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14 noviembre 2010

Extorsiones cruzadas

El aumento del cospel que Giacomino y los empresarios de transporte pretendían llevar de $2,00 a $2,50/$2,60 se cayó por su propio peso ante la labilidad de las alianzas construidas por el oficialismo municipal para esta coyuntura.

Bastó que el gobernador Schiaretti percibiera que no estaba dispuesto a pagar los costos políticos derivados de que su bancada fuera el el árbitro del aumento y que además, tomara nota de cierta indisciplina del intendente (cuestionamientos a la policía provincial) para que inmediatamente ordenara a sus concejales no votar, y así dejar pedaleando en el aire a Giaco, a quien solo le quedó el camino de enfrentar a los medios con su habitual ataque de tics, ensayando diplomáticos quejidos que no rompieran la relación con la Casa de las Tejas. Así quedó claro que todo lo que hacen desde el ejecutivo provincial para evitar que la "Gestión Giacomino" se hunda en su propio pantano de incapaces, tiene un precio que no admite regateos: Subordinación, subordinación y -en caso de emergencia romper el vidrio para obtener- más subordinación.

La respuesta de Pfening y la banda de la FETAP, quienes pomposamente se autodenominan "empresarios", fue casi inmediata: sin aumento habrá recorte de servicios, empezando por los nocturnos para después extenderse a las frecuencias diurnas. La respuesta de Giaco estuvo lejos de ser firme porque si bien le recordó a la patronal que existen contratos firmados que deberían cumplirse, inmediatamente reculó planteando que esos contratos "podrían ser renegociados".

La modalidad extorsiva de FETAP fue complementada ayer por el propio intendente quien advirtió que de no votarse el cospelazo su administración debería reorientar 100 millones de pesos de obra pública a subsidios para los colectivos urbanos, lo cual es una enorme exageración cuyo solo fin es el de meter miedo entre los usuarios para convencerlos de la inevitabilidad de que Córdoba deberá tener si o si el boleto más caro del país.

Mientras todos se ponen el cuchillo en el cuello, por el costado pasan otros temas quizás bastante más importantes, como por ejemplo que Córdoba recibe apenas un tercio de lo que se invierte en Capital Federal en concepto de subsidios y esa desigualdad tiene una traducción que no solo se ve en el precio de cada viaje sino en la calidad de un servicio que vive en crisis desde hace por lo menos 15 años.

Desgraciadamente en esta ciudad ya nos hemos acostumbrado a viajar incómodos, en coches destartalados y mugrientos, con horarios inciertos y con trayectos plenos de saltos y baches. De la misma forma los medios han naturalizado el discurso de que el transporte público "no es negocio", slogan que han puesto a circular desde hace años los propios dueños de colectivos para mostrarse casi como filántropos, mientras que por abajo de la mesa se reparten una torta de cospeles y subsidios tan atractiva que hasta los impulsa a pelearse a los codazos para quedarse algún día con la administración de la propia TAMSE (la empresa municipal), que representa un paquete de plata tan atrayente que incluso la provincia desea hincarle el diente.

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