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14 mayo 2011

Vocación


De pibe él ya quería ser matarife. El olor de la carne fresca sobre el mostrador, el zumbido de la sierra, el filo estremecedor de los cuchillos lo llevaban a instalarse por horas a mirar como despiezaban con destreza una media res.

Jamás le regalaron una chaira y él se la tuvo que comprar de grande con el primer dinero que hizo como abogado, porque tuvo que estudiar leyes y alejarse de las picadoras, el osobuco y las heladeras, solo para cumplir con el mandato paterno de "ser alguien en la vida".

Ahora, ya convertido en un tipo de bastante éxito, su fascinación por las vaquillonas faenadas no ha decaído ni un ápice y es por eso, que a pesar de que se desempeña como Sub-Interventor de la Comisión Nacional de Comunicaciones (un área que nada tiene que ver ni con Comercio Interior ni con Liniers) , se toma su tiempo para treparse a los camiones del "Carne para Todos" y fotografiarse con los carniceros, haciendo lo que siempre quiso hacer: acodarse sobre un mármol blanco para chamuyarse a la vecina más coqueta del barrio.

Los malpensados que dicen que Ricardo Moreno quiere hacer campaña con este tema, son solo eso, malpensados, porque no saben que al final del día, el señor Sub-Interventor, junta un puñadito de aserrín de huesos de res y lo guarda en sus bolsillos para admirarlo cada noche llorando por los sueños incumplidos de la infancia.

Familiares y amigos de Ricardo lo acompañaron y le hicieron
el aguante al funcionario para cumplir su secreto anhelo

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