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22 diciembre 2010

La hipérbole del cospel

Aumentar es la consigna sobre fin de año y en especial hacerlo de tal manera que quede poco espacio para el pataleo. Las naftas es un buen ejemplo ya que tenían el precio congelado y apenas YPF decidió subirlas dejó pintado al Guille Moreno quien sin demasiadas explicaciones descongeló automáticamente a todo el resto de las petroleras que rápidamente salieron a buscar en el mercado su tajada del "boom de consumo" navideño y estival.

En Córdoba también estamos de aumento, porque parece que eso es lo que se va a usar este verano, y el precio del copel que necesitamos para pagar el bondi pegó un airoso salto desde su piso de $2,00 a un entrepiso de 2,30 en enero para llegar a la terraza de $2,50 en febrero. De esta forma los ascensores de la remarcación están habilitados y funcionando, mientras en las escaleras de los reajustes salariales trabajan a destajo para lograr un "pacto" que no descontrole a la economía... porque como todo buen liberal sabe, son los salarios el gran problema de éste país... Claro ¿no?

Lo concreto es que gracias al reajuste actual Giacomino finalmente pudo sacar adelante una situación que según sus cercamos ya era de crisis poco menos que total y a este paso lo pudo dar gracias a la concurrencia de la voluntad política del concejal radical Mario Rey quien cambió su reciente voto negativo de noviembre para finalmente doblarse y no romperse con un rotundo "SI quiero". Para justificar su veletismo Rey arguyó que el actual despacho era diferente al de hace tres semanas ya que se le modificó la fecha y se le realizaron dos o tres retoques cosméticos que había pedido para disimular el cambio de parecer.

Así, y más allá las muy pobres justificaciones políticas lo concreto es que aprovechando el parate de las vacaciones la administración giacominista ha conseguido recolocar al boleto urbano cordobés como el más caro del país y de esta forma asegurar una interesante tasa de ganancia para los dueños de los colectivos.

Del lado de los usuarios nos queda la seguridad de que así solo se cambia el precio de cada viaje pero los problemas habituales del sistema nos seguirán pegando duro con frecuencias espantosamente irregulares, unidades destruidas y sucias, viajando hacinados e incómodos, con servicios que se retiran sin mediar explicaciones, con colectivos que se quedan cada dos vueltas por falta de mantenimiento y con un sistema de pago (cospel o tarjeta electrónica) con tan pocas bocas de expendio en los barrios que conseguir con qué pagar al subir se ha tranaformado en una expedición aparte.

Mirando la cosa desde la perspectiva general es claro que al intendente no le interesa demasiado el transporte urbano como servicio y por eso les permite a los empresarios casi cualquier cosa y, por otra parte, es más que evidente que ha mutado a la estatal TAMSE de una solución razonable, a un espacio donde se prepara el terreno para su reprivatización sumando gruesos errores de gestión con administraciones directamente orientadas al vaciamiento de la empresa.

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