Redes sociales

08 marzo 2011

La locura de Mariquita Sanchez

Mariquita Sánchez de Thompson
La locura ha sido siempre el estigma esgrimido contra aquellos hombres y mujeres que en algún momento se han levantado contra lo establecido, pero en el caso femenino, "loca" ha solido ser el adjetivo descalificativo por excelencia, desde el tiempo de la colonia hasta los días de la Dictadura, donde las Madres de Plaza de Mayo eran para los militares y sus seguidores las "locas de la plaza". Una de nuestras "locas" preferida es Mariquita Sánchez de Thompson y por eso quisimos extraer los siguientes párrafos de un trabajo de la historiadora María Clara Medina que habla sobre el tema desde una interesante perspectiva de género y clase:

"Sobre la pared de una de las celdas de la Casa de Ejercicios Espirituales en el barrio porteño de Constitución, se lee en una placa de bronce “Aquí estuvo recluída Mariquita Sánchez, por desobediencia a sus padres”. 

Se ha mencionado anteriormente que la “clausura”, como método de represión de las mujeres “fuera de toda razón”, era un procedimiento común en la sociedad colonial para el disciplinamiento y corrección de las mujeres díscolas, las esposas descarriadas y las muchachas rebeldes, como Mariquita por ejemplo, al mandato paterno.

Mariquita sufre las primeras acusaciones de pérdida de la razón cuando al cumplir 14 años, y de acuerdo a los usos de la época y de su clase social, su padre la compromete con un pariente del primer marido de su madre, Magdalena Trillo; esto, a pesar de la mala fama social del candidato y de que Mariquita anuncia su preferencia por su primo segundo, Martín Jacobo Thompson. En plena ceremonia de compromiso, Mariquita
denuncia ante el enviado del virrey la intención de su padre de casarla en contra de su voluntad y demanda judicialmente su derecho a ejercer su voluntad. 

Este proceso legal demorará tres años durante los cuales Mariquita será literalmente depositada en un convento para “dominio” de su voluntad, mientras Martín será confinado a una guarnición militar, primero en Montevideo y luego en Cádiz. El claustro religioso para las mujeres, el militar para los hombres: ambos espacio propios de la sociedad colonial para la represión de audacias o transgresiones y la redención de culpas sociales, según la terminología foucaultiana. 

Estas maniobras de encubrimiento de los sujetos con voluntad propia, refuerzan la íntima relación entre amor y locura, ambos estados emocionales y psíquicos entre la normativa y la marginalidad social.(...)

Uno de los objetivos principales de un Estado moderno y patriarcal es mantener bajo su control a aquellas mujeres que, por una u otra razón, han entrado en la esfera de lo político.

Como señala Yannick Ripa, la tendencia es que cualquier señal de rebelión femenina a los modelos políticos imperantes sea calificada como un acto de demencia, incluso en nuestros tiempos. Coerción y censura fueron siempre las prácticas terapéuticas más comunes en la esfera pública para silenciar la disidencia, en especial, la femenina. 

Lo curioso en el caso de Mariquita Sánchez es que la sociedad de su tiempo asumirá justamente su participación en la función pública y sus ideas políticas como consecuencias de su desequilibrio mental pero, al mismo tiempo, las considerará causas del mismo.¿Cuáles son, entonces, las obsesiones de esta mujer, imaginada por sus contemporáneos y contemporáneas como psíquicamente susceptible y al borde del abismo?

Como se ha mencionado anteriormente, Mariquita es amiga de la infancia de todos los grandes apellidos en la historia de la independencia argentina y esto legitima su posición privilegiada como interlocutora y confidente de los líderes políticos e intelectuales del nuevo país. Pero aunque, como destaca Gabriela Mizraje “a excepción de la hija, los verdaderos interlocutores de Mariquita son varones” no hay que olvidar que “sus principales desvelos son [las] mujeres”. 

A lo largo de toda su vida, las principales preocupaciones que se reflejarán en los escritos de Mariquita Sánchez son la libre elección de la pareja, la educación de la mujer y el modo de insertar al sexo femenino en el proceso revolucionario nacional.

Una vez más, el tema de la mujer se confundiría con el del crecimiento de esa patria nacida en mayo de 1810. En unos versos dedicados a una amiga, una anciana Mariquita describe la formación recibida por las niñas de su generación:

Nosotras sólo sabíamos
ir a oir misa y rezar
componer nuestros vestidos
y zurcir y remendar

Es, justamente, contra esta falta de educación para la vida pública y/o el trabajo asalariado de la mujer que Mariquita se rebela y argumenta en sus escritos."

Extraido de LOCA POR LA INDEPENDENCIA: GÉNERO Y RAZÓN ILUSTRADA EN MARIQUITA SÁNCHEZ HASTA SU EXILIO. Por María Clara Medina. Universidad de Gotemburgo - Suecia.

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