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22 junio 2011

El Carbó y el Cartón pintado

Hoy por la mañana nos desayunamos -literalmente- con la noticia de que en el histórico Colegio Carbó el cielo raso de varias aulas había cedido; por suerte eso sucedió en momentos donde no había pibes cursando.

El cielo raso era nuevo, ya que era parte de las últimas remodelaciones que los alumnos habían forzado a realizar -con su lucha del año pasado- a las autoridades, pero esos arreglos han sido hechos bajo la filosofía que guía a la actual administración: lavar la cara, poner lindas las cosas donde "se ven" y pasar de largo lo que hay por detrás.

Como una metáfora de la improvisación y el desapego a las normas básicas de la construcción en pos de guardar las apariencias, los encargados del progreso en las obras del Carbó decidieron que era más importante dejar las aulas vistosas antes que arreglar las chapas y el sistema de desagües de los techos que las cobijan. Como siempre se privilegió lo estético electoral por encima de lo estructural y las consecuencias -que potencialmente podrían haber sido peores- están a la vista.

No deja de poner la piel de gallina pensar que todavía hay personas que ponen por encima de su deber de funcionario público de proteger la vida y la integridad física de los ciudadanos (en este caso la vida de decenas de pibes de un colegio secundario que cursan en esas aulas), el interés mezquino de arreglar las cosas solamente para las cámaras de los medios. Lo peor es que tamaña negligencia había sido advertida por la Comisión que sigue el avance de las obras, advertencias que habían sido dejadas de lado en función de una rápida inauguración en octubre.

Como cartón pintado que cede, se decolora o se deforma ante las primeras humedades, las escenografía que monta Schiaretti para que De la Sota triunfe, no soporta ni siquiera una prueba benigna de la naturaleza, todo un síntoma de los tiempos en que vivimos.

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