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08 noviembre 2010

188 años no son nada


En noviembre de 1822 la Junta de Representantes del estado de Buenos Aires aprobó una ley que permitía al gobierno de Rivadavia la tramitación de un préstamo de 5.000.000 de reales. La negociación fue llevada adelante por Félix Castro y John P. Robertson, quenes acordaron con la firma Baring Brothers el primer empréstito que tomaría el país, por 1.000.000 de Libras esterlinas.

De esta forma comenzó uno de los capítulos más ejemplificadores de nuestro desarrollo como nación y donde los préstamos de la banca extranjera tuvieron como correlato necesario numerosos ajustes destinados al pago de los mismos; los llamamientos permanentes a la austeridad para honrar vencimientos y una intrincada trama de funcionarios corruptos, lobbystas y formadores de opinión que desde siempre han hecho de la sujeción a los dictados de los banqueros internacionales un auto de fe.

El famoso "Empréstito de la Baring" que solemos estudiar con cierto hastío adolescente durante el secundario, contuvo todos los ingredientes que se enumeran en el párrafo anterior y cuyo eco también pudemos encontrar en hechos tan recientes como el último canje de deuda, donde primero se suspendió una ley que impedía realizar una nueva convocatoria de acreedores, para motorizar inmediatamente otro negociado a través de una organización financiera vinculada al propio ministro Boudou (Arcadia / Barclays) y con el valioso aporte ideológico de algún lobbysta con blog que entregaba justificaciones de sabor nacional y popular por una ventanilla y cobraba en otra de la caja especial del Deutsch Bank, banco beneficiario de la operación.

La historia, implacable con sus números nos sintetiza el fraude de la Baring con datos contundentes:
- Del 1.000.000 de libras comprometidas solo llegaron al tesoro público 570.000, el resto se aquerenció en los bolsillos de los intermediarios y en los gastos administrativos del propio banco prestador.
- De esas 570.000 libras recibidas solo 200.000 llegaron en metálico, el resto se hizo "efectivo" en bonos para negociar con comerciantes ingleses.
- Se tardaron 80 años en oblar la totalidad del préstamo y sus intereses.
- El plan de pago fue acordado en 1857 con una liquidación que incluía intereses, moras, y atrasos y cuyo monto ya ascendía a 1.646.000 libras esterlinas.
- Al final se pagaron religiosamente y sin chistar 23.734.766 pesos fuertes sobre una prestamo real de 2.850.000 pesos fuertes.
- Para conseguir pagar el último tramo el presidente Avellaneda sometió a los trabajadores de la administración pública nacional a un paradigmático ajuste que incluyó la "donación" compulsiva de una hora de trabajo diario y un amplio programa de recortes y sacrificios.

Esta deuda, como muchas que vinieron después tuvo pocos vicios de "legalidad". Los papeles respectivos fueron firmados por las autoridades pertinentes ante pulcros escribanos de Buenos Aires y Londres. Sus condiciones leoninas recibieron el aval institucional de casi todas las instancias legislativas que fueron surgiendo desde la década de 1820 hasta principios de siglo XX, y su carga pública estuvo en boca de los presidentes constitucionales como una pesada herencia del pasado aún cuando fuera defaulteada por Dorrego, Rosas y Urquiza. Como si todo esto fuera poco, el "honor de la nación" fue usado como bandera de pago por las mejores plumas de la época cuando lo que estaba realmente en juego eran las coimas de vulgares gestores y un negocio que le daba seguridad jurídica especialmente a los ladrones de guante blanco. Y lo interesante de todo esto es que a pesar de los esfuerzos del pasado, hoy la desaparecida Baring Brothers es en Argentina sinónimo de estafa desembozada.

El tiempo pasa y cuando reprensamos estas cosas nos damos cuenta que contrariamente a lo que la biología política prescribe nos vamos poniendo más zurdos, mientras que del otro lado del puente cierta muchachada resignada le manda saludos a su conciencia y ensaya argumentos que le suenan a nuevos, sin saber que sus razones ya casi están por cumplir los 200 años.

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