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26 junio 2010

Las cosas como son

El 23 de junio, entre las 10 y las 20 hs. en el Salón Regino Maders de la legislatura cordobesa se desarrolló la audiencia abierta para debatir sobre la modificación del Código Civil aprobada en diputados y que espera sanción del Senado de la Nación para permitir el matrimonio de personas del mismo sexo.

El diario La Voz inicia su sintética crónica estableciendo que hubo un "candoroso debate" y yo me pregunto dónde vio el periodista ese candor.

Desde temprano los distintos invitados fueron llegando para hacerse oír, pero no en igualdad de condiciones ya que claramente los organizadores privilegiaron a los oradores puestos por las iglesias, por sobre quienes estaban en contra de la nueva ley.

A pesar de esta desembozada manipulación, uno tras otro los argumentos a favor de una intangible "ley natural", de las referencias a Adán y Eva, a papá y mamá, a dios, al infierno, a la sodomía y a la degeneración chocaron y se desintegraron como arena ante la sencillez de la verdad: todos somos iguales y por lo tanto debemos vivir amparados por los mismos derechos y obligaciones.

Y hasta allí llegó el presidente de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), un flaco de la Franja Morada, con nombre de caudillo de montoneras federales: Facundo Quiroga. El pibe llevaba todo escrito y leyó el comunicado de la FUC donde se manifestaba el apoyo de los estudiantes cordobeses a la ley de matrimonio entre iguales, instando a los representantes de la provincia a avalar la iniciativa. Cuando terminó su lectura, Quiroga hizo algo más, mirando a los presentes agregó: "Además quiero comunicarles algo que muy pocas veces he dicho, y menos aún en público, yo también soy gay".

Entre el público Ramoncito Mestre, quien tiene su voto decidido en contra de la media sanción de diputados, debe haberse sentido incómodo por la confesión de su correligionario porque en su círculo social las condiciones sexuales siguen siendo motivo de vanidad machista o estigma homofóbico.

Por eso y aunque a los radicales conservadores no les guste, hay que decir las cosas como son: Facundo, con su cara de chico y su honestidad a flor de piel, es infinitamente más hombre y más valiente que un senador nacional que ha hecho de la hipocresía una deidad familiar.

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