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15 junio 2010

Peregrinos alfonsineros e interrogantes juecistas

La reciente interna radical bonaerense hasta ahora el único dato claro que ha arrojado es la vistoria de Ricardo Alfonsín, algo que todos aceptan pero que difícilmente pueda ser respaldada en el corto plazo por algún tipo de cifra consistente ya que, como otras tantas veces, la disputa se dirimió en un ambiente de chicanas, padrones inflados y urnas "retocaditas", al punto que los números definitivos esperan la mano de un artista para que los dibuje adecuadamente.

A pesar de ello y de la escasa participación de la que dábamos cuenta hace unos días, indudablemente el resultado de la compulsa ha dejado triunfadores y heridos dentro de la UCR, lo cual lógicamente ha repercutido en una provincia donde el radicalismo ha sido históricamente fuerte. De hecho numerosos dirigentes locales ya se han anotado en la lista de espera del besamanos alfonsinista, pero el dato más curioso es el apresurado viaje a la provincia de Buenos Aires de Miguel Ortiz Pellegrini, quien más rápido que un bombero estuvo en la primera fila de quienes saludaron a Ricardito apenas dos o tres días después de su triunfo.

El tema es que Ortiz Pellegrini fue expulsado de la UCR por su participación en el juecista Frente Cívico, donde por mucho tiempo fue el principal operador de todos los intentos aliancistas con el radicalismo que Luis Juez ensayó antes de las pasadas elecciones.

Desde hace un tiempo Don Miguel cultiva un perfil bajo luego de que debiera renunciar a su banca de legislador por patrocinar como abogado juicios contra la provincia siendo funcionario público; pero eso no le impidió avanzar en el armado cordobés del GEN, agrupación que a nivel nacional lidera Margarita Stolbizer, y desde allí reposicionarse dentro del juecismo, guardando las formas y mostrándose muy poco.

A raíz de esto su acercamiento a Alfonsín abre algunos interrogantes sobre cuál será la estrategia del sector que representa sobre todo teniendo en cuenta que el grueso del radicalismo cordobés ha descartado cualquier alternativa de acercamiento a Luis Juez y a éste no le interesa -por el momento- en lo más mínimo repetir cualquier flirteo con Aguad o Mestre.

Pero el viaje de Ortiz Pellegrini tiene un plus extra porque evidentemente pone en tela de duda cuál será el alcance del acuerdo entre Juez y Solanas -si eventualmente se concreta-, en especial porque al desengancharse las elecciones provinciales de las nacionales el impacto de los alineamientos generales tiende a difuminarse. De hecho Juez ha sostenido siempre que lo suyo es un fenómeno claramente local, por lo que en anteriores oportunidades ha dejado a su tropa en libertad de acción para las presidenciales.

En el otro platillo de la balanza tiene bastante peso que el 2011 es un año signado fuertemente por la elección presidencial por lo cual declararse tácitamente prescindente no sería en principio una opción aceptable sobre todo si la disputa cobra magnitud. En ese marco de todos los candidatos Solanas es con quien Juez se siente más cómodo y mejor relación personal mantiene, el que menos costos políticos le trae dado que Pino tiene buena imagen en Córdoba y a quien más necesita en éste momento para desarrollar una tarea en el Senado con algún tipo de perfil definido; por todo esto cualquier acercamiento a Alfonsín quizás le impondría cierto nivel de efervescencia negativa interna o moverse con menos agresividad ante quienes son sus principales oponentes después de De la Sota, una opción que evidentemente no es para nada cómoda teniendo en mente la -mala- experiencia del 2008.

Como siempre la respuesta a todas estas elucubraciones la tendrá finalmente el propio Luis Juez quien sin ningún apuro, como suele moverse en este tipo de cuestiones, decidirá por motu propio qué hacer y que no.

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