José Palazzo y el duro oficio de ser empresario "con onda" (Foto de La Voz del Interior)
Ayer tuve la oportunidad de ver un segmento del programa "Infrarrojo" que conduce Max Delupi por Canal 10. Allí le hicieron un reportaje al empresario cordobés de espectáculos José Palazzo, bastante conocido a nivel nacional por ser quien produce desde hace ya varios años muchos shows musicales y en particular el Cosquín Rock. Además Palazzo es director de la emisora local de la Rock & Pop.
En principio el reportaje de Delupi estaba orientado a conocer más del próximo "Cosquín..." pero de entrada Palazzo recibió una llamada por una entrevista pautada con Gillespie para la R&P de Buenos Aires; como la cámara estaba prendida y al empresario le tentó dejar constancia de que periodistas porteños requieren su opinión, parte de la misma fue televisada.
Ahora bien, Gillespie estaba principalmente interesado en saber cual era la opinión de Palazzo como operador provinciano de la R&P en referencia a la aplicación de la nueva Ley de Medios que conllevaría la "desaparición" de varios pesos pesados porteños de la grilla local de la emisora. José, muy ligado al mundo de las comunicaciones ya que su padre fue titular de una de las empresas de cable más importantes de Córdoba, dijo que estaba estudiando el asunto y que alguna vuelta se le podría encontrar, su expresión exacta sobre la cuestión fue: Hecha la ley, hecha la trampa.
Las alternativas que manejaba Palazzo ante la imposibilidad legal de seguir emitiendo en cadena y en directo la programación porteña eran dos:
a) Comenzar a re-transmitir en "diferido", con tres o cuatro minutos de diferencia con la señal original.
b) Presentar un amparo ante la justicia y alargar el asunto por mucho, mucho tiempo.
Las dos posibilidades implican necesariamente una trampa que garantiza que se viole el espíritu de la normativa orientada a poner como prioridad los contenidos y profesionales locales. El argumento para la popu que esgrime el empresario es "Cómo voy a privar yo al público de Córdoba a escuchar a alguien como Pergolini", cuando en realidad de lo que se trata es de comprar y revender un producto listo, probado y terminado, que rinde económicamente muy bien con riesgo cero.
En este punto se me ocurrió la primera observación porque antes de proclamar livianamente una suerte de censura sobre los conductores radiales de la Capital, habría que preguntarse cuántos profesionales capacitados de Córdoba no tienen aire porque durante décadas la legislación anteriormente vigente favorecía el centralismo y la concentración de los medios.
Por otra parte hay dos cuestiones que me hacen mucho ruido sobre la Rock & Pop cordobesa. La primera, es que durante años y evidentemente como línea empresarial destacable, la radio tuvo al menos un 50% de producción local, con resultados a veces desparejos, pero que a la larga conllevó la consolidación de programas muy bien realizados y con buena audiencia. Lo segundo es que como contracara de esto, e incluso oponiéndose claramente a la supuesta defensa del consumidor que realiza Palazzo -quien de golpe levanta la bandera de "No censuren a Mario"- no se puede dejar de acotar críticamente que el programa Cheque en Blanco de Alfredo Zaiat es censurado permanentemente por la emisora de las formas más burdas: muchas veces los sábados la radio comienza a transmitir a las 11 cuando el programa terminó, segmentos enteros sufren estratégicos cortes y largos silencios, en determinadas investigaciones se coloca pauta publicitaria propia mutilando los textos y haciendo perder el hilo de los hechos, etc.
Estos cortes y superposiciones nunca fueron aclarados ni por la empresa ni por el director de la radio y a los oyentes solo nos queda la opción de seguir la emisión por internet que nunca tiene ninguno de los problemas descriptos. Supongo que la idea de José ante un programa con el que discrepa ideológicamente debe ser la misma con que decidió describir su accionar frente a una ley votada por el Congreso de la Nación: Hecha la ley, hecha la trampa y sin mediar más explicaciones lo corta o lo llena de problemas técnicos que le hacen perder audiencia.
