Discriminar es el dogma schiarettista

El gobierno de Córdoba lanzó a la discusión pública su propuesta para una nueva ley de educación provincial, bajo la consigna -como no- de adaptar su legislación a los nuevo tiempos que corren, contemplando los cambios que se han dado en nuestra sociedad y en la Constitución Nacional. Esto se plantea así porque la ley vigente es de 1991, es decir, previa al Pacto de Olivos que diera origen a la reforma de la Carta Magna y también anterior al masivo traspaso de escuelas del ámbito nacional al provincial durante el menemismo.

En estas últimas semanas el debate -que se cerró bastante flaco de asistentes en la capital provincial- tomó calor cuando el discurso modernizante que domina el borrador elaborado por el ejecutivo se da de narices con algunos artículos que atrasan por lo menos 50 años. De entrada nomás a más de uno se le puso la piel de gallina cuando en el artículo 1º se establece que todos los establecimientos educativos son "Públicos" y se diferencian solamente por el tipo de gestión, o sea Privada o Estatal, poniendo en pie de igualdad a quienes lucran enseñando, con la obligación estatal de brindar enseñanza gratuita; pero la cosa se puso más áspera cuando se tocó el artículo 11º que nos remite a un lejano 1947 cuando se introdujo en Córdoba la enseñanza del catecismo en las escuelas estatales.

Esta parte de la ley, sospechando quizás que sería polémica, fue engañosamente redactada porque si bien en su Inciso D se establece que "los padres tendrán derecho a que sus hijos no reciban enseñanza de dogma religioso", en el Inciso E se establece que “tienen derecho de manera opcional a recibir educación religiosa en la escuela pública de gestión estatal”. Si tomamos ambos incisos y los unimos tendremos la triste imagen discriminatoria que dominó por décadas las escuelas argentinas en la hora de Religión, o sea niños "creyentes" en el aula y los "no creyentes" y los de "distinta creencia" esperando en el patio a que concluya la cátedra. Para salvar las formas y evitar que se pueda culpar solo a la influencia de la iglesia católica en el tema se establece que esta enseñanza podrá ser ecuménica, con lo cual se le abre la puerta a los evangelistas cuyo peso e influencia política se empiezan a perfilar como cada vez más importantes.

De más está decir que éste no es el espíritu con que se fundó en nuestro país la escuela pública ya que desde sus inicios, hace casi 200 años, se definió a si misma como laica, por eso llama tanto la atención que quienes se llenan la boca en los estrados oficiales definiéndose como guardianes del espíritu de la Revolución de Mayo, echen tierra sobre uno de sus principales legados.

Me pregunto que diría Moreno, o Castelli, o San Martín sobre esta propuesta del Ministro Grahovac.

Me pregunto si alguien no les avisó a los redactores de la "nueva" ley que la religión pertenece a la esfera de lo privado y que jamás debe mezclarse con el estado.

Me pregunto si a la hora de introducir supersticiones a las aulas de "gestión pública" no estaría bueno que les brindaran a los párvulos también un espacio para el aprendizaje del tarot, la quiromancia o la astrología, conocimientos que al fin y al cabo tendrían algún tipo de salida laboral.

1 Comentan sin ponerse colorados:

Martín Juárez Ferrer dijo...

tux, peor me parece el inciso e o h que dice que las escuelas de gestión pública tienen el deber de brindar educación sin dogmatismos... lo que implica que las privadas sí pueden llenarnos de dogmatismos, o bien, juzgarnos dogmáticamente, imponiendo sanciones disciplinarias por "pecados" de los alumnos o bien de sus padres, como por ejemplo, pasaba en algunos colegios católicos que o bien no recibían chicos hijos de padres divorciados o bien los echaban (o no "renovaban la matrícula") si los padres se divorciaban.

que la nueva ley ampare eso es catastrófico

un abrazo

martín