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08 marzo 2011

Más allá del té, las flores y la corrección política

La violencia contra las mujeres excede por mucho las noticias sobre violencia de género o las cámaras ocultas que descubren semanalmente decenas de chicas semi-esclavizadas en prostíbulos.

La falta de igualdad de derechos es mucho más que una noticia policial, o una mácula en la agenda de cierto feminismo descafeinado de salón, donde cada 8 de marzo hay té, flores, consignas de espanto y mucha corrección política.

Por debajo del show, de las luces, de los milagros y los pecados, otra realidad es tan tangible como las desmemorias de una fecha que endulzan los medios hasta el punto de olvidarse de que hoy es el Día de la Mujer... Trabajadora.

Aquellas a quienes se recuerda en esta fecha y que fueron quemadas vivas en una fábrica textil de Nueva York en 1908, repiten su dolor en cada mujer que hoy es incinerada con alcohol o thinner por personas que en algún momento dijeron amarlas y vueltas a asesinar cuando un periodista caracteriza su muerte como fruto de un "crimen pasional". Pero también la lucha de aquellas trabajadoras de la Fábrica Cotton tiene su correlato en el presente cuando en nuestro país el trabajo en negro y el tercerizado es mayoritariamente protagonizado por mujeres. De la misma forma las jubilaciones y salarios mínimos son cobrados principalmente por mujeres, porque su trabajo -sea de empleada o de ama de casa- es menos valorado socialmente que la labor masculina.

Y mientras funcionarios y funcionarias se llenan la boca sobre la igualdad de derechos o de lo mucho que hemos avanzado como sociedad sobre el tema por tener una presidenta, por abajo la prostitución, y su saga necesaria de tráfico de personas, continúa siendo una tentadora fuente de ingresos para policías, intendentes o jefes comunales que engrosan sus patrimonios haciendo la vista gorda o directamente regenteando burdeles en sus localidades.

Por todo esto hoy es un día para pensar que la llamada cuestión de género excede por mucho la tarea del INADI, o las miradas que nos invitan a ver la copa de la igualdad más o menos llena de acuerdo a los intereses de cada coyuntura, sino a darnos cuenta que las injusticias multiplican su impacto cuando se las terminan recubriendo con indiferencia o -peor- con la superficialidad de enunciados vacíos y festejos de anestesia y silenciamiento.

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