el inicio lo poco que le importan realmente al gobierno de Córdoba los temas vinculados al narcotráfico y la drogadicción ya que en líneas generales los problemas sociales como éste lo tienen sin cuidado, incluso hasta tengo la mala espina de que son funcionales al desarrollo de la gestión, porque sino no se explica porque nombraron a un nabo de esta envergadura para atender semejante problemática.

Por eso es bueno no dejar de decir que mientras Schiaretti y García Díaz se entretienen en juegos de palabras y chicanas a granel, en los barrios humildes de Córdoba el alcohol y las drogas hacen estragos enfermando a miles de pibes y condenándolos a una existencia miserable. Y a esta realidad muy difícilmente se la pueda cambiar si la política es vista por sus protagonistas solo como un enorme negocio donde la vida humana es apenas una mercancía de escaso valor.

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