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22 mayo 2010

Grandes pensamientos

Un amigo, que se ve que sigue los informes económicos de la CNN con atención, me decía con mucha agudeza hace 60 días que en realidad no había que preocuparse demasiado por el devenir económico mundial -y su impacto local- porque la crisis global había pasado, las cosas se estaban recomponiendo en los EE.UU. y la Argentina había zafado con relativamente pocos costos. El pronóstico, muy en línea con la palabra autorizada del stablishment, no tenía fisuras, salvo en un aspecto: ninguna de las crisis de estas características han sido históricamente lineales y el rebote europeo al que asistimos ahora era más que previsible, el tema era discernir el momento y el lugar (aunque ya hace tiempo que muchos economistas veían señalando que el eslabón más débil de la cadena estaba en Grecia y en España). De la misma forma las consecuencias en nuestro país no deben ningunearse y se deben seguir con atención; el flojo resultado de la primera etapa del canje de deuda es una señal de alerta que no debe ser minimizada, aún cuando Arcadia, ex socios de Boudou, haya hecho un pingüe negocio.

Bueno, mi amigo la pifió, pero en el momento abonó su perfil de gran pensador y agudo analista de la realidad sin más riesgos que meter la pata hasta el caracú cuando ya nadie se acuerda que su bola de cristal se quedó sin pilas hace rato.

Pero como a estos pensadores de la coyuntura no hay nada que los detenga, mi amigo supo plantear con jocosa acidez (y argumentos prestados) que Pino Solanas era una contradicción política porque no podía ser presidente de la Comisión de Energía de la cámara de Diputados de la Nación cuando su distrito de origen -Capital Federal- no produce ningún tipo de energía. La paradoja es que hoy mi amigo se ha transformado en un jubiloso militante del nuevo proyecto de ley de glaciares enarbolada por Filmus, quien es senador también por la Capital, donde solo hay glaciares en las fotos de las agencias de viajes de Puerto Madero. La chicana está servida en bandeja, pero mejor no entrar en ella.

Todas estas cosas -y algunas más que me reservo- me han hecho pensar que el hilo conductor de todas las ocurrencias de patas cortas que se presentan como grandes pensamientos haciéndose carne y médula de discusiones o debates, no reside ni en Filmus, ni en Solanas; o en cómo la crisis entra en su lógico sube y baja, sino en el vicio que tienen algunas personas de mezclar peras con adoquines con el solo fin de alcanzar una justificación del momento totalmente sosa y finalmente tan contraproducente que se cae sola y por su propio peso sobre la persona que la profiriere.

1 Comentan sin ponerse colorados:

Anahí dijo...

Un resabio típicamente me*emista-caballista-liberal. =[
Slds.