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07 junio 2010

Un poco de antiperiodismo en el Día del Periodista

Como hoy es el Día de Periodista en muchos lugares de la red y por distintas vías florecen los saludos de ocasión, las congratulaciones, las críticas y las lisonjas. De entre todo esto me quedé con dos frases ad hoc.

La primera es de Rodolfo Wlash:
"El periodismo es libre o es farsa"


Y la segunda es de Tomás Eloy Martínez:
"El periodismo no es un acto de narcisismo".

Ahora ¿qué pasa cuando la libertad se esfuma al ritmo del negocio, o la farsa y el narcisimo son la cuerda principal de un periodista? La respuesta quizás la tenga Tommaso Debenedetti, alguien que hizo de la farsa casi un arte y -según él- una forma de protesta contra el sistema. Por supuesto que esta última definición la dió cuando descubrieron que decenas de entrevistas que él decía haber realizado a numerosos intelectuales y políticos del mundo y que vendía a pequeños periódicos italianos, no eran otra cosa que una mentira (impresa, pero mentira al fin).

Las víctimas del embuste eran principalmente los lectores y en menor medida los editores, porque según Tomasso en general sus clientes no preguntaban demasiado sobre cómo conseguía las entrevistas ya que implícitmente sospechaban de su origen. A pesar de ello el periodista freelance se dio el gusto de presentar trabajos donde él se codeaba con figuras como el Dalai Lama, Lech Walesa, Mijaíl Gorbachov, Arthur Miller, Elie Wiesel, Noam Chomsky, Gore Vidal y Joseph Ratzinger entre otros, cobrando unos pocos euros (según él 20, 30 ó 40 según la ocasión) por cada una y desatando alguna polémica local a partir de módicas falsas "revelaciones" picantes.

En una entrevista que le realizara el diario español El País, don Debenedetti explicaba:

Yo quería trabajar honestamente como redactor cultural, pero no había espacio. Iba a las conferencias de prensa, pero nadie me daba entrevistas. Ofrecía críticas y reseñas de actos, pero siempre me decían "eso ya lo cubrimos con nuestros redactores". Así que cambié de método.

El método, era la falsificación pero mezclada también con cierto grado de ensoñación personal y claro de impunidad:

(...) Era apasionante. Por la mañana era profesor, por la tarde hablaba con gente como Arthur Miller, Roth, Gorbachov o el Papa. Les hacía contar su vida entera y las piezas se publicaban, a veces ponían una llamada en primera página y eso satisfacía mi vanidad. Aunque me pagaran solo 30 euros o a veces nada, y jamás me dieran las gracias por mis exclusivas. Eso demuestra que era todo un juego. Todos sabían. Solo que actuaban como si no fueran invenciones: "Tenemos el scoop Exclusiva lo damos, y si nos descubren, no es culpa nuestra sino del freelance".

Los lineamientos editoriales eran frecuentes cuando algún Jefe de Redacción hacía el encargo:

(...) Todo el mundo sabe que los autores dan entrevistas para promocionar sus libros. Mis entrevistas iban más allá, eran casi siempre políticas. Les daba un sesgo de derechas. Me divertía y sabía que esos diarios pedían eso. "Estaría bien que hable mal de Obama", "hazle hablar bien de Berlusconi". Yo obedecía.

Y lo aclara aún más cuando describe la relación con sus clientes:

Con La Repubblica, Il Corriere o La Stampa no probé porque sabía que no funcionaría. Ellos verifican, tienen la capacidad de hacerlo. Decidí probar con Libero por su fidelidad a Berlusconi. Llamé al jefe de Cultura para ofrecer a John Le Carré. El hombre hace sus llamadas -vaya a saber a quién- y me dice que sí. Se lo mando, y sale. Luego les vendo a Roth. Le Carré escribe de la guerra fría, de espías y cosas así; Roth es un hombre de izquierdas. Eso es un dilema para Libero. Pedirle que hable bien de Berlusconi es demasiado -Dijeron: "Hazle decir algo fuerte contra los Nobel, pero que no diga nada contra la línea del diario".

Pero el fondo del asunto queda al desnudo cuando habla de la prensa italiana como una industria cuyos productos están sesgados por la omnipresencia de Berlusconi:

(...) Yo me limitaba a seguir ese juego cómico y trágico a la vez. La falsificación y el sectarismo son los elementos básicos de la información italiana. Sobre todo en la prensa berlusconiana, pero no solo. Todo se construye sobre la base de Berlusconi. O eres amigo o enemigo. Las noticias, las entrevistas, las declaraciones y la censura se deciden con ese criterio. Es un sistema tendencioso que destaca por la ausencia de control.

Como remate -y dando un título excelente- Tommaso dice:
(...) Aquí solo se hace héroe a quien va con el viento, nunca al que critica el sistema o se divierte diciendo la verdad. Jamás seré un héroe, pero seguiré diciendo la verdad. Y sé bien que esto suena extraño viniendo de mí.

La verdad... ¿quién carajo sabe a esta altura cuál es la verdad?

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