Redes sociales

05 mayo 2010

El Che según José María Aricó

El texto que coloco más abajo pertenece a José María "Pancho" Arico, alguien que fue identificado siempre como uno de los principales difusores y estudiosos de la obra de Antonio Gramsci en nuestro país, y que, gracias esta obsesión intelectual perdió primero su partido, el PC, que lo expulsó de sus filas y después debió partir al exilio.

Es paradójico -o quizás no tanto- que en 1977 cuando escribió estas líneas como parte de un prólogo, Aricó estaba refugiado en México y que cuando volvió al país con el regreso a la democracia, se transformó en uno de los baluartes de la socialdemocratización que tanto parecía despreciar unos años antes.

De esta forma el posibilismo que caracterizó a buena parte del progresismo durante los últimos 25 años encontró en Pancho y en Portantiero la justificación teórica para la práctica temerosa que dejaba de lado la rebeldía creadora y el legado revolucionario de Gramsci para transformarse en un engranaje ideológico en la búsqueda de la "gobernabilidad".


Hecha esta aclaración y a sabiendas que al Club Socialista estas cosas no le gusta recordar, dejo a continuación las palabras del "Joven" Aricó.

“Queremos reivindicar la figura de un dirigente revolucionario, poseedor de una experiencia no por breve menos rica, de un conocimiento de la teoría no por heterodoxa menos profunda, de una ética no por utópica menos realizable. Queremos mostrar que en su etapa de revolucionario «constructivo» de la nueva sociedad, Guevara supo partir de una concepción clara de lo que se debía y podía lograr y de un conocimiento adecuado de los medios a los que era preciso apelar para conquistarlo.

Es posible que sea aún prematuro pensar en la reconstrucción científica y no apologética del pensamiento de Guevara, y que resulte inevitable la etapa presente de exaltación de su ejemplo, de su intransigencia revolucionaria, de sus esperanzas en un hombre nuevo. Es demasiado profundo el sacudimiento que provocó su presencia en la conciencia de los latinoamericanos y de todos los oprimidos del mundo como para que pueda abrirse paso con facilidad el juicio ponderado y justo de la validez de su acción y de su pensamiento. Pero debemos reconocer que ésta sigue siendo una deuda que todos tenemos con él y con la revolución latinoamericana. Porque no se trata simplemente de ajustar cuentas con un pasado, de arribar a un juicio histórico que nos permita explicar, sin mentirnos a nosotros mismos, el sentido de todo lo que ocurrió.

El Che murió defendiendo la causa de los explotados y de los oprimidos de este continente y del mundo entero, sacrificó su vida en la realización de un proyecto de nueva sociedad que aún debe ser conquistado. Comprender su pensamiento y acción es también analizar los problemas que hace aflorar la revolución aquí y en el mundo, reconocer las dificultades que debe sortear el socialismo para ser real y no formal. En un momento de crisis y de perplejidades, el rescate del Che representa una toma de partido que divide tajantemente las aguas, que define claramente los campos. Adoptar el partido del Che significa reafirmarse en la convicción de que el socialismo y el hombre nuevo siguen siendo objetivos realizables, por los que vale la pena la lucha y el sacrificio.

Cuando se quiere identificar al socialismo con la barbarie y se descree de la capacidad de los hombres de liberarse de las lacras del capitalismo para alcanzar una sociedad sin clases, igualitaria y libre, el pensamiento del Che se revela como el antídoto de la decepción, como esa sabia conjunción de pesimismo de la conciencia y de optimismo de la voluntad que reivindicaba Gramsci como lema de todo revolucionario cabal.

Frente a la socialdemocratización que amenaza disgregar la esperanza socialista en el mundo y empantanarla en una realpolitik devoradora, el ejemplo del guerrillero heroico, del "compañero ministro", del internacionalista sin prejuicios ni chovinismos, del comunista integral, seguirá siendo por muchos años un patrimonio a defender."

Prólogo de la primera edición mexicana de la antología sobre el Che "El Socialismo y el Hombre Nuevo" de José María Aricó

3 Comentan sin ponerse colorados:

El Canilla dijo...

El posibilismo no fué otra cosa que una forma más de los discursos de la derrota. Pero, hoy eso también es un pasado. En el presente vale la pena recordar los valores de "una ética no por utópica menos realizable" y los aportes de Pancho el joven tienen que servir para leer mejor nuestra realidad, no?

Tux dijo...

Hola Canilla, la verdad es que yo no creo que el posibilismo esté desactivado, por el contrario que sigue siendo la impronta de buena parte de la práctica política actual.
En cuanto al joven Aricó, sin dudas su prólogo me hubiera servido mucho en los 90 donde en gran medida explica la forma en que muchos atravesamos esa década, con el Che por delante y con la idea de que nada de lo que cimentaba el liberalismo por aquellos días podía ser eterno.

El Canilla dijo...

Justamente ahí veo la diferencia, Tux, en el hecho de que el posibilismo marcó a toda la política de los 90 y como vos decís ahora, es impronta de una buena parte pero no de toda. Supongo que en el medio hay además una cuestión generacional y que determinadas capas de dirigentes debían surgir y formarse. El ejemplo del heroico,mítico, no debe ocultar la visión sobre el militante, actor colectivo y social, que sufrió esa derrota en forma estructural. De ese lugar veo hoy yo nuevas posibilidades.Pero comparto que debemos estar atentos a no caer de nuevo en esa trampa.