Redes sociales

15 abril 2010

El Noventismo demuele

En los 90 una expresión se había hecho carne en amplios sectores de la política argentina y rezaba sencillamente así: "El modelo es una aplanadora". El modelo al que se hacía referencia era, naturalmente, el neoliberal que había alcanzado su paroxismo de transformaciones estructurales con el menemismo y que según los agoreros de uno y otro lado duraría entre 3 y 4 décadas.

Frente a semejante topadora ideológica los caminos que se abrieron partieron a la política argentina hasta el día de hoy. Un intenso flujo de dinero corrió dentro del stablishment para captar adhesiones al nuevo esquema económico y social, al punto de que algunos economistas -como Eduardo Basualdo- que se han animado a cuantificarlo hablan de más de 3.000 millones de dólares puestos por empresas y bancos internacionales solamente para comprar voluntades en los distintos estamentos del poder.

Expresiones como "diputruchos", "Sobres para periodistas", "Jueces de la servilleta" o "Ley Banelco" tuvieron como telón de fondo justamente ese dinero que operó para generar un esquema corporativo y corrupto donde grandes franjas de los partidos mayoritarios y de la justicia fueron fagocitados por la idea de que la globalización significaba ante todo consolidar una jugosa fortuna personal.

Por fuera de la superestructura del PJ y la UCR, el consenso mayoritario dentro del progresismo y de la centroizquierda era que estábamos frente a un proceso inexorable y que lo mejor era esforzarse para evitar daños mayores, corriéndose del camino de la aplanadora o, mejor aún, treparse a esa maquinaria destructiva para tratar de darle un rostro humano al ajuste, apostando a minimizar los costos sociales del mismo. Un fin loable, aunque de tiro corto e ingenuo, que abonaron discursivamente y en los hechos el Frente Grande, el Frepaso y también parte de la Alianza.

De más está decir que esta forma de entender el sistema se expandió también hacia la sociedad, pero con un gran problema que la limitaría seriamente: había que dejar a mucha gente afuera, demasiada, y aún cuando se minimizaran los daños colaterales los niveles de injusticia se harían tan inmanejables que terminarían estallando, cosa que finalmente sucedió a fines del 2001.

Pero hasta que empezaran a amanecer aquellos 19 y 20 de diciembre la actitud y la contraseña de muchos sectores populares fue "Resistencia". Resistencia en lo diverso y muchas veces en la división, resistencia a las privatizaciones, a los cierres de fábrica, a los ajustes y a las rebajas de sueldo o jubilaciones; resistencia a las mentiras y a los llamados posibilistas a humanizar un modelo salvajemente inhumano. Resistencia fue el desayuno, el almuerzo y la cena de millones que atravesamos esos años con mate cocido, fideos, arroz, algo de queso y pan (cuando había). Resistencia era casi un nombre propio pero también la clave para dar vuelta una página dolorsa y soñar con otra Argentina.

El tiempo pasó, varias cosas mejoraron, otras quedaron igual y unas cuantas se pusieron más rancias; y justamente de esas, de las más rancias, me acordé hoy cuando la alta chimenea de la ex Cervecería Córdoba fundió su columna de ladrillos contra el suelo. El estrépido de su caída fue parecida a la de un trueno perteneciente a un rayo muy distante, un rayo que impactó en el corazón de Barrio Alberdi, allá en los 90 y terminó -como en otros puntos de nuestro país- con una fuente trabajo que nunca más regresó.

Y mientras pienso en esto, veo a cientos de vecinos ofuscados y entristecidos peleándose con la Guardia de Infanteria (que siempre dice presente cuando el neoliberalismo está en operaciones), mientras topadoras amarillas limpian los escombros que el noventismo nos ha regalado hoy, y lo hacen rápido porque muy pronto otro de los negocios inmobiliarios que la gestión Giacomino ha autorizado debe ponerse marcha para tragarse una fábrica y evaporar un pedazo del alma de la ciudad con un complejo habitacional y comercial.

Es el noventismo, estúpido.
Es el estúpido noventismo.

4 Comentan sin ponerse colorados:

bahia ruge dijo...

Voltear chimeneas es un deporte nacional, hasta han volteado gobiernos para despues voltear las chimeneas:

La Runfla dijo...

Bahía: Absolutamente cierto.

Verboamérica dijo...

Lo vi en TN y me acordé de vos... Era un señalador para la memoria.

Tux dijo...

Asi es Verbo, un señalador de la memoria y también del olvido.