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14 febrero 2011

Inflación importada

Va llegando a las bateas de la justificación un remixado argumento para explicar la inflación: "Argentina sufre los coletazos de la suba de precios internacionales y por lo tanto importa inflación".

Frente a esto no queda otra que preguntarse si la inflación importada es en algún aspecto mejor que la nacional. Hace décadas que somos productores privilegiados de procesos inflacionarios generados por manos y mentes argentinas, con una calidad que ha soportado la prueba del tiempo y el análisis concienzudo de varios Premios Nobel de economía.

Aunque nuestros políticos han tratado de vender la inflación bajo otros nombres comerciales menos agresivos, lo cierto que "distorsión" o "reacomodamientos" de precios, no han podido superar a nuestra vieja y -no tan- querida inflación que ha tenido tantos éxitos rutilantes en el pasado como en el presente, por lo que cuesta entender por qué debemos consumir una hecha en el extranjero.

No me cabe ninguna duda que quizás, y gracias a la tecnología de punta del primer mundo, un empresario chino pueda llegar a producir una inflación más barata que la local, pero no podemos olvidar los bajos salarios de la mano de obra que usan para hacerla y de que -como tantos otros productos traidos de oriente- es muy probable que se rompa y deje de funcionar apenas la lavemos una o dos veces.

Nuestra amada nación, productora de una infación noble, duradera, que nunca destiñe y de rico ADN, debe defender a cualquier costo la obra de generaciones de capitalistas y funcionarios nacidos aquí. Gente no muy honesta pero bastante emprendedora que ha invertido años de estudios y mercadotecnia para lograr que el lento desangre de nuestro poder adquisitivo adquiera el vuelo de un arte (maldito).

Eso si, sea de aquí o entre por la aduana, estoy convencido que el único plan que realmente le funciona bien a Cristina, Moreno y Boudou, es el mismo que jamás anunciaron en el Salón Blanco de la Casa Rosada: "Inflación para todos y todas".

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