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27 abril 2010

Cívico Militar

Con la caída del indulto de Martínez de Hoz una nueva puerta se empieza a abrir para la búsqueda de verdad y justicia.

Si finalmente los tribunales dan vía libre a las diferentes causas que el ex ministro de economía de la dictadura tiene pendientes sobre su cabeza quizás éste sea un paso muy firme y trascendente para comenzar a revelar la profundidad y extensión de las complicidades civiles que tuvo el genocidio en nuestro país. Complicidades que trascendieron al acompañamiento o al asesoramiento sino que plantearon desde el principio una comunidad de intereses, metodologías y objetivos.

Martínez de Hoz y los suyos, representantes de la oligarquía argentina pero también testaferros de entramado económico internacional encarnan el poder real que tiraba de cada gatillo y lanzaba a los Grupos de Tareas a secuestrar y matar dirigentes gremiales, delegados de fábricas, militantes barriales, estudiantes y Madres de la Plaza. El plan económico que idearon a imagen y semejanza de lo enseñado en los claustros de Chicago precedía e impulsaba los chupaderos y la tortura, por eso que estos personeros de la destrucción nacional empiecen a ver con preocupación que deberán rendir cuentas de sus actos ante los jueces es una noticia que debe llenarnos de satisfacción y expectativas.

Sin embargo hay que estar preparados porque a diferencia de los militares y policías juzgados recientemente, buena parte de sus cómplices civiles mantienen cuotas de influencia intelectual y política sobre el aparato económico y judicial del país, al punto que no es para nada raro verlos pavonearse en distintos ámbitos vinculados al poder.

Sin ir más lejos hace pocos días alguien como el legislador provincial Aroldo Senn, sobre quien recaen serias acusaciones de haber sido un infiltrado dentro del peronismo revolucionario y de haber presenciado torturas en centros clandestinos de detención (Causa del ex Juez Victor Brusa) pudo -en un acto reciente en el interior de Córdoba- subirse hasta el palco que ocupaban la Presidenta Kirchner y el gobernador Schiaretti para saludarlos afectuosamente a ambos, en un despliegue obsceno de audacia e impunidad. Probablemente Cristina no sabía quien era esa persona que buscaba sus palmadas, pero Schiaretti si ya que Senn fue funcionario de su gestión y, hasta hace muy poco, una de sus principales espadas en la legislatura, rol del que fue desplazado al conocerse las denuncias en su contra.

Este ejemplo tan pequeño y provinciano nos alerta sobre los desafíos que se vienen porque buena parte de los funcionarios civiles de la dictadura de todas las áreas (no solo la de "seguridad interior") se instalaron hasta hoy en lugares importantes de la vida del país. Son numerosos los casos de personajes de bajo perfil del "Proceso" que ocuparon alternativamente espacios en los directorios de bancos internacionales o de grandes empresas nacionales o extranjeras. Sobran los sujetos aún en funciones que desde cargos de dirección elaboraban las listas negras de los trabajadores conflictivos tanto en la industria como en el Estado. Y no son pocos los que habiendo sostenido ideológicamente al golpe hoy se presentan como docentes y paladines de la democracia y la república.

Eso si este panorama a nadie puede desanimar o impulsarlos a estar con la guardia baja, porque hasta aquí la cosa jamás ha sido fácil; por eso, sin importar lo complicado que parezca, es casi seguro que más temprano que tarde podremos reconstruir esta parte de nuestra historia de la mano de las persistentes convicciones y de la justicia.

1 Comentan sin ponerse colorados:

Anahí dijo...

"personajes de bajo perfil del "Proceso" que ocuparon alternativamente espacios en los directorios de bancos internacionales o de grandes empresas nacionales o extranjeras."
Sería justicia que quedara más que claro el rol de las corporaciones en la represión de la dictadura y en su misma "razón de ser".
Si este gobierno coadyuva a que eso se logre, yo me hago k, y la empiezo a pelear desde dentro.
Palabra.
Slds.