Redes sociales

27 noviembre 2010

Saludos de parte de Insfran

"Luego de la represión quemaron una a una nuestras 20 casas junto a nuestras cosas (documentos, ropa, mercadería, bicicletas).Tuvieron detenidos más de 24 horas a niños entre 4 y 17 años.También a mujeres embarazadas junto a sus bebés. A los heridos los esposaron y cuando se dormían en la celda les tiraban agua caliente para que no se durmieran. La celda era un río de sangre."
Formosa, Argentina, 26/11/10
 Hace pocas semanas atrás cuando se discutía la extradición o no del chileno Apablaza Guerra, uno de los argumentos que se usaron para rechazar el pedido de la justicia trasandina fue la falta de garantías legales a partir de la existencia en aquel país de una legislación antiterrorista que habilita la persecución política  indiscriminada y la represión de movimientos sociales. Esta ley, entre otras cosas, ha servido para mantener en prisión o judicializados a una cantidad importante de líderes mapuches que durante estas últimas décadas ha luchado denodadamente en favor de los derechos de su pueblo.

Por supuesto para algunos observadores locales encarcelar injustamente a un grupo de indios no es razón suficiente para la decisión argentina, al fin y al cabo solo se trata de eso, de "indios", cuyo destino, bajo los wínchester del pasado, las leyes represivas y el menosprecio cultural actuales, es mantenerse como atracciones étnicas o como prueba de la superioridad europea que los blancos supimos conseguir.

Esa "superioridad" de la cultura occidental la pudimos ver en Formosa cuando la justicia de esa provincia decidió romper con varias leyes vigentes en el territorio nacional (como la que impide los desalojos y la que ampara los reclamos territoriales de las comunidades indígenas) y enarbolando una orden inaplicable quiso barrer un corte de ruta que llevaba cuatro meses y cuyo objetivo era reivindicar los derechos de propiedad ancestral de la Comunidad qom Navogoh (La Primavera). (Blog de la comunidad aquí)

Sin entrar en los vericuetos legales que muchas veces sirven para encubrir motivaciones ilegítimas, es imprescindible dejar establecido que usar una tropa de más de 200 efectivos policiales fuertemente armados para proceder al desalojo de un grupo de familias es de por si bastante desproporcionado, pero si a esto le agregamos que además de las armas reglamentarias los agentes "del orden" estaban equipados con un lanzallamas que fue utilizado para quemar los ranchos de la gente, no solo tendremos una idea de la irracionalidad de la acción sino también del odio y el racismo contenido en este enorme ataque a los derechos humanos de todos los argentinos.

El saldo lamentable de tres manifestantes y un policía muertos no es otra cosa que el peor ejemplo de la lucha de pobres contra pobres cuyo único ganador es siempre el stablishment.

Sin una ley antiterrorista como la que se aplica en Chile, en la Argentina se ha cometido un crimen cuyo salvajismo es doblemente preocupante porque como sociedad hemos optado mayoritariamente por rechazar el autoritarismo y adoptar como consigna colectiva el "NUNCA MÄS".

Por otra parte está claro que la bestial represión en Formosa no es un hecho aislado de otras situaciones fácticas: el gobierno de Gildo Insfrán es una muestra acabada del sistema político semi-feudal instalado en varias provincias de nuestro país; un sistema que es apañado y retroalimentado muchas veces desde el propio poder central con la visión de que así se construye una forma de gobernabilidad cuyos alcances -si tenemos en cuenta los recientes acontecimientos- son bastante dudosos.

Hoy, desde los círculos oficiales y oficiosos se guarda un preocupante silencio sobre este asunto y en cierta forma se prepara el terreno para que puedan ocurrir hechos similares, porque así como hoy se calla frente a la evidente responsabilidad institucional de Insfrán, anteayer se callaron las responsabilidades del gobernador Miguel Saiz frente a los asesinatos de Diego Bonefoi y Sergio Cárdenas en la Bariloche del gatillo fácil; y ayer nomás se hizo lo imposible para despegar a José Pedraza (y la burocracia sindical) del crimen de Mariano Ferreyra.

La impunidad no es espontánea, la misma se sostiene en una cadena, más o menos larga de diferentes acontecimientos, y si los antecedentes ya son evidentes hasta para el más ciego también es cierto que la casi inmediata presencia de Insfran vía teleconferencia en la Rosada en un acto oficial como si nada hubiera sucedido no es una buena señal hacia el futuro porque en más de un sentido demuestra hasta que punto el posibilismo político es la mejor forma de ensoberbecer al gatopardo, brindándole la sensación liberadora de que nada de lo que haga tendrá sanción legal, política o social.

0 Comentan sin ponerse colorados: