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18 octubre 2011

Entre bueyes no hay cornadas


Uno de los principales problemas que distorsiona el mercado laboral en nuestro país es el trabajo en negro, cuyo porcentaje varía según quien lo calcule. Según el Indec sube y baja últimamente entre el 30 y el 32%, para la CTA supera el 40%. 

Sea como sea, aún los más empecinados defensores del modelo reconocen que allí hay un enorme talón de aquiles que -entre otras cosas- obstaculiza una más justa redistribución de la riqueza y el mejoramiento de las condiciones laborales. En cierta forma muchas veces pareciera que se tolera la informalidad laboral casi como un mal menor en un país donde la desocupación absoluta alcanzó el 25% hace unos pocos años.

Pero de la mano del trabajo en negro marcha también el trabajo precarizado, los contratos y los monotributistas, otras formas en que las patronales evaden el grueso de su obligaciones y, aprovechando el triste legado flexibilizador de los 90, ponen a los trabajadores como la principal variable de ajuste.

En este sentido no está mal recordar que desgraciadamente el propio estado, en sus distintas instancias ha legitimado estas herramientas laborales al utilizarlas hasta el hartazgo, de hecho en nuestra ciudad de Córdoba la propia municipalidad gestionada por el candidato a diputado kirchnerista y actual intendente Daniel Giacomino, ha hecho abuso del "monotributismo" vulnerando de manera asombrosamente impune el principio constitucional básico de "A igual trabajo, igual retribución".

De más está decir que la flexibilización no solo tiene como objetivo disminuir drásticamente los salarios y gastos derivados de las cargas patronales, sino también conseguir empleados/obreros más dóciles y permeables a mantenerse ajenos al reclamo.

Para lograr este último objetivo las patronales cuentan con el inestimable apoyo muchas dirigencias sindicales burocráticas, pero también del Ministerio de Trabajo nacional y de las secretarías de trabajo provinciales, que apelan a un llamativo laissez faire para proteger los intereses del capital en desmedro de los derechos de los laburantes.

No es casualidad entonces que la cantidad de trabajadores afiliados sea tan pequeña en relación a los trabajadores activos en blanco, y de la mano de eso se ha naturalizado el hecho de que más del 80% de los establecimientos laborales carezcan de representación gremial o delegados.

En Córdoba uno de los sindicatos que mejor se lleva con los patrones en este sentido es el AGEC (Comercio) conducido por el inefable Pablo Chacón, de excelente relación con José Manuel de la Sota y hombre plenamente identificado con el cristinismo. El, junto a uno de los empresarios más importantes de la provincia y referente ineludible del "kirchnerismo realmente existente", Euclides Bugliotti, decidieron ponerse por encima de la ley y reeditaron los viejos acuerdos que tenían cuando don Euclides dirigía el hipermercado Libertad, dejando a los empleados del Dino SIN DELEGADOS sindicales.

La mecánica utilizada para tal fin es harto conocida: los empleados se afilian al AGEC si lo desean, pero Comercio percibe si o si un porcentaje de "aportes" de todos los trabajadores (estén afiliados o no) a cambio el gremio desiste de llamar a asambleas y elecciones de delegados, e incluso llegado el caso de que existieran algunos "díscolos" que pretendieran hacer valer sus derechos, a los mismos se les niega el apoyo del AGEC.

Dado el poder y la cercanía de ambos actores con las autoridades nacionales y provinciales está claro que quien pierde es el trabajador de a pie, quien ve cercenada su libertad sindical (preso de un gremio que se niega a reconocerlo) y además ve evaporarse su derecho de luchar por condiciones de trabajo más justas y dignas.

1 Comentan sin ponerse colorados:

ex dijo...

Los felicito por el blog. Estoy muy de acuerdo con lo dicho sobre el trabajo en negro en este articulo. gracias por difundir