En los 80 había una historieta que publicó primero la revista El Péndulo y luego la Humor, llamada "Las Puertitas del Señor López", la cual es considerada como fundacional de un estilo de historias y dibujos adultos. El personaje central de la tira era por supuesto el Sr. López del título, un oficinista pusilánime que carecía del mínimo coraje para emprender cualquier aventura real. Pero el buen López tenía un as en la manga: la puerta del baño, ya que al franquearla ingresaba invariablemente a un mundo fantástico que le permitía evadirse de su triste vida.Esto viene a cuento porque hace tiempo que creo que Cobos tiene mucho del Señor López y hace un rato, mientras veía un programa conmemorativo del ataque a la AMIA, lo confirmé cuando al valorar lo sucedido antes y después del atentado a la Mutual, el vicepresidente primero marcó lo poco afectos que "somos los argentinos para prevenir este tipo de siniestros" y después se refirió a la voladura como una "catástrofe". Llamativamente nunca dijo "atentado" ni "crimen", ya que lo sucedido en la AMIA para Cobos parece que fue como un huracán, una inundación o un terremoto cuyo desarrollo y consecuencias no supimos manejar "los argentinos", apelando a ese colectivo etéreo que en boca de la derecha siempre es sinónimo de incapacidad y dejadez.
Al escuchar al vicepresidente me quedé preguntando ¿a qué le teme tanto el Sr. Cobos? ¿Tiene miedo de perder el voto de los antisemitas? ¿Le da pavor que alguien lea una condena suya como un tiro por elevación al menemismo? ¿realmente piensa que la responsabilidad final recae sobre un genérico y diluido "los argentinos"? ¿Para él no es importante saber quiénes fueron los autores materiales, los planificadores y la conexión local?
Cobos, desde que fue consagrado una noche de hace dos años como héroe del No Positivo, ha demostrado desde esa fecha en adelante que es terriblemente temeroso, que tiene pánico de que sus definiciones le caigan mal al gran público o a alguno de sus aliados potenciales. Y como no tiene el valor de llamar a las cosas por su nombre, ni siquiera frente a una de las acciones más cobardes que hemos sufrido como nación, abre la puertita de su baño para meterse en confortables berengenales dialécticos cambiándole el nombre a la cosas, buscando adjetivos suaves que le permitan escaparse por una sensual tangente y quedar bien con todos o no caerle mal a nadie.
El problema que Cleto y López comparten es que normalmente cuando más te adentrás en tus propias fantasías más te alejás de la realidad y eso si bien puede hacerle más soportable la vida a un burócrata, es un pasaje al olvido para cualquier político.



5 Comentan sin ponerse colorados:
Qué buen post, Tux.
Recuerdo la película, en la que si no me equivoco, Quinteros hacía de López, ¿no?
Y respecto a CLeto López, si mal no recuerdo, "K lo hizo". =P
Slds.
En mi barrio les dicen "cagones".
Qué personaje insoportable y pelotudo!! Ya es poco serio llamarse Cleto, pero además, alguien debería aconsejarle que se recorte las patillas, porque le agranda aún más las orejas.
Y bueh...
Anahí: Si la peli también la vi, pero hace tanto... ya no me acuerdo si era buena o mala, lo que si Quinteros estaba igual. Una confesión... Yo lo voté.
Luz: Interesante su observación por el lado de la psicología no ortodoxa y muy valiosa su aporte estético. Hay que contactar ya a los asesores del Cleto. :)
El problema en realidad es nuestro: López era un personaje de fantasía y lo que le pasaba no afectaba a nadie, pero Cleto es de carne y hueso y lo sufrimos nosotros. Y con la inquietante perspectiva (que afortunadamente con el tiempo se ha ido diluyendo) de que lo tengamos de presidente.
Eduardo: Es todo un problema, aún cuando nunca llegue a presidente.
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