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05 diciembre 2010

No me embargues el templo, plis

Hace tiempo que las instituciones religiosas se encuentran ante ciertas dificultades impensables unos años atrás. Innumerables denuncias sobre sus sacerdotes no solo que aminoran su credibilidad sino que además ponen en riesgo su capital económico ante los fallos que extienden las responsabilidades individuales de su clero, hasta las propias Iglesias.

Abusos sexuales, malversaciones de dinero y otros delitos cometidos por clérigos del más variado color, rito y pelaje no solo han debido indemnizarse con las propiedades de los mismos, sino que las propias iglesias han visto pasar a otras manos sus bienes al entender la justicia que debían ser solidariamente responsables de las acciones de su tropa.

Por todo esto no es extraño que ya existan iniciativas para impedir que esta práctica se propague. Lo raro es que en Argentina, más precisamente en Buenos Aires, una legisladora con chapa de progresista y con una historia reciente vinculada a la lucha contra la discriminación, sea quien firme un proyecto que pretende declarar inembargables los bienes de TODOS los cultos.

Esta es una reivindicación que vienen impulsando fuertemente desde las vertientes evangelistas, acosadas por desmanejos y estafas de algunos de sus pastores, pero también despierta mucho interés en la jerarquía católica que ya conoce de demandas y remates en otros países ante las denuncias de abusos de sus curas. Esta acción, que si bien puede ser vista con buenos ojos por los más creyentes impondría a la sociedad un privilegio inaceptable y constituiría una clara discriminación del ciudadano común frente a las organizaciones religiosas.

Está claro que la responsabilidad jurídica de cualquier institución es un aliciente de peso para que quienes las conducen no limiten esfuerzos a la hora de evitar que sus integrantes cometan delitos de ningún tipo, por lo que sería un tremendo error avanzar en una legislación que probablemente reduciría la punibilidad sobre las entidades de la fe a una simple reprimenda moral.

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