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11 febrero 2012

Joe The Miner

Dominguez -ahora sin casco- con otra estrella del universo oficialista minero: El Gobernador Gioja
Cuando Armando Dominguez asomó su oportuno casco en una reciente teleconferencia con la presidenta Cristina Kirchner y su imagen se difundió en directo a todo el país defendiendo la importancia de la explotación minera en el país, a nadie se le hubiese ocurrido que ese hombre representaría en las horas siguientes una de esas gaffes que el imaginario popular atesorará por mucho tiempo.

Es que Armando, a quien CFK se empeñó en llamar Antonio, lejos de ser un simple minero es en realidad un reconocido dirigente del PJ de Olavarría (al cual presidió en el 2009) y también un burócrata del sindicato minero con dilatada trayectoria dentro del mismo... tan dilatada que hace 25 años (según sus propios afiliados) que no pisa una cantera para trabajar. Sabemos que estos no son los tiempos de secretarios generales que como Agustín Tosco concurrían a sus puestos de trabajo, calzándose el overol y ensuciándose las manos al mismo tiempo que sus compañeros de sector; pero este caso particular también es muy indicativo sobre la forma en que se desenvuelve la burocracia sindical, pues Domínguez salió en defensa de la megaminería a la cual ya apoyó decididamente cuando, como interventor de AOMA, acompañó la presentación de la Barrick Gold en contra de varios artículos de la congelada Ley de Glaciares. (nota aquí) (Imagínense, es como si el director de TELAM hubiese apoyado la presentación judicial de Clarín en contra de la Ley de Medios.)

Todo esto no hace otra cosa que traer a la memoria aquel incidente cuasi cómico de Joe The Plumber (José el Plomero) quien se cruzó casualmente en plena campaña con Obama para cuestionarle su política impositiva. Su intervención fue tan publicitada que a él se hizo referencia en decenas de oportunidades durante el debate entre Obama y McCain. Lo curioso es que al poco tiempo salió a la luz que Joe no era tan "Plumber" ya que no estaba inscripto en ningún lado como tal ni tenía la licencia habilitante, la sospecha entonces fue creciendo y muchos aún sostienen que en realidad su aparición sorpresiva fue un astuto montaje de campaña coordinado por los republicanos y la cadena de noticias Fox.

Ahora en la Argentina nosotros tenemos a nuestro propio Joe, esta vez The Miner, un tipo que jamás trabajó en una mina metalífera (ha sido siempre empleado de fábricas de cemento); que es dirigente gremial y político, pero que se presentó frente a las cámaras como un simple trabajador como si estas condiciones suyas fueran vergonzantes o indignas de ser mostradas (lo cual es un típico pensamiento de derecha); un sujeto que también ocultó que su sindicato, estando él a la cabeza, acompañó judicialmente a la Barrick; y que encima dijo que los trabajadores no se meterían a trabajar jamás a un lugar peligroso... quizás hablando por él mismo desde el momento en que hace décadas que no está en contacto físico con el rudo trabajo en la cantera Loma Negra.

Este Dominguez es un personaje chiquitito, miserable, tanto como los otros que se preocupan en desmitificar o disminuir la gigantesca cantidad de explosivos que se usarán para demoler el cerro Famatina pero son incapaces de sacar la cuenta de cuantas balas de goma y policías serán necesarios para intentar quebrar el espíritu de lucha de los asambleistas y para poner en marcha la mina.

Montaje sobre montaje, este nuevo tropezón en lo que los especialistas llaman eufemísticamente la "política comunicacional del gobierno" solo sirve para mostrar las enormes falencias que tiene un sector importante del oficialismo para justificar lo injustificable:
- Tratar de "fundamentalistas" a quienes solo pretenden un medio ambiente digno para sus familias. 
- Tratar como discusiones separadas el tema de la contaminación por un lado y las enormes facilidades fiscales para la minería por otro, cuando claramente son parte del mismo asunto.
- Justificar la represión ateniéndose solamente a un falso legalismo extremo y acomodaticio que desconoce el derecho a manifestarse para reclamar frente a lo injusto de un sistema judicial o del modelo extractivista.
- Esquivar el debate de fondo cuestionando datos, organizaciones o echando en cara las supuestas omisiones (que no son tales) del adversario.
- Inventar obreros que no lo son, ponerles una cámara y dejar que bajen el discurso de las corporaciones mineras como si fuese el sentir del laburante.

Todas estas son pequeñas o grandes infamias que solo demuestran hasta qué punto el compromiso con el capital extranjero es más fuerte que la racionalidad o el interés de defender la soberanía y los recursos del país, empezando por el principal de todos: los propios ciudadanos argentinos.

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