Creo que la nueva ley poco a poco va abriendo debates y proponiéndonos nuevos paradigmas. Repensar los medios de comunicación en clave cordobesa, tomar conciencia de que muchos tipos llegan hasta nuestros receptores no porque sean buenos sino porque son un buen negocio que acuerda con la línea política del empresario a cargo, es un arranque. Ahora hay desafíos muy complejos por delante, como por ejemplo priorizar la calidad de lo local teniendo en cuenta que a partir de de este momento es el producto principal y no el relleno. Empujar fuerte para que quienes pautan comercialmente sin problemas cuando se trata de "figuras nacionales" ahora lo hagan con periodistas y conductores del medio y por sobre todas las cosas dejar de llorar sobre la violación de los supuestos derechos adquiridos propios mientras se cercerna el derecho de expresión de terceros.
En principio el reportaje de Delupi estaba orientado a conocer más del próximo "Cosquín..." pero de entrada Palazzo recibió una llamada por una entrevista pautada con Gillespie para la R&P de Buenos Aires; como la cámara estaba prendida y al empresario le tentó dejar constancia de que periodistas porteños requieren su opinión, parte de la misma fue televisada.
Ahora bien, Gillespie estaba principalmente interesado en saber cual era la opinión de Palazzo como operador provinciano de la R&P en referencia a la aplicación de la nueva Ley de Medios que conllevaría la "desaparición" de varios pesos pesados porteños de la grilla local de la emisora. José, muy ligado al mundo de las comunicaciones ya que su padre fue titular de una de las empresas de cable más importantes de Córdoba, dijo que estaba estudiando el asunto y que alguna vuelta se le podría encontrar, su expresión exacta sobre la cuestión fue: Hecha la ley, hecha la trampa.
Las alternativas que manejaba Palazzo ante la imposibilidad legal de seguir emitiendo en cadena y en directo la programación porteña eran dos:
a) Comenzar a re-transmitir en "diferido", con tres o cuatro minutos de diferencia con la señal original.
b) Presentar un amparo ante la justicia y alargar el asunto por mucho, mucho tiempo.
Las dos posibilidades implican necesariamente una trampa que garantiza que se viole el espíritu de la normativa orientada a poner como prioridad los contenidos y profesionales locales. El argumento para la popu que esgrime el empresario es "Cómo voy a privar yo al público de Córdoba a escuchar a alguien como Pergolini", cuando en realidad de lo que se trata es de comprar y revender un producto listo, probado y terminado, que rinde económicamente muy bien con riesgo cero.
En este punto se me ocurrió la primera observación porque antes de proclamar livianamente una suerte de censura sobre los conductores radiales de la Capital, habría que preguntarse cuántos profesionales capacitados de Córdoba no tienen aire porque durante décadas la legislación anteriormente vigente favorecía el centralismo y la concentración de los medios.
Por otra parte hay dos cuestiones que me hacen mucho ruido sobre la Rock & Pop cordobesa. La primera, es que durante años y evidentemente como línea empresarial destacable, la radio tuvo al menos un 50% de producción local, con resultados a veces desparejos, pero que a la larga conllevó la consolidación de programas muy bien realizados y con buena audiencia. Lo segundo es que como contracara de esto, e incluso oponiéndose claramente a la supuesta defensa del consumidor que realiza Palazzo -quien de golpe levanta la bandera de "No censuren a Mario"- no se puede dejar de acotar críticamente que el programa Cheque en Blanco de Alfredo Zaiat es censurado permanentemente por la emisora de las formas más burdas: muchas veces los sábados la radio comienza a transmitir a las 11 cuando el programa terminó, segmentos enteros sufren estratégicos cortes y largos silencios, en determinadas investigaciones se coloca pauta publicitaria propia mutilando los textos y haciendo perder el hilo de los hechos, etc.
Estos cortes y superposiciones nunca fueron aclarados ni por la empresa ni por el director de la radio y a los oyentes solo nos queda la opción de seguir la emisión por internet que nunca tiene ninguno de los problemas descriptos. Supongo que la idea de José ante un programa con el que discrepa ideológicamente debe ser la misma con que decidió describir su accionar frente a una ley votada por el Congreso de la Nación: Hecha la ley, hecha la trampa y sin mediar más explicaciones lo corta o lo llena de problemas técnicos que le hacen perder audiencia.
