Redes sociales

17 mayo 2010

¡¡Azúcar!!

Ahora que se hace difícil encontrar un kilo de azúcar a precio decente y mientras esperamos un par de semanas para que la zafra lance al mercado su producto no está mal tomarse unos amargos y reflexionar aunque sea de refilón, sobre la industria azucarerea para derribar un par de mitos malditos y entreveer algunas respuestas del presente en los males del pasado.

Como muchos saben -otros quizás son demasiado jóvenes- durante los años 60 la dictadura del General Onganía decidió tomar lo que llamaban el "problema azucarero" por las astas y resolverlo definitivamente. El denominado "problema" tenía varios elementos ásperos pero los que comunmente se nombraban más eran:

- La industria era deficitaria y atrasada tecnológicamente.
- Este déficit debía ser cubierto sistemáticamente por el gobierno (protecciones aduaneras y subsidios) o por el consumidor pagando precios altos.
- Tucumán, la provincia azucarera por excelencia, era un polvorín social por los desmanejos de los sus industriales y por el nivel de injusticia social que ellos hacían prevalecer sobre el resto de la sociedad, en especial los trabajadores y zafreros.

Con estos tres ejes la dictadura desembarcó en el noroeste argentino y bajo la excusa de "modernizar" la producción azucarera determinó el cierre de numerosos ingenios. lo que arrastró a Tucumán a una crisis política, económica y social que aún hoy tiene eco en la provincia. Cientos de miles de puestos de trabajo destruidos, decenas de pueblos borrados del mapa, hambre, suicidios, emigración, etc. fueron las consecuencias inmediatas y duraderas de la medida.

Lo que la historia oficial oculta, muchas veces de la mano de visiones pseudo progresistas, es que el ataque a Tucumán fue un ensayo general de lo que luego ocurriría en el país. No es casual que varios de los actores principales del drama económico estuvieran vinculados claramente con empresas concentradas decididas a tomar el control del mercado y que después, en el 76, fueron socias de las Juntas Militares. Ejemplo de esto es la familia Blaquier, quien necesitaba acabar con una buena cantidad de fábricas para que el pool de ingenios que conduce y que encabeza el Ledesma pudiese convertirse en el oligopolio dominante; para ello tenía en su directorio el aporte invalorable de un economista que luego mostraría de lo que era capaz: José Alfredo Martínez de Hoy.

Pero vamos deslindando algunas cuestiones en referencia a los mitos citados. En primer lugar el gran problema de la industria azucarera en los años 60 no eran ni la concentración, ni los latifundios, por el contrario había una buena cantidad de fábricas con dueños diferentes y la tierra estaba en mano de muchísimos pequeños y medianos productores. Esto llevó a que se diera un fenómeno particularmente fuerte: la existencia masiva de cooperativas, tanto de productores como en algunos casos de trabajadores fabriles.

De la misma forma cuando se argumenta sobre el atraso tecnológico de las plantas se omite decir que las primeras empresas que fueron declaradas inviables y enviadas a la quiebra por la ausencia de los reintegros acordados con el gobierno central fueron justamente los ingenios que habían aprovechado los mejores precios internacionales de aquellos años para actualizar su parque de máquinas. También se omite que entre los ingenios más viejos y obsoletos estaba uno de la familia Balquier, el cual jamás fue tocado y siguió produciendo nomalmente... con máquinas tan viejas como la injusticia (o habrá sido al revés, con injusticias tan viejas como sus máquinas).

Por otra parte es interesante anotar que la FOTIA, el siindicato que nuclea a los trabajadores azucareros era uno de los más extendidos y fuertes del país (y no sólo del NOA), además de ser también uno de los puntos de referencia de la resistencia peronista y también del sindicalismo clasista. Por lo tanto el nivel de sobreexplotación o trabajo en negro no estaba descontrolado e incluso era menor al del resto de las producciones agro industriales, aunque es bueno aclarar que la historia nefasta de abusos patronales existentes durante largos períodos del desarrollo de los ingenios no había desaparecido completamente.

Visto de esta forma, el onganiato cuando decide "modernizar" la producción azucarera lo hace siguiendo estas ideas fuerza:
- Desarticulación de las burguesías provinciales (en este caso la tucumana) en favor de empresas monopólicas porteñas.
- Concentración de la tierra y de los medios de producción. Las fábricas cerradas no volvieron a producir nunca más y sus maquinarias fueron compradas a precio vil y como chatarra por Ledesma y otros.
- Liquidación de la FOTIA y precarización laboral. A partir de ese momento los salarios de la industria nunca recuperaron sus niveles históricos.
- Destrucción de la red de cooperativas de productores cañeros y de trabajadores. Esta medida se tomó en consonancia con la idea de concentrar capital y tuvo su correlato en Mendoza con el ataque a las cooperativas de viñateros, en Chaco fundiendo a las cooperativas de algodoneros y la limitación creciente al funcionamiento de la banca mutual / cooperativa que recibió un golpe de muerte en aquellos años para después ser definitivamente enterrada con ley de entidades financieras de Videla y Cia.
- Finalmente, cuando se habla de los subsidios y créditos que "sostenían una industria ineficiente", no se dice que los nuevos subsidios y créditos de la banca estatal fueron absorbidos por las empresas sobrevivientes, quienes gozaron de todos los blaqueos impositivos, incentivos aduaneros y estatización de deudas externas que vinieron después. Incluso una, otra vez los Blaquier, consiguieron que se pusiese a su disposición todo el aparato represivo del estado para en una noche "limpiar" Ledesma del cuerpo de delegados y activistas de su planta, quienes al día de hoy figuran como desaparecidos.

Por todo esto, no es casual lo que sucede hoy con el azúcar, porque su ausencia de las góndolas o su precio exhorbitante es un recordatorio de que aún estamos en manos de una burguesía prebendaria que suele privilegiar sus ventas al exterior -que se pagan en dólares o en euros- y que no tiene el menor prurito de sacar de nuestra mesa un elemento esencial si con ello se garantiza una ganancia extra. En el pasado han hecho cosas peores y no se va a detener ahora por nimiedades.

3 Comentan sin ponerse colorados:

Mariano T. dijo...

Cuando MDH abrió todo a la importación, y se liquidaron las economías regionales, qué sector fue la excepción?
Que origen tenía el secretario de agricultura de MDH, hoy suegro de la realeza europea?
Cuando se hizo el mercosur, cuál fue el único sector primario exceptuado de la competencia brasilera?
El lobby azucarero fue siempre el más eficiente del país.
Por suerte hoy estan dadas las condiciones para un desrrollo capitalista normal del negocio, gracias al etanol.
Y de todos modos, la caña cosechada a mano, y los ingenios a pedal, estan en extinción, el sector va a ser viable sin protección ni subsidios, pero con mucha menos mano de obra.

Tux dijo...

Mariano T: ¿Menos mano de obra que hoy? ¿Ingenios a pedal? Me parece que sus parámetros son sesentistas.
Por otra parte tampoco existe ya el "lobby azucarero", es una cámara controlada por Ledesma y pare de contar.
El etanol no se produce porque Ledesma decidió que no era rentable y de esa forma se dejó de producir la alconafta que funcionaba tan bien en el NOA.
Desde que la Pepsi y otras marcas volvieron al Azúcar descartando la fructosa el mercado azucarero mundial revivió y se abandonó el alcohol en la Argentina.

Anahí dijo...

Azuquita chico! Por suerte, tomo el mate amargo.
Slds.