Hoy sería el cumpleaños 84 de Rodolfo Walsh. "Sería" digo, porque la última dictadura decidió que su existencia y su coraje eran espinas que un grupo de tareas de la ESMA debía arrancar.
Periodista, militante y combatiente, Rodolfo desde su práctica nos transformó a todos los que ocupamos algún lugar entre esas categorías. La literatura policial y el periodismo de investigación no fueron los mismo en la Argentina después de su obra; la militancia y el compromiso del intelectual con la realidad en la que se desenvuelve encontró una dimensión paradigmática en su vocación por entregarlo todo en nombre de su sueño: La Patria Socialista.
Y esa Patria Socialista era la que soñaban Rodolfo y su generación, por eso es que, marchando detrás de ese destino, ningún obstáculo era insalvable, ningún enemigo era invencible, ningún sacrificio era imposible.
Mirado desde el hoy que nos agita y también desde el contexto de su asesinato, Walsh se ha transformado en un ícono pero también -a veces- en una excusa para (des)entender ciertos presentes. Si hay que ser sinceros, no hablo con los muertos ni consulto la Tabla Ouija, y por eso no tengo la menor idea sobre que cosas que haría Rodolfo si estuviera ahora entre nosotros; a lo sumo tengo la sensación de que hay situaciones en las que no me lo imagino.
No me imagino a Rodolfo -por ejemplo- siendo obsecuente con la misma burocracia sindical que él enfrentó o escribiendo artículos para justificar sus asesinatos.
No me imagino a Rodolfo asociado a los intendentes corruptos del conurbano y menos aún encontrando en ellos el reaseguro para su proyecto político.
No me imagino a Rodolfo discutiendo argumentos autocomplacientes en Carta Abierta ó 6-7-8.
No me imagino a Rodolfo aplaudiendo una eterna sociedad política con De la Sota, Schiaretti, Insfrán, Acastello, Saiz, Scioli, Gioja y tantos otros ladrones de guante blanco.
No me imagino a Rodolfo quieto y silencioso frente al saqueo de nuestros recursos naturales.
No me imagino a Rodolfo fraguando encuestas, mintiendo cifras, tergiversando hechos o mirando para otro lado.
No me imagino a Rodolfo festejando la división de la CTA.
No me imagino a Rodolfo pidiendo, rogando, suplicando, por un movimiento sindical adicto.
No me imagino a Rodolfo justificando lo injustificable.
No, no me lo imagino.
Periodista, militante y combatiente, Rodolfo desde su práctica nos transformó a todos los que ocupamos algún lugar entre esas categorías. La literatura policial y el periodismo de investigación no fueron los mismo en la Argentina después de su obra; la militancia y el compromiso del intelectual con la realidad en la que se desenvuelve encontró una dimensión paradigmática en su vocación por entregarlo todo en nombre de su sueño: La Patria Socialista.
Y esa Patria Socialista era la que soñaban Rodolfo y su generación, por eso es que, marchando detrás de ese destino, ningún obstáculo era insalvable, ningún enemigo era invencible, ningún sacrificio era imposible.
Mirado desde el hoy que nos agita y también desde el contexto de su asesinato, Walsh se ha transformado en un ícono pero también -a veces- en una excusa para (des)entender ciertos presentes. Si hay que ser sinceros, no hablo con los muertos ni consulto la Tabla Ouija, y por eso no tengo la menor idea sobre que cosas que haría Rodolfo si estuviera ahora entre nosotros; a lo sumo tengo la sensación de que hay situaciones en las que no me lo imagino.
No me imagino a Rodolfo -por ejemplo- siendo obsecuente con la misma burocracia sindical que él enfrentó o escribiendo artículos para justificar sus asesinatos.
No me imagino a Rodolfo asociado a los intendentes corruptos del conurbano y menos aún encontrando en ellos el reaseguro para su proyecto político.
No me imagino a Rodolfo discutiendo argumentos autocomplacientes en Carta Abierta ó 6-7-8.
No me imagino a Rodolfo aplaudiendo una eterna sociedad política con De la Sota, Schiaretti, Insfrán, Acastello, Saiz, Scioli, Gioja y tantos otros ladrones de guante blanco.
No me imagino a Rodolfo quieto y silencioso frente al saqueo de nuestros recursos naturales.
No me imagino a Rodolfo fraguando encuestas, mintiendo cifras, tergiversando hechos o mirando para otro lado.
No me imagino a Rodolfo festejando la división de la CTA.
No me imagino a Rodolfo pidiendo, rogando, suplicando, por un movimiento sindical adicto.
No me imagino a Rodolfo justificando lo injustificable.
No, no me lo imagino.




8 Comentan sin ponerse colorados:
Rodolfo también festejó junio y septiembre del 55, así que tampoco es cuestión de endiosarlo y creerlo más infalible que el papa. Aparte, ¿para qué ponés un muerto de escudo si esa moralina que planteás es tuya, no de Walsh?
Raúl Lasa
Raúl, nadie endiosa a Rodolfo y justamente no lo creo infalible, pero si vos sabés que él festejó la Fusiladora es porque él mismo lo escribió para mostrar cuál fue su evolución política.
Por otra parte a Walsh no lo uso. Él no es para mi ni escudo ni lanza, sino que lo pienso como ejemplo de moral política y revolucionaria.
No te imaginás a Rodolfo, sino a Pino Solanas
Julio: Imaginación fertil
YO SI ME LO IMAGINO DEBATIENDO Y PARTICIPANDO ACTIVAMENTE Y PRESENTE EN 6 7 Y 8 XQ ESE PROGRAMA EN PERIODISTICO Y ES LO QUE MAS LE APASIONABA. SALUDOS
Me gustó el post...te felicito.
Te invito a conocer mi espacio. En el link de abajo le dediqué un escrito a Walsh eñ último 25 de Marzo...para mí es un faro.
Saludos!!
http://seacaboesejuego.blogspot.com/2010/03/con-sus-lentes-el-peon-y-la-palabra.html
Hola. me quedo con la parte que no te lo imaginas festejando la ruptura de la CTA. Yo tampoco, y me diste el pie para darme cuenta que parece mentira y es repugnante como algunos se burlan y se divierten con eso. Saludos
Tati: Imaginarse a 6-7-8 como un programa de "debate" es todo un esfuerzo de la imaginación.
Sergio: Gracias y ahí veo su enlace.
Mundo: Es así.
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