Un viejo abonado a este blog, el ex funcionario schiarettista Sebastián García Díaz, a quien conocemos cariñosamente como El Nabo, ha escrito y lanzado un libro con profusa cobertura mediática y extensa publicidad callejera. La magna obra del pequeño dirigente de derecha se llama (suenen pífanos y redoblantes): "Favelización de Córdoba. Droga, poder y burocracia". El texto, orientado a presentar a su autor como un ferreo combatiente contrario a las adicciones, toma como base su corto paso por la administración provincial en una repartición que durante casi toda la gestión no contó ni con presupuesto, ni oficinas, ni computadoras y menos aún de algún proyecto que se ocupara seriamente de una problemática de innegable importancia.
En cambio, la llegada de García Díaz al staff del ejecutivo y su efimera estadía allí es el mejor ejemplo de cómo se faveliza la política, usando determinados espacios del estado -a los cuales el poder de turno considera de segunda categoría- para pagar favores electorales. La política en semejantes manos se vuelve miserable de toda miseria porque con papel pintado, chapas y movidas mediáticas se levanta una fachada endeble que solo da respuestas falsas o precarias a necesidades profundas.
En las promociones y entrevistas que Sebas ha dado para promocionar su producto editorial expresa que al poder no le interesa avanzar en la lucha contra el narcotráfico, y en los afiches que han aparecido en toda la ciudad, él usa la pregunta ¿Por qué las drogas se están apoderando de Córdoba? Y frente a semejante interrogante pleno de hipocresía no me queda otra que contestar usando mis dos manos como bocina: ¡¡La droga se extiende porque designan a inútiles como vos para combatirla!!
Schiaretti y García Díaz tuvieron claro desde siempre cuál iba a ser el rol de la Secretaría de Lucha contra el Narctráfico y las Adicciones: el gobernador necesitaba un golpe de efecto para dar señales a su diestra y el publicista deseaba hacerse de un trampolín que no había conseguido por los votos a pesar del enorme despliegue de campaña que había realizado. En ninguno de los dos había interés en otra cosa y por eso esta historieta terminó despintada y con todos los hilitos al viento.
Sin que este tipo de cuestiones lo inquieten demasiado, García Díaz ahora asume otro rol que le queda grande, el de escritor, sabiendo que lo importante no es que alguien lea su libro, sino que este le permita adquirir algún pefil para una carrera que -afortunadamente- aún no encuentra otro rumbo que no sea girar sobre si misma doblando siempre a la derecha.
En cambio, la llegada de García Díaz al staff del ejecutivo y su efimera estadía allí es el mejor ejemplo de cómo se faveliza la política, usando determinados espacios del estado -a los cuales el poder de turno considera de segunda categoría- para pagar favores electorales. La política en semejantes manos se vuelve miserable de toda miseria porque con papel pintado, chapas y movidas mediáticas se levanta una fachada endeble que solo da respuestas falsas o precarias a necesidades profundas.
En las promociones y entrevistas que Sebas ha dado para promocionar su producto editorial expresa que al poder no le interesa avanzar en la lucha contra el narcotráfico, y en los afiches que han aparecido en toda la ciudad, él usa la pregunta ¿Por qué las drogas se están apoderando de Córdoba? Y frente a semejante interrogante pleno de hipocresía no me queda otra que contestar usando mis dos manos como bocina: ¡¡La droga se extiende porque designan a inútiles como vos para combatirla!!
Schiaretti y García Díaz tuvieron claro desde siempre cuál iba a ser el rol de la Secretaría de Lucha contra el Narctráfico y las Adicciones: el gobernador necesitaba un golpe de efecto para dar señales a su diestra y el publicista deseaba hacerse de un trampolín que no había conseguido por los votos a pesar del enorme despliegue de campaña que había realizado. En ninguno de los dos había interés en otra cosa y por eso esta historieta terminó despintada y con todos los hilitos al viento.
Sin que este tipo de cuestiones lo inquieten demasiado, García Díaz ahora asume otro rol que le queda grande, el de escritor, sabiendo que lo importante no es que alguien lea su libro, sino que este le permita adquirir algún pefil para una carrera que -afortunadamente- aún no encuentra otro rumbo que no sea girar sobre si misma doblando siempre a la derecha.



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