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16 enero 2012

Evasión a cielo abierto


Desde hace un largo tiempo prácticamente no hay mes donde no aparezca algún reclamo en contra de la minería que ha invadido distintas provincias del país de la mano de capitales mayoritariamente canadienses.

Naturalmente el malestar y las movilizaciones en contra de la industria se motorizan sobre su innegable impacto ambiental, el nivel de desechos y la toxicidad de los mismos; pero por otro lado es bueno recalcar que el modelo minero tiene en la Argentina una serie de facilidades fiscales y jurídicas que no solo minimizan lo que deben pagar las empresas sino que también ayudan en forma extrema a la evasión fical y el contrabando de nuestros recursos naturales.

Esta situación se ve favorecida desde el arranque mismo cuando las mineras solo deben presentar una declaración jurada en boca de mina como único comprobante de lo que han extraído. Inmediatamente después el mineral es sometido a un rudimentario proceso de limpieza y separación para pasar a fundirse y ponerse en lingotes. Esos primeros lingotes son enviados al exterior para culminar el proceso de refinado en los talleres del primer mundo ¿Por qué? ¿Será que la industria metalúrgica argentina no está preparada para llevara a cabo un proceso tan simple como la refinación? ¿O será porque en Canadá se podrá ver exactamente qué contienen los lingotes, evadiendo los controles que se pudieran hacer -y no se hacen- en el país?

Como es difícil pensar de que estemos tan atrasados como para no poder hacer una refinación, es probable que la última opción sea la más plausible, en especial porque el refinado SE DESCUENTA del canon final que reciben las provincias de donde se extrajo el mineral. O sea que por un lado se envía el material casi en bruto al exterior, sin otro control por parte de los estados (nacional y/o provinciales) que una simple declaración jurada, pero además el precio del proceso de refinado -que se hace en el exterior- es puesto por las mismas corporaciones sin otro respaldo -una vez más- que su palabra. Claramente aquí queda al descubierto una máquinaria puesta al servicio de la evasión y el saqueo, bajo el amparo de nuestras propias leyes y con la anuencia de nuestros propios funcionarios.

Por supuesto nada de esto nos debe extrañar ya que la ley nacional que regula la explotación minera data de la época de Menem, mientras que las provinciales se hicieron a la medida del capital, bajo la guía atenta de los lobbys empresariales, quienes lubricaron generosamente los engranajes necesarios. Lubricación que -dicho sea de paso- también sirve para trabar otra jurisprudencia, como por ejemplo la Ley Nacional de Glaciares, que duerme el sueño de los justos mientras los argentinos esperamos un atrasadísimo inventario de glaciares, que quizás llegue cuando ya no quede nada que inventariar.

Pero para comprender mejor de lo que estamos hablando solo hay que ver el ejemplo de Bajo La Alumbrera: 
Hace 15 meses fue presentada ante la Justicia Federal de Tucumán una denuncia sobre un ocultamiento de ganancias por más de 40.000 millones de dólares por parte de la firma Minera Alumbrera, en perjuicio del Estado nacional y de sus socios del Yacimiento Minero Aguas de Dionisio-YMAD (constituido por la Universidad Nacional de Tucumán y el Gobierno de Catamarca). Sin embargo, la causa, que está en manos del titular del Juzgado Federal Número 1, Daniel Bejas, sigue paralizada y no hubo un avance significativo en la investigación.

La demanda fue promovida por los geólogos tucumanos Guillermo Amílcar Vergara y Miguel Gianfrancisco, quienes mediante la realización de un estudio sobre metalogénesis llegaron a comprobar que Minera Alumbrera solamente declara, para su tributación, la exportación de oro, cobre y molibdeno, pero omite informar sobre la extracción y venta al exterior de importantes cantidades de una lista de casi 50 minerales de alto valor económico, entre ellos: escandio, titanio, cromo, cobalto, cesio y uranio. De acuerdo a la demanda de los profesionales, con la exportación no declarada de esos metales se estaría consumando una evasión de más 8.000 millones de dólares por año." (Ver nota completa aquí)

Al ver estas cosas no se puede dejar de pensar que la vieja película del coloniaje se sigue rodando aquí y ahora... pero claro, no es una película, es una realidad tangible a la cual podemos mirar para enfrentar hoy, o leerla en unos años cuando el saqueo esté consumado, los funcionarios enriquecidos e impunes, y las multinacionales -principales actores de este drama en desarrollo- en sus países de origen, contando sus ganancias y brindando sobre los despojos.

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