Redes sociales

05 junio 2010

Seguridad democrática

El debate sobre la inseguridad muchas veces se encuentra mediáticamente atrapado entre los que piden "Tolerancia Cero" y los que piensan que con el mejoramiento de las condiciones sociales "naturalmente" el delito va a tender a decrecer.

La realidad ha demostrado que ambas posturas desconocen la esencia de la situación en que está ambarcada nuestra sociedad. Está claro que el autoritarismo y la represión indiscriminada solo conducen al cercenamiento y elitización de las libertades individuales, apoyados en niveles de discrecionanalidad incompatibles con un sistema democrático de justicia social.Pero no hay que perder de vista que confiar en que la solución provendrá solamente del mejoramiento de las variables socio-económicas implica volver a utilizar el falso paradigma liberal de la copa que derrama, dejando de lado el hecho de que la Argentina de hoy deberá atravesar todavía por varias décadas más de crecimiento para terminar definitivamente con la herencia de marginalización social que el neoliberalismo nos dejó.

No es malo recalcar en este punto que abordar la cuestión desde un enfoque meramente economicista es caer en el error repetido de solo mirar al factor pobreza como el causante único de la inseguridad, cuando es evidente que hay otros ingredientes concurrentes y de gran impacto en la problemática y donde el rol del estado es primordial. En este sentido no se puede obviar que la corrupción conjugada desde la política y desde las instituciones policiales están en el centro del asunto, porque es desde esta base que el crimen organizado, el verdadero núcleo duro de la mentada inseguridad, multiplica su impacto social.

Ahora bien, después de haber escuchado a cuanto "especialista" trucho andaba dando vueltas, después de haber modificado leyes de la mano del blumberismo, después de haber bajado la edad de imputabilidad de los menores y agravando algunas penas, después de que todas estas cosas demostraron que poco y nada aportaban al fondo del asunto, es hora de que la sociedad en su conjunto nos empecemos a escuchar para aportar ideas diferentes -y efectivas- a las que ya fracasaron estrepitosamente. Establecer una agenda de prioridades diferentes como se hizo a través de los 1o Puntos de Seguridad Democrática, fueron un buen inicio; pero a esta tarea hay que continuarla y difundirla porque sino lamentablemente el discurso dominante nos va llevar nuevamente por caminos equivocados que profundicen modelos de desigualdad.

En este sentido que al Congreso de la Nación lleguen otras voces a través de audiencias abiertas de la Comisión de Derechos Humanos de Diputados es un paso importante en un camino aún más largo que implica desarmar el andamiaje ideológico que nos llevó a esta situación.

Sobre el tema, aquí les dejo un reportaje a la diputada Victoria Donda (Presidenta de la Comisión de DDHH de la Cámara de Diputados de la Nación) donde explica sucintamente los por qué de la Audiencia pública.

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