Uno de los capítulos más escabrosos de las gestiones De la Sota y Schiaretti ha sido el de la deuda pública provincial. Durante años el mecanismo del endeudamiento fue utilizado asiduamente bajo el designio de la política noventista, o sea tomar deuda para pagar deuda vieja y gastos corrientes hasta convertir el trámite en una bola de nieve difícil de manejar.
A raíz de esta práctica el 2009 fue un año de zozobra y el 2010 se abrió con grandes interrogantes para los números de la administración provincial que hacía agua por varios agujeros y presentaba una angustiosa situación financiera. Afortunadamente, en el marco general de rescate, condonación y refinanciación de las deudas provinciales que asumió el gobierno nacional, Córdoba fue generosamente beneficiada al punto que el propio Schiaretti dijo que le habían sacado una soga del cuello.
La mano nacional fue ampliamente agradecida en principio por el gobierno cordobés y facilitó el idilio --fugaz, pero idilio al fin- entre la desaparecida Casa de las Tejas y la enrejada Casa Rosada. Con las arcas refrescadas y sin el peso de vencimientos cercanos sobrevolando la cabeza de los funcionarios, el gobierno cordobés decidió aprovechar el momento y lanzarse con alegría al carnaval de obra pública pre-electoral con la que no solo se han decorado tandas y publicidades oficiales sino que le sirvieron como excusa a los administradores salientes para tomar nueva deuda y agenciarse para si jugosos sobreprecios.
De esta forma sucedió lo siguiente:



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