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25 febrero 2011

Colectora salomónica


La idea del intendente de Villa María y uno de los principales referentes del kirchnerismo cordobés, Eduardo Accastello, de presentar una colectora para la elecciones de octubre es hasta aquí un globo de ensayo que trata de levantar vuelo desde una postura, digamos, salomónica.

La colectora, vale aclararlo, sería solamente para la elección nacional, se haría bajo el paraguas de la personería del FpV y se expresaría a través de una lista que abarcaría hipotéticamente la mayor cantidad de sectores e individualidades K posible para terminar actuando como una vía de escape elegante de los mismos, sin perjudicar la candidatura a gobernador de De la Sota, y por supuesto bajo la conducción atenta del accastellismo que probablemente reservaría el lugar más expectante del tramo de diputados para alguien de su palo, rellenando el resto con diferentes figuras con "gancho".

La propuesta incluye un método de elección en asambleas, sin necesidad de afiliación (aunque si con la inscripción en un padrón previo), modalidad elegida seguramente para que nadie deba desafiliarse para participar en ella... dejando abierta la puerta para votar en otras internas, y tendería a que en cada ciudad del interior los candidatos locales puedan presentar su propia lista K para intendencias y comunas.

Claramente el proyecto de colectora así como le intenta dar una solución precaria a temas que son como estiletes políticos para ese espacio, deja varios huecos que lo llenan de agua.

- El primero y más evidente es la enorme heterogeneidad del sector, donde hay una variedad de enfoques muy generosa -para decirlo elegantemente- y donde las aspiraciones de muchos exceden por lejos su capacidad de movilización e incluso su conocimiento público. Visto desde afuera parece que va a ser muy difícil cerrar tanta diversidad de visiones en una sola papeleta.

- El segundo es que esa heterogeneidad se expresa en que hay en Córdoba dos mesas coordinadoras que dicen nuclear a los seguidores de Cristina. Por un lado están los que juegan abiertamente para participar de las internas del PJ e incluso empuja fuerte para agregarse a una hipotética lista de unidad que lance el partido. La otra mesa en cambio no banca votar a De la Sota y menos aún sumarse a una estructura donde aparte de tener gruesas diferencias, serían fumigados expeditivamentre por una ortodoxia que ya abortó la experiencia de la transversalidad y que ve en cada NO PJ un cuasienemigo o un potencial competidor desleal para los espacios electivos.

- El tercero es que la famosa Cuarta Lista en su variante solo nacional, explícitamente se abstiene de tener un posicionamiento provincial que trascienda lo testimonial, y en su afán por patear hacia adelante una realidad incómoda, terminaría con sus promotores parándose como prescindentes en una instancia electoral de quiebre en Córdoba. Esto en el fondo no es más que otra expresión de un viejo problema del kirchnersimo: la carencia de una propuesta política para la provincia que vaya más allá de adosar su destino al devenir de la conjunción conservadora (PJ + UCR) que ha gobernado estas pampas desde el regreso a la democracia hasta ahora.

- Y el cuarto punto flaco es que el futuro de cualquier armado como el que se propone para octubre va a estar altamente influenciado por el resultado previo que se dará en las elecciones a gobernador. La colectora, aunque pretenda desatarse de la realidad provincial no lo podrá hacer. De hecho su lanzamiento lleva implícita la desconfianza de una parte del PJ kirchnerista de que De la Sota, ganando o perdiendo, honre sus compromisos con la Rosada; pero además es bastante probable que un triunfo de Luis Juez transformaría a la Cuarta Lista en papel pintado ya que el impulso de una temprana victoria juecista movería el escenario nacional y una parte de aquello que muchos perciben como sólido se desvanecería en el aire.

Le guste a quien le guste y le disguste a quien le disguste, el kirchnerismo cordobés al plantarse desde la ausencia provincial, lo hace fundamentalmente para no obstruir el acuerdo que ya han cerrado De la Sota y Cristina, pero además es una confirmación más de que ese espacio no tiene capacidad de respuesta para la complejidad cordobesa, o mejor dicho, la que tiene no es otra que acompañar la gestión del PJ sin esbozar ni una tímida crítica y votar en la Legislatura provincial todas las leyes que Schiaretti necesita para cerrar sus negocios públicos.

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