En España andan recorriendo debates que en nuestro país se plantean cada vez que la coyuntura abre la puerta al famoso tema intitulado: Fútbol y Política.
Aquí pudimos escuchar antes de que la pelota empezara a rodar en Sudáfrica cosas como: "si Argentina sale campeón tendremos 4 años más de kirchnerismo" (Lalo Freyre dixit) o que el Fútbol para Todos es "otra variante del pan y circo". Ambas opiniones, bastante jabonosas, tienen poco asidero en la vida. La historia demostró que aunque Argentina fue campeón mundial en el 78, la dictadura solo se siguió sosteniendo a fuerza de represión, y la imagen de Passarella levantando la Copa fue apena un flash en una realidad mucho más compleja. En el 86 la foto de Maradona asomando por el balcón de Casa Rosada y el video repetido de su gol a los ingleses no solo no alcanzó para que Alfonsín soñara con la reelección sino que tampoco le ayudó a la administración radical a concluir con su mandato en tiempo y forma.
Estas afirmaciones no implican descartar de plano la influencia anímica que un colectivo nacional pueda despertar la alegría de llegar a la final del deporte más importante y hermoso de la Tierra, pero lejos de ser el tan temido "opio de los pueblos", el fútbol es apenas -y exagerando sus cualidades curativas del malestar social- un placebo pasajero.
Como decía al principio algo de esto se discute en España y siempre es un buen eje para cualquier debate. Uno de los encuadres posibles para la polémica es el que se relata, muy bien editado, en el video de abajo y aunque su corolario sea desde mi punto de vista poco feliz, es cierto que en medio de situaciones de crisis profundas como las que vive Europa en estos momentos, la Copa del Mundo ha ocupado quizás espacios mediáticos demasiado amplios desplazando otros temas urgentes de la agenda periodística.
Aquí pudimos escuchar antes de que la pelota empezara a rodar en Sudáfrica cosas como: "si Argentina sale campeón tendremos 4 años más de kirchnerismo" (Lalo Freyre dixit) o que el Fútbol para Todos es "otra variante del pan y circo". Ambas opiniones, bastante jabonosas, tienen poco asidero en la vida. La historia demostró que aunque Argentina fue campeón mundial en el 78, la dictadura solo se siguió sosteniendo a fuerza de represión, y la imagen de Passarella levantando la Copa fue apena un flash en una realidad mucho más compleja. En el 86 la foto de Maradona asomando por el balcón de Casa Rosada y el video repetido de su gol a los ingleses no solo no alcanzó para que Alfonsín soñara con la reelección sino que tampoco le ayudó a la administración radical a concluir con su mandato en tiempo y forma.
Estas afirmaciones no implican descartar de plano la influencia anímica que un colectivo nacional pueda despertar la alegría de llegar a la final del deporte más importante y hermoso de la Tierra, pero lejos de ser el tan temido "opio de los pueblos", el fútbol es apenas -y exagerando sus cualidades curativas del malestar social- un placebo pasajero.
Como decía al principio algo de esto se discute en España y siempre es un buen eje para cualquier debate. Uno de los encuadres posibles para la polémica es el que se relata, muy bien editado, en el video de abajo y aunque su corolario sea desde mi punto de vista poco feliz, es cierto que en medio de situaciones de crisis profundas como las que vive Europa en estos momentos, la Copa del Mundo ha ocupado quizás espacios mediáticos demasiado amplios desplazando otros temas urgentes de la agenda periodística.



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