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19 noviembre 2010

Falo salpica

Los 71 cheques sin fondos emitidos con la firma del ahora renunciado legislador provincial Marcelo Falo, ha sido una bomba que ha estallado dentro del propio bunker delasotista. Así como nadie puede ignorar que durante años Falo fue una de las espadas más afiladas del ex-gobernador, tampoco es posible pasar por alto que este funcionario ocupó muchísimo centimetraje periodístico hace unos años por otro fraude público: el robo de energía eléctrica en su casa.

Ayer y hoy las excusas fueron bastante flojas. Cuando le descubrieron los ganchos en su hogar se escudó diciendo que a las cuentas de los servicios "las paga mi mujer y nunca me di cuenta que no abonábamos la boleta de EPEC"; ahora, cuando debe justificar una estafa que supera largamente el $1.800.000 recurre al argumento de "me falló un amigo por el que di la cara", como si este desfalco de proporciones pudiese ser equiparable a una garantía fallida en el alquiler de un dos ambientes.

No hay que ser muy bicho para darse cuenta que las implicancias de esta situación son de por si muy fuertes, tanto que seguramente hablaremos sobre los cheques de Falo por un buen tiempo, pero además existe la sensación marcada de que lo que vemos es apenas la punta de un hilo cuyo otro extremo promete sorpresas varias. Por ejemplo, los primeros datos que van surgiendo muestran que algunos de estos cheques voladores fueron entregados como garantía de operaciones especulativas de la mesa de dinero que funciona (o funcionaba) en el Banco Macro, un datito jugoso que también deja traslucir dónde hacen sus negocios ciertos funcionarios que se llenan la boca como defensores de la ética para trascartón engancharse en uno de los negocios más oscuros de la vieja -pero siempre viva- patria financiera.

Desde la esquina de los medios han salido muy punzantes contra Falo porque aparte de ser el principal implicado en una situación imposible de tapar o maquillar, más de un periodista y productor tienen bien fresco en la memoria cómo este sujeto, mientras fue jefe de prensa del gobierno provincial, usó la pauta oficial para presionar y tratar de condicionar la línea editorial de cuanto medio tuvo en la mira. Hoy, cuando su estrella ha dejado de brillar están sacando número para llevarse una estilla de semejante árbol caído.

El propio José Manuel De la Sota hace por estas horas ingentes esfuerzos para despegarse del muerto pero esta tarea es sumamente compleja porque todos saben de la estrecha cercanía de ambos personajes. Declaraciones como "lo de Falo no me salpica" son poco felices (unir "falo" y "salpicadura" en una misma oración solo da pie a chistes de doble sentido) pero además son reflejo de la confusión discursiva en que ha caido el ex gobernador quien normalmente suele ser más contundente que lo que está demostrando por estas horas.

Pero la desazón de unos muchas veces genera la alegría de otros, algunos bastante inesperados. Al lógico festín que a estas horas se está haciendo Luis Juez con el tamaño de las alas de los cheques falistas, en la propia Casa de las Tejas hay varios schiarettistas con sonrisas de oreja a oreja porque ven en el traspie una buena oportunidad para cobrarse viejas facturas con el Gallego y asoman nuevos replanteos sobre una interna del PJ que ha venido empiojada desde hace semanas.

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