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10 enero 2011

¿Quién se acuerda de Villa Valeria?

El trabajo infantil y semi esclavo no son hechos aislados
 Hace algunos años atrás, el 29 de mayo de 2007, en Villa Valeria provincia de Córdoba, un vagón de ferrocarril abandonado servía de habitación para un grupo de trabajadores rurales. En un descuido, el basero que sus moradores usaban para calefaccionarse echó unas chispas sobre los viejos maderos y aquella precaria vivienda se transformó en un infierno que se llevó la vida de 8 personas, en su mayoría niñas pequeñas. (ver aquí).

En aquella oportunidad, no tan lejana en el tiempo pero si de la memoria de los medios, quedó en claro a la luz de muchos testimonios que lo sucedido no era una excepción sino parte de una realidad cotidiana donde cientos de miles de obreros rurales vivían en nuestro país una situación casi desesperada.Casi poéticamente alguién dijo entonces que "a esa pobre gente la mató el frío y la soja", cuando en realidad los habían asesinado la desidia y la codicia humana con nombre y apellido (que nunca conocimos).

Como planteamos esto sucedió en el año 2007 y prácticamente el mismo panorama lo podemos observar hoy con lo denunciado en los campos de la empresa Nidera, donde casi de casualidad se descubrió una práctica que más de un funcionario ha denunciado como "habitual". Tan "habitual" que sobran las denuncias y las estadísticas, pero faltan acciones concretas que desactiven esta otra forma de obtener ganancias extraordinarias esclavizando argentinos.

Pero más allá de todas las apreciaciones es central tener presente que no se trata de hechos aislados, sino que son parte de una larga cadena de sucesos que asoman como la punta de un iceberg. Sin irnos muy lejos a mediados de diciembre de 2010 nos enteramos -también con muy escasa difusión mediática- que en Entre Ríos el trabajo infantil es una práctica corriente en la recolección de arándanos, donde cientos de pibes no solo son obligados a trabajar junto a sus padres sino que además se les cambia la identidad para hacerlos pasar como mayores. Y unas semanas antes tuvimos el triste desenlace del caso del pibe Ezequiel Ferreyra quien falleció víctima de un cáncer que presuntamente provocado por la manipulación de agrotóxicos que debía hacer en una de las granjas avícolas de la empresa Nuestra Huella.

En cada uno de estos casos se hace evidente que el trabajo en negro o semi-esclavo son moneda corriente en las tareas rurales y por lo tanto los derechos de esos trabajadores y de sus familias son violados sistemáticamente gracias a una conjunción dramática entre la desidia de un estado ausente,  la ambición del capitalismo más salvaje y una burocracia sindical cómplice.

2 Comentan sin ponerse colorados:

Mariano T. dijo...

Eso es lo brillante de la soja( el trigo, o el girasol, o el maíz común). No necesita de esas cosas, ni hace falta explotar a nadie.
Solo hacen falta tractoristas. Que sean responsables y trabajadores, en blanco y ganando buena guita.
Y si no me equivoco, en el caso de Villa Valeria ese muchacho no conseguía trabajo.

La Runfla dijo...

Mariano: ¿qué muchacho? fueron siete niñas y una mujer. Eran familiares de trabajadores rurales en negro.