Creo que la nueva ley poco a poco va abriendo debates y proponiéndonos nuevos paradigmas. Repensar los medios de comunicación en clave cordobesa, tomar conciencia de que muchos tipos llegan hasta nuestros receptores no porque sean buenos sino porque son un buen negocio que acuerda con la línea política del empresario a cargo, es un arranque. Ahora hay desafíos muy complejos por delante, como por ejemplo priorizar la calidad de lo local teniendo en cuenta que a partir de de este momento es el producto principal y no el relleno. Empujar fuerte para que quienes pautan comercialmente sin problemas cuando se trata de "figuras nacionales" ahora lo hagan con periodistas y conductores del medio y por sobre todas las cosas dejar de llorar sobre la violación de los supuestos derechos adquiridos propios mientras se cercerna el derecho de expresión de terceros.



7 Comentan sin ponerse colorados:
Decir que se le niega al público "el derecho a escuchar a Pergolini", y que pase de largo... uy, dio, es casi una derrota cultural...
Lo que me parece es que con ley, sin ley, con trampa o sin trampa, nadie pensó en el "escuchante" de radio. Tengo esa sospecha.
Slds.
Anahí: En cierta forma yo soy un fanático de la radio y me gusta escuchar de todo un poco y reconozco que aunque hay muchos programas que no me cuadran del todo, es innegable que están bien hechos, el de Pergolini es uno de esos.
Por otra parte la existencia de la ley y de las trampas no son indiferentes porque justamente se están tocando muchos negocios que deberán reinventarse para seguir existiendo. En ese sentido los empresarios de los medios tratan de imponernos su criterio comercial como si en realidad fuese un derecho ciudadano consumir programación chatarra o productos 100% porteños porque son más baratos y rendidores.
Convencernos de eso es central para ellos porque somos los oyentes lo que ellos venden a los anunciantes y hay que mantenernos cautivos.
Tux, yo no niego que Pergolini haga buenos programas, y es obvio que a esta altura tiene oficio el hombre. Pero me da la impresión que es un "formato", como yo lo veo, muy de "distrito federal"... no sé, quizá me equivoque.
Por otro lado, no sé si usté sabe que Radio Nacional Córdoba no transmite más a Pesoa (prócer), y el hombre se ha hecho cordobés desde hace rato.
Hay sin duda movidas con lo de la ley -algunas bastante raras-, pero no sólo de los empresarios. Y los "escuchantes" (es mi caso también) me parece que nos quedamos mirando como pasa la pelotita. Eso digo.
Cautivos, tal cuál. Habrá que armar un sindicato o algo así =P
Slds.
PS: le dejo esta intesante info.
http://seniales.blogspot.com/2010/02/concurso-express.html
Slds
Anahí: Gracias por el enlace, muy interesante y lo de Pesoa también, aunque sobre Quique tengo una opinión que me reservo.
Me parece que por ahí lo que habría que hacer es generar las condiciones para que los "privados" se maten entre ellos, y generar un sistema de medios públicos o semi públicos que les haga un contrapeso que la sociedad empiece a sentir como más propio.
Vengo de Brasil, donde en mis vacaciones enganché una radio FM (FM Itapema, para mayor información) que pasaba muy buena música. Casi nada más que eso. Todos los días alrededor de las 19.00 emitía una especie de informativo oficial en el que generalmente en algún segmento se escuchaba a Lula diciendo alguna cosa. Durante el día también se escuchaba alguna otra noticia oficial, y todo el día había campañas de bien público.
En fin, creo que hay que buscar maneras creativas de encarar el problema.
L! creo que parte de la cosa pasa por ahí, en el sentido de afianzar un concepto de medio público metido entre la gente. Es medio difícil porque tenemos muy enraizado el concepto de público = gubernamental.
Por otra parte que los privados "se maten entre si" tiene un inconveniente: la lógica capitalista va a permitir que sobrevivan solo los peces más gordos y más concentrados, por lo que me parece que para garantizar la pluralidad, aún dentro del ámbito privado, el estado tiene un rol grande que jugar como lo establece la nueva legislación.
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